Elisa Avendaño, Premio Nacional de Artes Musicales: “El papel de las mujeres es importante para mantener viva la cultura mapuche”




“Los mapuche me pidieron que contara su historia al mundo, y lo haré”, dijo hace un tiempo en entrevista con La Tercera, Lemi Ponifasio, a propósito de Amor a la muerte, su obra que es parte de la programación del Festival Internacional Teatro a Mil 2023 que está celebrando sus 30 años de historia y es presentado por la Fundación Teatro a Mil y Escondida | BHP. Se trata de la reunión de dos artistas chilenas: una cantante y compositora mapuche, Elisa Avendaño Curaqueo, y una bailarina de flamenco contemporáneo, Natalia García-Huidobro. Ambas tejen sus voces y cuerpos en una ceremonia en que presentan sus historias personales: dos vidas que reflejan, a su vez, la historia de Chile y la búsqueda del futuro. Esta creación toca temas como la realidad del pueblo mapuche, la relación de las personas con la naturaleza, el “ser mujer” y las relaciones de poder, a la vez que se hace preguntas sobre la identidad y el destino.

Y especialmente sobre el ser mujer es que habla Elisa Avendaño Curaqueo en esta entrevista. Una mujer que nació en la comunidad Manuel Chavarría de la comuna de Lautaro, Región de La Araucanía. Se ha destacado como investigadora, autora y compositora del acervo cultural propio del pueblo mapuche. De hecho en septiembre pasado se convirtió en la primera representante de pueblos originarios en recibir el Premio Nacional de Artes Musicales y en la quinta mujer en recibir el galardón, que ha estado en manos de Margot Loyola, Elvira Savi, Carmen Luisa Letelier y Miryam Singer. “La resistencia de la mujer indígena en las tierras ha sido super importante. Lo ha sido siempre. Somos nosotras las que resguardamos nuestras familias, nuestras tierras, nuestros quehaceres, nuestra cultura y lengua; el papel de las mujeres es importante porque somos las que parimos y formamos, y reforzamos el idioma. Es primordial el esfuerzo de la mujer en esta lucha”, dice.

Lemi Ponifasio dijo que los mapuches viven con miedo a ser olvidados, ¿estás de acuerdo?

Yo llevaría la conversación a cómo los mapuches podemos seguir existiendo, porque el Estado nos ha empujado a ir perdiendo la cultura, la lengua y el territorio. No hablaría de miedo, pero sí de la preocupación de que el pueblo mapuche siga existiendo porque hay expertos que han dicho que no vivirá más de 50 años. Por eso es importante la lengua, la cultura, el conocimiento de este pueblo.

Y en esa tarea, ¿el arte y la cultura son relevantes?

Claro, porque tiene que darse a conocer a nivel de país y en el mundo nuestra cultura, para reforzar nuestra identidad. Y también ha sido importante para la denuncia política que hemos tenido. La música, el teatro, la poesía han sido importantes para los movimientos indígenas. Y han sido las mujeres las que hemos hecho esa resistencia cultural.

¿Qué hacen distinto que los hombres?

Es que somos las mujeres las que más practicamos el idioma, la medicina casera; las que llevamos la vestimenta. Si usted viene al campo, no va a ver hombres que llevan la vestimenta mapuche, siempre son mujeres. Las que hablamos el idioma sin avergonzarnos, también somos nosotras. Por eso nosotras decimos que somos las que hemos resistido culturalmente.

Esto es porque nosotras somos las que estamos en la Tierra, tenemos las raíces en la Tierra. El Lonco, el hombre, está en la cabeza, es el que busca el camino y avanza con su conocimiento. En cambio nosotras, las mujeres estamos enraizadas en la tierra y de la raíz llevamos todo lo que florece, lo que cambia alrededor de nosotras: los hijos, la familia y la comunidad. Hay quienes pueden ver esto como machismo, pero hay un reglamento mapuche. Es así. Somos diferentes y tenemos distintos roles. Pero ambos son importantes. El machismo llegó con el colonialismo y su religión. Conocer el saber mapuche, su idioma y su cultura permite darse cuenta de eso.

Ganaste el Premio Nacional de Artes Musicales y se ha dicho que no es sólo para tu trayectoria, sino para la música mapuche ¿lo crees así?

Es un premio histórico y justo hacia una música que no se escucha en todas partes, que habla de nuestro pasado para el futuro. Es un reconocimiento para nuestras ancestras y ancestros, quienes usaron el canto para contar nuestra historia.

Yo canté desde niña, apenas aprendí a hablar. Porque en mi comunidad tenemos la costumbre de hacer el Tayil, que es un canto que hacemos las mujeres, cantamos todas, desde la que está aprendiendo a hablar hasta la más abuelita. Pueden haber diez mujeres cantando al mismo tiempo; no todas la misma melodía, no todas cantando al mismo tiempo. Pero el objetivo es el mismo: hacer bailar con alegría a los hombres que están bailando, es el baile de la avestruz. Entre más música haya, ese avestruz bailará mejor. Esa es una ceremonia que se hace cada dos años. Sin embargo, cuando yo era niña jugaba a hacer esta ceremonia, con los otros niños. Le sacamos a nuestras mamás algo de comida, pan, harina tostada, porque en estas ceremonias se come mucho. Y hacíamos un pequeño Tayil.

La música entonces estuvo presente desde niña en mi vida. Mi mamá siempre cantaba. Además del Tayil había música casera: le cantaba al amor, a la montaña, a los humedales, a los animales. Cantaba cuando teníamos una gallina y ponía sus huevos, también cuando salían los pollitos. A todo le cantaba. Mi mamá siempre hacía música cuando sembraba, cuando limpiaba la huerta, cuando trabajaba su artesanía y cuando nos iba a bañar en los ríos. Nosotros nunca nos bañamos en tina, o dentro de la casa con agua caliente. Siempre nos llevaban al río y nos bañaban con agua helada. Y en el camino nos cantaban para preparar nuestros cuerpos para recibir esa agua heladita. Y era rico, después no queríamos salir porque era un agua bonita, que también cantaba. Hacía sonidos lindos, toda la naturaleza hace sonidos y mi mamá también los escuchaba y nos decía que de esa manera hablaba. Ella nos preguntaba ¿qué está diciendo ese pajarito? o ¿qué nos dice el sonido de las hojas de ese árbol? Nosotros nos quedabamos pensando y, como éramos chicos, inventábamos las respuestas para tener algo que decir.

Pero ella nos decía que no había que inventar, que había que observar y escuchar a la naturaleza porque siempre nos iba mostrando cosas.

Este entonces es un reconocimiento a tu gente, a tu madre…

La música es de toda la sociedad mapuche y de todas las mujeres. De hecho todos tenemos un trompe, un instrumento personal que tienen los niños, los adultos y los viejos. Se dice que es un instrumento para enamorarse, pero también un sonido para relajarse. Este reconocimiento entonces lo recibo como un reconocimiento a mi gente y a mi pueblo. La música que ha sido premiada es del pueblo mapuche. No es música de escenario, yo la llevé al escenario por la necesidad de hacer denuncia social, pero la música se hace para la naturaleza; y es la mejor manera de mantener viva nuestra cultura y nuestro idioma.

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