Javier Ruiz Tagle

Javier Ruiz Tagle

Profesor Asistente, Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales (IEUT, PUC)

Opinión

Viviendas sociales en Rotonda Atenas: entre la discriminación y la ambición mediática

Proyecto de edificio social en el sector de la Rotonda Atenas.

Esta columna fue escrita junto a Gricel Labbé, Hernán Marín, Candela Arellano y Martín Álvarez, Equipo Proyecto Marginalidad Urbana y Efectos Institucionales (www.proyectomuei.com).

No es primera vez que se manifiestan vecinos en contra de viviendas sociales en barrios de clase-media y alta, como ocurre ahora con el anuncio del proyecto en Rotonda Atenas. El mismo escenario se evidenció hace algunos años en Peñalolén, y también en Maipú, y ocurre básicamente por ‘pánico social’: hay quienes no están acostumbrados a vivir cerca de los pobres. De hecho, se podría decir todo lo contrario: muchos viven en Las Condes -en buena medida- para estar lejos de ellos. Sin embargo, existen viviendas sociales en Colón Oriente y se han estado construyendo desde los 90s hasta ahora sin que los vecinos de altos ingresos de ese sector manifiesten opiniones tan radicales como los de Rotonda Atenas, quizás porque ya han tenido la experiencia de vivir cerca de los pobres. Los alegatos de los vecinos de Rotonda Atenas son bastante incongruentes, por lo demás. No quieren aparecer como discriminadores, entonces hablan de la posible pérdida de valor de sus propiedades, del sobre-poblamiento, de la congestión, y de la altura de los edificios. Al respecto, vale la pena discutir sus argumentos principales.

Primero, ¿es verdad que los conjuntos de vivienda social bajan la plusvalía del entorno? Esto es un mito sin ningún sustento empírico ya que diversos estudios, en muchos países del mundo, señalan que no existe tal efecto. Además, el municipio de Las Condes no se va a arriesgar a construir un conjunto de mala calidad, por las ambiciones mediáticas que han mostrado y por la presión de los vecinos descontentos. Lo más probable es que dicho conjunto sea de primera línea.  La vivienda social en Chile ha mejorado muchísimo en superficie y calidad, y un segmento importante de la vivienda de mercado ha recorrido una trayectoria diametralmente opuesta. Por ejemplo, en Estación Central se está construyendo vivienda social con departamentos de 62 m2, mientras que los departamentos de ‘mega-edificios’ (o ‘guetos verticales’) de esa misma comuna, no superan los 35 m2. Volviendo a Las Condes, la experiencia de “Las Condesas” en Colón Oriente, demuestra que no existe tal baja en las plusvalías. Según datos del Conservador de Bienes Raíces de 2016, dichos departamentos se tranzaron entre 1500 y 2500 UF, valor similar a un departamento en Santiago Centro. Por otro lado, tampoco existe un efecto significativo en el vecindario. Según datos de la consultora Mi Entorno, en el sector se tranzaron 85 propiedades con valores promedios sobre 5600 UF, lo cual es coincidente con los valores de otros sectores de Las Condes e incluso de Vitacura.

Segundo, ¿el proyecto de la Rotonda Atenas está trayendo demasiada densidad y sobre-poblamiento? Esto podría ser verdad, pero es muy cuestionable que sean los vecinos del sector los que se levanten contra esto. Hasta donde sabemos, dichos vecinos nunca alzaron la voz cuando se construyeron gigantescos edificios en altura en esos mismos barrios.

Tercero, ¿es verdad que se les está regalando la vivienda a algunos, que van a vivir al lado de otros, que con mucho esfuerzo han adquirido su vivienda? En este país nada se les regala a los pobres. La vivienda social es un lucrativo negocio, que implica largos años de endeudamiento para las familias. Además, en el proyecto de Rotonda Atenas el 40% de los subsidios se dirigirá a los más vulnerables, pero el 60% irá para habitantes de clase media. Y esto plantea un dilema para el problema del déficit habitacional: en proyectos ‘de integración’ la cantidad de habitantes pobres se reduce a más de la mitad. En otras palabras, se hacen mejores conjuntos, pero se construye menos vivienda.

Cuarto ¿solo en los barrios pobres hay delincuencia? Aquí hay información muy mal manejada. Según las estadísticas de las policías de Chile, la mayor cantidad de robos se dan en el barrio alto, por lo tanto tiene muy poco sustento señalar que traer más pobres traería más inseguridad. Y por último, ¿solo la gente de barrios pobres roba? Esto, además de ser mentira, esconde más de la mitad de la realidad. Por ejemplo, la Asociación de Administradores de Edificios de Chile tiene certeza de muchos casos de edificios de clase media y media-alta en donde hay más robos entre los mismos vecinos que desde gente de afuera. Y si de cumplir la ley se trata, también mucha gente del barrio alto se queda atrás. Conocidas son las cajas de “solo factura” en los supermercados de dichas zonas, en donde numerosos vecinos pagan el pan de su casa y los pañales de sus hijos a nombre de su empresa, pidiendo factura, y ahorrándose el IVA. En cambio, fuera de estas comunas, rara vez se encuentran cajas para facturas. Y si de generalizar sobre delincuentes famosos se trata, cabría al menos preguntarse en qué comunas viven los Julio Ponce Lerou, Carlos Alberto Délano, Carlos Eugenio Lavín, etc.

