En defensa del ocio

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En tiempos de cuarentena, la pregunta de qué hacer mientras te encuentras en la casa adquiere importancia. Y más si tienes hijas e hijos. Pero ojo, que mirar la pared, deambular buscando algo entretenido que hacer e inventar juegos a partir de la nada son una buena opción. Los especialistas señalan que el ocio, e incluso el aburrimiento, se vinculan con la creatividad y la autonomía. Especialmente, en épocas de exceso de pantallas y sobreagendamiento de actividades, se alzan las banderas para devolverles el tiempo libre a los niños.

"Me ha tocado ver cada vez más niños con sus agendas casi 100% llenas. Después del colegio se van al after school, a clases de natación, de inglés, de algún instrumento. Evidentemente, esto se condice con las agendas de los papás, que necesitan trabajar y ver maneras de que los hijos realicen tareas 'provechosas', en general asociadas a las habilidades que promueven niños más exitosos". Así explica Camila Silva, psicóloga infanto-juvenil de Espacio Agua de Luz, un fenómeno que crece cada día: niños más ocupados y con menos posibilidad de ocio o tiempo libre. ¿Pero, es necesario aburrirse?

En los últimos 10 años han surgido no solo un buen puñado de investigaciones en revistas académicas, sino también conferencias mundiales sobre el aburrimiento. Uno de los últimos estudios, publicado el año pasado en Academy of Management Discoveries, señala que este estado -usualmente asociado a emociones negativas- podría ser, en realidad, un caldo de cultivo para incentivar la creatividad y la productividad. "En los niños, en particular, el ocio es un espacio que les entrega la posibilidad de ser libres, de crear, de fantasear, de jugar. Es importante que el niño comprenda que el ocio es positivo y que no debe sentir culpa por recrearse. Inculcarlo desde la niñez genera adultos más sanos y que conectan consigo mismos", añade la psicóloga Camila Silva.

La especialista norteamericana Katie Hurley, psicoterapeuta de niños y autora de El manual del niño feliz: Cómo criar niños alegres en un mundo estresante, habla de que en nuestro esfuerzo colectivo por presentar a los niños oportunidades infinitas hemos olvidado que los niños necesitan tiempo para, simplemente, ser niños. Y cuando dejamos que eso ocurra emergen sus verdaderas pasiones o intereses. "Cuando los niños tienen tiempo para hacer sus propios descubrimientos, participar en juegos autodirigidos y curar sus propios episodios de aburrimiento encuentran sus chispas internas. Descubren lo que les interesa y lo que necesitan hacer para desarrollar esos intereses", escribe la experta.

El juego como lenguaje

Entonces, ¿dejamos que se aburran, que lo superen y eso es todo? No. El tema es mucho más complejo y hay un rol activo de los padres en acompañarlos. "Es normal que un niño se aburra, pero si pasa todo el día aburrido, entonces es señal de que algo está pasando: quizás mucho uso de pantalla, quizás exceso de control de los padres en sus actividades. Se trata, en realidad, de poder ver el aburrimiento como una oportunidad y que los padres puedan acompañarlos en ese proceso para que vean al ocio como un buen escenario", comenta la psicóloga preescolar María José Palmero, magíster en Psicopedagogía y especialista en Educación Emocional.

Para Palmero, un niño que va aprendiendo a usar esos espacios libres en pos de explorar, de conocer, de jugar, podrá desarrollar la automotivación, que es una habilidad socioemocional. Y en el futuro tenderá a ser más proactivo y creativo. "Ahí está la gran oportunidad: como padres podemos ir ayudando a desarrollar esta habilidad socioemocional, aprovechando ese tiempo", puntualiza.

El ocio, añade la especialista, tiene que ver con la posibilidad de que los niños tengan tiempo libre de exploración. ¿Por qué? Porque si los padres facilitamos que se dé este espacio y que el niño transite (y supere) el aburrimiento, lo que aparece tras un rato es algo muy sencillo, pero vital: el juego. "El juego es el lenguaje de los niños; donde elaboran la realidad, ensayan roles, elaboran emociones, practican comportamientos, resuelven conflictos y emerge la creatividad", comenta. Como ha dicho el investigador Peter Grey, en el American Journal of Play, "los niños están diseñados, por selección natural, para jugar". Grey plantea derechamente que la falta de juego afecta el desarrollo emocional, lo que lleva al aumento de la ansiedad, la depresión y los problemas de atención y autocontrol. Sin el juego no logran adquirir las habilidades sociales y emocionales necesarias para un desarrollo psicológico saludable.

La disponibilidad emocional

"Los niños nacieron sabiendo jugar. Es como respirar, así de natural. El problema, muchas veces, es que los adultos estamos acostumbrados a controlar su tiempo y comportamiento con expectativas, rutinas, objetivos de aprendizaje. Eso no está necesariamente mal, pero estamos tan acostumbrados a ocupar solo ese rol con los niños, que ni ellos ni nosotros sabemos qué hacer cuando hay tiempo libre", plantea la psicóloga María José Palmero. Así, es bastante común que los niños lleguen con la clásica frase "mamá, estoy aburrido". "Y cuando no estamos con suficiente disponibilidad emocional, cedemos y les pasamos las pantallas. Les ponemos televisión porque necesitamos tiempo para nosotros o, incluso, desconectarnos de ellos. Porque conectarnos con ellos es intenso. Y es muy agotador y es muy desafiante. Nos pasa a todos. Tampoco creo que haya que vivirlo con culpa, no sirve de nada", plantea Palmero.

Lo que propone la especialista es hacernos conscientes y, en la medida de nuestras posibilidades, realizar lo que ella llama inversión emocional. Como explica, si constantemente no estamos disponibles emocionalmente con nuestros niños, o si el "más ratito" es la tónica del día, entonces conviene detenerse y pausar nuestros quehaceres por 20 minutos, dedicándolos exclusivamente a ellos. "Se lo anticipo a mi hijo o hija y le digo: vamos a jugar juntos hasta que suene la alarma, o el timer de la cocina, porque después debo cocinar, o responder correos, o realizar determinada actividad. Y me dedico y me entrego a ese juego". Así, se produce una regulación en la disponibilidad emocional del adulto y el niño satisface su necesidad de atención; técnica que disminuye el uso de pantallas para modular el aburrimiento y que los recarga de energía para que puedan hacer un buen uso de su tiempo libre.

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