Voto obligatorio ya



Por Soledad Alvear, abogada

Según los datos oficiales en el plebiscito de 1988 participaron más del 97% de las personas habilitadas para votar. Cifras similares se dieron en las elecciones presidenciales de 1989. Existía inscripción voluntaria y voto obligatorio, aun así, la inscripción cubría más del 90% de las personas en condiciones de sufragar. Con el tiempo, la inscripción en los registros electorales comenzó a bajar sostenidamente, por lo que un gran número de personas dejaron de participar en los procesos electorales.

Para hacer frente a esta situación, se planteó transitar a un sistema de inscripción automática y voto voluntario. Con ello se pensaba se podría motivar a mucha más gente a votar que no lo hacía por no estar inscrita. La reforma fue aprobada el 2009 y en la primera elección con la nueva reforma el 2012, la participación electoral bajó a un 43,95 %, llegando en el año 2016 a 34,9%, subiendo a un 50,9% en el plebiscito del año pasado, para volver a bajar a un 43,41% en las elecciones llevadas a cabo hace pocas semanas. No puede ser que el 2021, con un total de 14 millones 900 mil personas habilitadas para votar, solo voten 6 millones y medio, un número incluso menor de las que votaban hace más de 30 años.

La participación en elecciones periódicas es la savia que nutre el árbol de la democracia. Mientras menos gente vota, el sistema democrático pierde legitimidad y se debilita. Es por ello que constituye un imperativo político y ético para los demócratas luchar por la reposición del voto obligatorio. Ello es coherente con la concepción que tal como todas y todos tenemos derechos que deben ser promovidos y respetados, también tenemos obligaciones con la comunidad de la que formamos parte y la principal obligación en el ámbito político es participar en las elecciones para definir los destinos de nuestro país, región o comuna. Si la oferta electoral de los candidatos no interpreta al elector, tiene siempre la posibilidad de votar en blanco o incluso de anular su voto, pero lo que no puede permitirse es que no participe en las decisiones que afectan directamente a su comunidad.

Por cierto que la reposición del voto obligatorio, que debe hacerse desde ya, es el primer paso en estimular la participación electoral. Luego deberá complementarse con mucha educación cívica y con nuevos mecanismos de participación para recoger el sentir de los ciudadanos y que ellos se entiendan como protagonistas de su propio destino. Del mismo modo deberá facilitarse la participación electoral permitiendo que los ciudadanos puedan votar en los locales más cercanos a su vivienda y también en proveer de transporte público eficiente y gratuito para los días de votación.

Nos alegramos que la reforma constitucional que repone el voto obligatorio haya sido aprobada en general en la Cámara de Diputados. Es impostergable que se apruebe en el Congreso a la brevedad posible, sea promulgada, publicada y entre en vigor con la mayor prontitud. La salud de nuestra democracia la reclama.

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