Ahora bien, para el municipio la instalación de viviendas sociales en este lugar es un arma de doble filo. Por el lado financiero, su costo es bastante elevado, y excede lo que entrega el Ministerio de Vivienda a través de subsidios e implica no recibir ingresos por contribuciones porque las viviendas sociales están exentas. El lado político es más simbólico y más atractivo; construir viviendas sociales en Las Condes es ante todo una gran jugada política, más allá de toda racionalidad financiera. Desde la Dictadura, pasando por la Concertación y ahora la Derecha, el Minvu no ha logrado localizar viviendas sociales en barrios de altos ingresos. Sin duda este podría ser un hito que lograría posicionar y dar visibilidad al municipio y al gobierno central, otorgándoles un manto progresista. A nivel de política local, el municipio apuesta a juego muy delicado. Al entregar vivienda a sus habitantes más pobres, que viven de allegados en Colón Oriente, podría perder el apoyo político-electoral de los habitantes de Rotonda Atenas que probablemente no volverán a votar por la administración actual.

En Chile tenemos una larga historia de segregación residencial que partió en la época colonial, apartando a españoles y criollos de los mestizos, nativos y esclavos africanos. Más tarde se establecieron límites entre la ciudad ‘bárbara’ y la ciudad ‘civilizada’, y luego con distintos planes y erradicaciones forzosas se ha logrado mantener a la elite separada de la masa popular, con solo algunas excepciones. En los últimos 40 años esto se ha intensificado con la política masiva de vivienda social, y con la construcción cada vez más exclusiva y excluyente de viviendas para las clases altas. Y al vivir en una sociedad en donde las desigualdades crecen día a día, y en donde la diferenciación social se plantea como un fin en sí mismo, no es raro que aparezcan grupos que quieren defender sus intereses, su integridad socialmente homogénea, y el valor de sus propiedades. Uno de los casos más extremos fue el de Hermita San Antonio en Lo Barnechea, donde incluso se construyó un muro para dividir un proyecto de vivienda social de las viviendas acomodadas que quedaban al frente.

No obstante todo lo anterior, la idea de que los barrios mixtos puedan ser beneficiosos es bastante discutible. Para muchos académicos, funcionarios y políticos, la mezcla social por sí sola produciría un sinnúmero de beneficios que podrían revertir los problemas de la concentración de la pobreza. Se habla de una nueva geografía de oportunidades, de modelos ejemplares de comportamiento, de control social, de redes sociales, etc. Sin embargo, la evidencia internacional ha mostrado que ninguna de estas promesas se ha cumplido a cabalidad, que los pobres continúan siendo pobres y, además, muchas veces se les desconecta de sus redes anteriores, y se les somete a un sistema de control comunitario donde deben acatar las normas sociales y morales de las clases medias y altas. En otras palabras, no se puede pretender arreglar un problema social complejo con soluciones ‘de ladrillo y mortero’.

La segregación residencial se basa en las desigualdades y diferenciaciones que tiene cada sociedad, y si eso no cambia a nivel país, difícilmente cambie por un proyecto de vivienda social. Además, la segregación de personas está muy influida por lo que pase con la segregación de recursos, oportunidades y servicios en la ciudad. Si éstos son de mala calidad en zonas de habitantes pobres, no hay ningún incentivo para que habitantes de mayor nivel socioeconómico se vayan a vivir allí. En cambio, si la calidad de oportunidades y servicios mejorara significativamente, no se necesitaría hacer proyectos de mezcla social forzosa, sino que bastaría con hacer más atractiva, justa y equitativa la ciudad, en todas sus esquinas y barrios. En otras palabras, se trata de mover ‘los-recursos-a-las-personas’, en vez de ‘las-personas-a-los-recursos’.

Es importante bajar las expectativas respecto de lo que se puede lograr con la mezcla social. Si bien no se pueden lograr grandes maravillas, como plantean los mencionados discursos, por lo menos los habitantes pobres de Las Condes (en este caso) podrán tener acceso a la vivienda en la comuna en donde siempre han vivido, y evitar ser relegados a la ‘extra-periferia’ de Lampa, Talagante o El Monte, entre otros, donde se han estado construyendo gran parte de las viviendas sociales en los últimos años. Pero en definitiva, frente a la falta de una política de Estado que disponga de bancos de suelo para la construcción de viviendas sociales en lugares centrales y peri-centrales, su acceso depende del voluntarismo, o de la iniciativa particular y la ambición mediática de una determinada administración municipal, que en este caso tiene los recursos suficientes para llevarla a cabo.

 

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