Compartir el trabajo doméstico

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Sus rutinas no saben de pausas, de horas de almuerzo o de fin de la jornada. Son mujeres que trabajan desde que empieza el día hasta que, por fin, pueden irse a la cama. Pero como sus labores son destinados al hogar, la crianza y el cuidado, el sistema las categoriza dentro de la población inactiva o desempleada. Y aunque más de un 37% no pueda acceder a un trabajo remunerado por razones familiares, aún no existe alguna una ley que las represente, que las haga sentir parte.

En Chile, a diferencia de países desarrollados como Canadá, Noruega y Suecia, las políticas de cuidado han estado enfocadas en la protección de la maternidad y no de la igualdad. El proyecto de Sala de cuna universal, el Postnatal Parental (que propone la opción, pero no la obligación, de los padres para hacerse cargo) y el Programa 4 a 7 trabaja tranquila, son algunos ejemplos.

Para la coordinadora de Inclusión y Género de la facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, Carla Rojas, estas iniciativas no resuelven nada, ya que no apelan a la corresponsabilidad. "Falta entender que hay que barrer con los sesgos y estereotipos de género presentes. En Chile no ha habido un trabajo de fondo; muy por el contrario, se sigue apuntando hacia la mujer, provocando que ellas se sientan con el deber de ejercer ciertas funciones que deberían ser tanto femeninas como masculinas", explica.

Para la experta, derribar la educación sexista sería la puerta para generar un verdadero cambio. "Los niños, desde la básica, deberían entender que las lógicas patriarcales y binarias están erradas. Si esto no pasa, seguiremos creando una sociedad desinformada en género, en donde el trabajo doméstico sea ejercido solo por ellas. Y peor aún, una carga extra no valorada".

6,07 horas diarias dedican las mujeres al trabajo no remunerado en la semana versus las 2,74 horas que le dedican los hombres.

De qué estamos hablando

La CEPAL define al trabajo no remunerado como las actividades productivas de los hogares vinculadas a la prestación de servicios para los propios miembros de la familia, para otras casas o para la comunidad.

Trabajo doméstico: preparar y servir comida, limpieza de la vivienda, cuidado de la ropa y calzado, mantenimiento y reparaciones menores para el propio hogar, administración de la casa, compras, cuidado de mascotas y plantas.

Trabajo de cuidado: a miembros de la familia (los que se agrupan según tres rangos de edad) y a aquellos con alguna discapacidad o dependencia permanente

Trabajo para otros hogares: para la comunidad, voluntarios e instituciones sin fines de lucro.

4 de cada 10 mujeres que están fuera de la fuerza de trabajo se encuentran en esta situación por razones familiares permanentes.

En qué se ha avanzado

En marzo de este año la diputada del Frente Amplio Gael Yeomans presentó un proyecto de ley con el fin de brindarles reconocimiento a las mujeres dedicadas al trabajo doméstico y cuidados. "Esta idea surgió luego del puerta a puerta que hice en el distrito al que represento (El Bosque, La Cisterna, Lo Espejo, Pedro Aguirre Cerda, San Miguel, San Ramón), ya que muchas de las vecinas que conocí me señalaron que no podrían ir a votar porque tenían que cuidar a algún familiar y debían quedarse encerradas en sus casas", cuenta.

A raíz de esto, su propuesta consistió en modificar la Carta Fundamental para que incluya, dentro de las categorías constitucionales, el trabajo doméstico y de cuidados como una actividad económica que crea valor agregado, produce riqueza y bienestar social, con el fin de que el Estado promueva un régimen laboral que permita compatibilizar este tipo de trabajo. "Los parlamentarios no podemos presentar leyes que irroguen gasto público; sin embargo, creemos que este reconocimiento permitirá abordar esta temática en cada una de sus aristas: pensiones, salud, educación. La idea es poder avanzar en corresponsabilidad, no solo de padres y madres, sino que también de un Estado que se haga cargo", concluye.

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