Alta costura a palillos

Referente ineludible de la moda chilena de los años setenta con su tienda Point, la diseñadora María Inés Solimano (83) sigue dando vida a cotizadas mantas de alpaca y vestidos de novia que confecciona como si fueran trajes de alta costura, pero tejidos a palillos.




Paula 1143. Sábado 15 de marzo de 2014.

Referente ineludible de la moda chilena de los años setenta con su tienda Point, la diseñadora María Inés Solimano (83) sigue dando vida a cotizadas mantas de alpaca y vestidos de novia que confecciona como si fueran trajes de alta costura, pero tejidos a palillos.

En sus años de oro las colecciones de la tienda Point causaban furor, sobre todo los vestidos de algodón bambula que María Inés Solimano teñía a mano. "Pero cosa que hacía, me la copiaban", asegura. "Por eso me quedé con el tejido. Es lo único que nunca me han podido copiar bien, porque requiere de demasiado trabajo y paciencia", comenta.

Con su tienda Point, por entonces ubicada en Providencia con Pedro de Valdivia, en los 70 María Inés Solimano se convirtió en un referente del vestuario femenino nacional. Hoy, con 83 años, sigue vigente en su taller que funciona en una antigua casona del Barrio Bellavista donde vive desde 1981. Aunque con un movimiento menor que el de antaño, todas las semanas llegan clientas a pedirle sus vestidos tejidos en hilo de seda y hechos a palillos. De apariencia sencilla y artesanal, pero de prolijas terminaciones, por ellos cobra desde 500 mil pesos. "Podría cobrar más porque mis clientas pueden pagar. Pero cobro simplemente lo que cuesta. Mi tejedoras tardan un mes en hacer cada vestido. Mitad es para ellas, el resto es para mí. No me voy a hacer rica, pero no me importa porque me gusta la vida sencilla".

Solimano partió de forma autodidacta a los 40 años, seis antes de enviudar del destacado periodista Luis Hernández Parker y cuando la etiqueta Hecho en Chile era garantía de máxima calidad y las revistas se peleaban por publicar sus colecciones. En su taller guarda esos registros, donde abundan recortes de Paula. Contactar al fono 2777 7257.

Su sistema de trabajo es el mismo con el que partió en 1969, cuando después de vitrinear en la feria artesanal de Tongoy les encargó 15 vestidos diseñados por ella a tejedoras de la feria. Esas mismas mujeres –a las que se han sumado hijas y nietas– son las que tejen a palillos y con hilo de seda los vestidos que ella crea tomando como referencia los quince modelos que conserva en su taller. Sus tejedoras entienden sus códigos: saben a qué se refiere cuando les pide el punto zigzag, concha de pluma o machu picchu, porque los inventaron juntas. Con ellas también ha sorteado las crisis que ha vivido en sus más de 40 años de carrera, como cuando parte de su clientela se fue al exilio después del Golpe de Estado y cuando sus ventas cayeron al suelo con la llegada de las tiendas por departamento y las tarjetas de crédito en los 80. Hoy, muchas veces sus tejedoras le confiesan que rezan para que no se muera. Y entre risas ella les responde: "Si sigo así voy a llegar a los 200 años".

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