”Yo no voy a traicionar”

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SEÑOR DIRECTOR:

“Nooo (sic), imposible, demasiado difícil. Yo no voy a traicionar”. Fue la elocuente respuesta de Alfredo Joignant a la pregunta de Daniel Hopenhayn: “¿tú podrías terminar votando Rechazo?”. Es una frase impactante, del mayor interés en la extensa entrevista publicada en La Tercera Domingo por lo que simboliza más allá de su significado literal.

Quiero creer que se trata de un grueso error del cientista político, cuyas opiniones suelen denotar habitualmente un fino nivel de análisis. No fue este el caso. Votar Rechazo por un texto constitucional que, por ejemplo, pudiere incrementar el riesgo del autoritarismo en Chile no podría constituir una traición en ningún sentido, sino que todo lo contrario. Sería un acto de lealtad para con la democracia que tanto costó recuperar después de 17 años de dictadura. Asimismo, si el elector estimara que la propuesta podría implicar un freno para el desarrollo sustentable del país, sería leal con las generaciones que sucederán a la actual, que ha gozado de altos niveles de desarrollo humano, uno que también se merecen sus sucesores.

Lo cierto es que la sola idea que una de las opciones del próximo plebiscito pueda constituirse en una traición no resiste el menor análisis. Es una clara manifestación de las tendencias que dominan actualmente en el mundo, de considerar que las opiniones contrarias deben ser canceladas y no apreciadas en su propio mérito.

Claudio Hohmann

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