Querida Dani,

3.2




Hoy tengo 33 años, pero hace 12 que no estás conmigo. Nunca te he olvidado y nunca lo haré, aunque me cause angustia, nostalgia y ganas de regresar en el tiempo. A veces siento que necesito escucharte. Que necesito tener 21 años de nuevo y vivir la vida con inocencia y esa ilusión que sólo sentí entonces.

Estábamos en Valle del Elqui cuando recibimos el llamado. Nos dijeron que habías tenido un accidente y que probablemente te iban a tener que operar las caderas. Te había atropellado una micro afuera de la Clínica de Reñaca, cruzando el paso de cebra. El conductor iba con su hijo en la falda y no te vio.

Aunque nos preocupamos, pensamos que podríamos ir a verte a la clínica apenas volviéramos para ayudarte con tu recuperación. Hablamos de llevarte las calugas que tanto te gustaban.

A las cinco de la mañana, nos despertaron con la noticia de que habías muerto. No recuerdo mucho ese momento, más allá de que miramos la carpa por un largo rato y nos fuimos caminando solo con nuestra mochila y la billetera. La carpa, la ropa y todo el resto de las cosas quedaron abandonadas. A veces pienso en lo que dejamos en Valle del Elqui. Creo que esas cosas representan nuestras ilusiones de niñas, nuestros sueños. Nuestra inocencia. Porque ese día dejé atrás también la vida maravillosa que viví contigo. De alguna forma, siento que algo en mí se murió.

Cuando volvimos a Viña, insistimos en que queríamos prepararte: vestirte, maquillarte y arreglarte. Nos advirtieron que te verías muy distinta, que no serías la Dani que conocíamos, pero cuando logramos entrar a verte estabas igual, solo tenías un rasguño en la cara. Eras tú, la de siempre, durmiendo. Hermosa y en paz. Te di un beso en tu mejilla helada. Ese beso frío no lo voy a olvidar jamás. Ahí te dije: "chao amiga, hasta pronto".

La última noche que pasamos juntas para mí es inolvidable. Bailamos, nos reímos, saltamos y gritamos como unas locas. Nos queríamos devorar el mundo. Tú eras la intensidad echa persona. Al día siguiente, nos abrazamos y me dijiste que te llamara cuando volviera de mi viaje. Fueron las últimas palabras que me dirigiste.

Después de enterrarte, no te vi más. Quienes te amamos tuvimos que aprender a convivir en el mundo con la mitad del corazón afuera. Dejé de ser amiga de mis amigas y las cosas que me gustaban perdieron interés. Con el tiempo el dolor se enmudeció hasta convertirse en costumbre.

¿Te imaginas quién serías con 33 años? ¿Dónde estarías? ¿Qué sueños habrías cumplido? Sé que seguiríamos siendo amigas y que hablaríamos del teatro, del amor y de la vida, como siempre lo hacíamos. Pienso que mi vida también sería muy distinta. Tu muerte me quebró, pero con el tiempo siento que he podido rearmarme. La amenaza de la vida me hizo vivir intensamente, con más profundidad.

Aprendí de tus intensidades y tus impulsos. Eras apasionada, hacías lo que querías sin preguntarle a nadie. Un verdadero torbellino. Te jugabas el todo por el todo, sin desperdiciar ningún minuto de tu vida. Amabas con todo tu corazón y por eso muchas veces sufriste, pero creo que fue parte de vivir los 21 años a concho.

Recuerdo que una vez dijiste que a tu funeral no iría nadie, porque solo tenías tres amigas. Pero cuando te moriste llegaron por lo menos doscientas personas. Los del velatorio pensaban que se había muerto alguien famoso, porque no cabíamos en la iglesia. Aparecieron todos los ex pololos, los compañeros de curso, de la universidad. Y nos dimos cuenta de que tenías algo que te llevaba a vivir tan intensamente; eras una especie de imán para la gente. Nada era medias contigo.

Aún escucho tu voz y tu risa.

El tiempo no te ha tocado.

Camila Rojas Colina (33) es actriz. Con Daniela se conocieron en marzo de 2000 en el colegio, y la última vez que se vieron fue el 26 de diciembre de 2007.

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