Veintiocho meses
El modo en que se constituirá la oposición al presidente José Antonio Kast a partir de marzo dependerá muy poco de los cafecitos entre dirigentes y menos aún de la voluntad del Presidente Gabriel Boric, que ya perdió la oportunidad de materializar lo que no hizo durante cuatro años, convertir el eslogan de la “unidad de la izquierda” en una coalición. Dependerá más de las inercias históricas en cada grupo y, en una proporción muy relevante, de lo que haga el nuevo gobierno en los próximos 28 meses, el tiempo entre su asunción y las primarias para las elecciones municipales del 2028.
Las inercias prevalecerán, seguramente, en la coalición antes llamada Apruebo Dignidad, PC+FA. Desde luego en el PC, siempre preocupado con lo que impide que sus acciones sean irreversibles. El PC se puede dar por satisfecho de haber asentado la tesis de que la Concertación encabezó los peores gobiernos de la historia y de que su propia derrota política de 1988 -la del triunfo del No- en realidad fue una victoria ideológica. Por esto ya no patalean los socialistas ni los DC, y con eso basta. El Frente Amplio curará sus heridas a la sombra del PC y es más probable que se vaya radicalizando hacia una izquierda revolucionaria, como ya ocurrió con otras juventudes entusiastas del camino corto. ¿Y Boric? O se esfuma o lucha contra eso. Sin pronóstico.
La otra oposición será la que ha estado reuniendo al PPD, el PL, la DC, el PR y el FRVS, jirones que en conjunto forman un musculoso capital parlamentario, superior al del PS y al del PDG. A este grupo no ha querido sumarse el PS, tensionado una vez más entre un ala socialdemócrata y un ala ortodoxa, entre las que intenta maniobrar la presidenta, Paulina Vodanovic. El solo hecho de que deba hacer tal esfuerzo sugiere que, en cuanto actitud opositora, se impondrá con más frecuencia el ala ortodoxa.
Son muchos los dirigentes que piensan que el Socialismo Democrático será desde marzo, con más claridad que hasta ahora, un fantasma de apariciones ocasionales.
El fondo del problema es que una parte de los líderes advierten que en diciembre sufrieron una derrota histórica, mientras otros piensan que sólo fue un traspié que se superará en cuatro años. El mismo razonamiento se viene repitiendo desde el 2010.
Aquel año, la izquierda sintió que había sucedido algo inaceptable: perdió a manos de Sebastián Piñera, a pesar de estar segura de representar a la mayoría. La solución sería más izquierda, como pensó Michelle Bachelet para el 2014; más izquierda, menos centro; entra el PC, se prepara la jibarización de la DC.
Y ocurrió que después volvió a ganar Piñera: inaceptable, otra vez. La izquierda entendió que seguía teniendo razón cuando estalló la asonada de octubre del 2019. Entendió que la mayoría volvía a hablarle, esta vez con la violencia. Nunca vio la dimensión anarquizante, contraria a toda la política, contraelitista, antiinstitucional, que movía a los asistentes a la Plaza Italia. ¿Respuesta? Más izquierda.
Entre tanto, esa misma izquierda no parece haber registrado el hecho de que su sensación de mayoría se sostenía sobre un truco: el voto voluntario, que reducía a los votantes a su franja militante, elitista y minoritaria. Por lo tanto, de nuevo, más izquierda: Boric contra Jadue y luego Boric contra rivales sin la menor chance y luego contra Kast, que con ese padrón difícilmente podía ganar.
Y en ese punto vino el voto obligatorio, que se expresó brutalmente con el rechazo al producto de la Convención Constitucional. Ese resultado debió ser motivo de análisis, pero eso es lo que nunca hacen los partidos chilenos. Todos.
¿Conclusión? Más izquierda, otra vez, ahora en una primaria en que hasta la candidata de la moderación, Carolina Tohá, adoptó un tono de línea dura y fue derrotada por el original, como suele ocurrirles a las imitaciones. El resto es lo que pasó en las presidenciales de diciembre, con siete millones de electores que votaron por Kast, fenómeno que se produce en simultáneo con la reunión de todas las derechas, tan difícil como la reunión de todas las izquierdas. Esto mismo está ocurriendo en Europa; la izquierda local se mira el ombligo.
Y entonces, ¿cómo serán las oposiciones? Si recuerda los compromisos de campaña de Jeannette Jara, el mundo de Kast puede identificar áreas donde parece haber acuerdos nacionales: seguridad, inmigración, permisología, inversión extranjera, listas de espera en salud, contención del gasto público (menos el PC) y algunas cosas más.
Si opta por proyectos moderados y eficaces en estos campos, probablemente fortalecerá la presencia del espectro llamado Socialismo Democrático en el Congreso. Por el contrario, si opta por el desafío, las recriminaciones y los proyectos simbólicos, fortalecerá al eje hegemonizado por el PC.
Por supuesto, nada es tan simple y mucho depende del equipo político del gobierno, que está en manos de dos de las personas más experimentadas de la derecha, aunque también de una vocera inexperta que estuvo a punto de armar un lío con otra ministra. ¿Cómo pedir finura en estos pasos?
Este equipo dispone de 28 meses sin elecciones, en los que la nueva oposición estará buscando las señales del gobierno. Veintiocho meses, bastante tiempo y poco tiempo.
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