Al otro lado de la pantalla: el peligro de idealizar a quien no se conoce

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En palabras simples, la RAE explica el concepto de idealizar como "elevar las cosas sobre la realidad sensible por medio de la inteligencia o la fantasía". Esto se puede hacer con todo. Uno idealiza las celebraciones, el trabajo, los amigos, la pareja. La vida misma. Si está bien o está mal, depende de la caída. Y es que si la elevación es muy grande, también lo puede ser la desilusión.

Las redes sociales, por su parte, vinieron a engrosar el concepto de idealización, mostrándonos la mejor versión de cada uno y validando ese distanciamiento social. Distanciamiento que, según expertos, provoca que las expectativas perduren en el tiempo y que corramos el riesgo de malinterpretar la verdadera identidad de alguien. Situación aún más grave cuando se comienzan a involucrar sentimientos.

¿Pero por qué tendemos a idealizar a quienes realmente no conocemos? Desde el psicoanálisis aseguran que esto tiene que ver con las primeras etapas de una relación. Para explicarlo, Sigmund Freud habla del 'enamoramiento' y dice: "el objeto (enamorado) es tratado como el propio yo del sujeto, que durante el enamoramiento traspasa al objeto una parte considerable de libido narcisista, donde se llega a evidenciar que el objeto sirve para substituir un ideal propio y no alcanzado del Yo".

En otras palabras, la idealización tiene que ver con todo aquello que queremos de nosotros mismos pero que no podemos lograr y que por consecuencia lo buscamos en otro. "Lo que hacemos es depositar todos nuestros anhelos en otra persona porque vemos una figura que es un espejo de nuestra propia imagen idealizada. Tiene que ver con todo lo que queremos ser y con cómo queremos que nos vean. Con establecer ciertos límites que nos definan", dice Caroll Bergenfreid, directora del centro psicológico Lazos y Nexos (@centro_psicologico_lazosynexos).

Para la directora de la fundación Relaciones Inteligentes, Constanza Merino, el no conocer en persona al otro exacerba este sentimiento. "A mayor cercanía, mayor crítica y conflicto. En ese sentido, la distancia facilita desear y también sentirse protegido. Hace que nos aferremos más a la idealización nuestra y del otro. Las redes sociales son delicadas en ese sentido porque lo que hacemos es enseñar lo mejor de uno. Se asocia a sus necesidades narcisistas basadas en apariencias".

Y es que al parecer estas plataformas son un arma de doble filo. Sobre todo para quienes están interesados en establecer relaciones. Por una parte, brindan la posibilidad de llegar a personas con las que es mucho más difícil concretar cara a cara, pero por otra, alimentan esta idea de identidad falsa. Realidad aún más alarmante si se toma en cuenta que esta herramienta se convirtió en la protagonista para conocer pareja. Tal y como recoge un estudio llevado a cabo por los sociólogos Michael Rosenfeld y Sonia Hause, de la Universidad de Stanford y Reuben Thomas, de la Universidad Estatal de Arizona, el 39% de las parejas heterosexuales y el 60% de las homosexuales se conocieron gracias a Internet. De modo que, en 2017, la forma más frecuente de conocer a otras personas fue a través de un dispositivo móvil.

¿Deberíamos, entonces, evitar las redes sociales? Ambas expertas aseguran que no. "No creo que haya que demonizar internet. El mundo ha cambiado y esta es una nueva manera de conocer gente. Y la verdad es que la idealización es algo que pasa tanto en la vida real como en la virtual. Es parte del proceso de una relación. Lo importante es cuidarse porque, como en todos los espacios, en Internet también hay riesgos. Podría pasar, por ejemplo, que se involucren sentimientos con alguien que no dice ser quien realmente es".

Para Bergenfreid la respuesta depende según cada personalidad. "Hay gente que es mucho más obsesiva con este tema porque están en una constante búsqueda de su identidad. Entonces, se refugian en esta idea de idealización de su propia imagen y de la de un otro y prefieren evadir conocerse más porque no pueden verse fuera de lo que quieren ser", cuenta. "Sin embargo, para algunos es una herramienta muy positiva. Tengo pacientes que encontraron a su pareja en internet y les resultó todo bien, como a otros que no. Depende de cada persona. Creo que, de todas formas, hay que perderle el miedo a mostrarnos realmente cómo somos y a desilusionar al otro. La desilusión, de hecho, es conocida por Freud como el primer paso al amor".

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