Vuelta de mano



Por Max Colodro, filósofo y analista político

La violencia es una criatura que siempre vuelve sobre sus pasos, para terminar dañando a quienes la promueven. Por lo general, el procedimiento que se usa para normalizarla es simple; la mejor manera de justificarla es explicándola, intentando dar cuenta de sus eventuales causas. Luego, la derivada es inevitable: ya que todo posee al menos una causa, el mejor recurso para no condenar esa violencia que se considera útil o necesaria, es situarla en un contexto. Si es contingente, sirve; si es “estructural e histórico”, mejor.

Lo ocurrido el viernes a Gabriel Boric en su visita a los denominados “presos de la revuelta” es de antología: agredido por aquellos a los que defiende y que ahora lo acusan a él de usarlos con un fin político. La reacción de los presos y sus familiares tiene un antecedente importante: el ex candidato presidencial del PC -Daniel Jadue- acusó hace unos días a Boric de ser uno de los responsables de que los presos del estallido sigan tras las rejas. Es decir, entre los culpables de estos encarcelamientos estaría el candidato presidencial que el PC respalda en la actualidad. Insólito.

Uno de los voceros de la Lista del Pueblo fue categórico: la agresión al diputado Boric fue “consecuencia de sus propios actos”. En las redes sociales dicho colectivo subió además una fotografía donde se hace referencia al actual candidato presidencial de Apruebo Dignidad con la sugerente frase “sangre x sangre”. Y sí, es la misma Lista del Pueblo que tiene a su gente sentada a solo metros de los integrantes del FA en la Convención Constitucional. O sea, en pocas horas volverán a mirarse a la cara, quizá hasta busquen acuerdos en algunas materias relevantes, a pesar de la opinión que los primeros tienen del candidato presidencial de los segundos. Porque, así funcionan las cosas cuando al final todos coinciden en que hay “contextos” que hacen de la violencia algo necesario.

Resulta fácil y gratis salir ahora a condenar la agresión a Gabriel Boric, después que se ha minimizado, relativizado y contextualizado la violencia y la destrucción vivida en Chile desde el estallido social. La ironía es que esa violencia ahora se usa para destruir la imagen y la integridad del candidato presidencial del FA y el PC, el que está siendo defenestrado por los mismos sectores que ellos han defendido y justificado en todo este tiempo. La violencia se vuelve hacia sus apologistas, que quedan finalmente inermes, atrapados y sin autoridad moral para condenarla. ¿Por qué ahora?, ¿por qué esta vez?

Inexorablemente, la hoja de la guillotina terminó cayendo sobre el cuello de Robespierre. Es el sino eterno de los justificadores de la violencia, de los promotores del fanatismo y la intolerancia. El no haber puesto ningún límite, el haber justificado o guardado silencio frente a cualquier cosa, ahora le pasa la cuenta al FA y al PC. Hoy es su candidato presidencial el que se convierte en un símbolo de todo aquello que los violentos desprecian.

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