Justicia anticonceptiva: ¿Hasta cuándo nos hacemos cargo nosotras?




Hace unos días en Instagram comenzó a circular una fotografía intervenida de una tira de píldoras anticonceptivas que intercalaba entre cada fila de pastillas, el siguiente mensaje: “We could create pills for people with penises but we don’t want to give them the side effects that you have” (“Podríamos crear píldoras para personas con penes, pero no queremos darles los efectos secundarios que tú tienes”).

La foto, que fue publicada en la cuenta de la fotógrafa Cécile Hoodie (@cecile_hoodie) y replicada por medios feministas como Super Wrong Magazine, tuvo cientos de miles de likes y fue compartida por millones de mujeres en el mundo que, al parecer, se sintieron identificadas con el mensaje. Y es que, aunque no queremos desconocer que más que un método anticonceptivo la píldora desde su invención se transformó en una reivindicación social para las mujeres, porque les daba por primera vez el derecho a elegir por sobre sus cuerpos, sesenta años después son muchas las mujeres que optan por dejarla.

Sus efectos secundarios que van desde los dolores de cabeza, tensión mamaria, alteración del estado anímico, cambios de peso, disminución de la libido y acné, hasta el riesgo de trombosis en pacientes propensas, son los motivos que esgrimen aquellas que decidieron dejar atrás las pastillas. Pero no solo eso, otro de sus argumentos es que vivimos en una sociedad en la que el patriarcado ha dejado en las mujeres la responsabilidad de todo lo que está relacionado con los cuidados y la crianza, y también con la anticoncepción y la protección en las relaciones sexuales.

Hoy 12 de los 14 métodos anticonceptivos que agrupa la OMS son para mujeres y solo 2 para hombres: La vasectomía y el condón. ¿Por qué existen estas enormes diferencias entre las opciones anticonceptivas para hombres y mujeres? ¿Qué impide el desarrollo de una píldora masculina? La respuesta a estas preguntas no es sencilla y en ella hay una mezcla de machismo, dificultades técnicas e intereses económicos. Así al menos se explica en un artículo publicado en el diario El Mundo de España. Allí Roberto Lertxundi, miembro del comité de dirección de la Sociedad Europea de Contracepción, cuenta que la última vez que la industria farmacéutica patrocinó un ensayo clínico con anticonceptivos hormonales masculinos fue hace unos 10 años. “Toda la investigación que hoy en día se lleva a cabo sobre la materia está impulsada por agencias nacionales o internacionales –NIH, OMS– u organismos sin ánimo de lucro, cuya capacidad para impulsar los ensayos es mucho menor que la de una empresa”, explica.

La investigadora chilena del Instituto Chileno de Medicina Reproductiva, Gabriela Noé también formó parte de ese artículo. En él cuenta de un ensayo clínico que en ese momento –enero de 2019– se planteaba como una buena opción para el desarrollo del primer anticonceptivo hormonal masculino: En vez de una pastilla, en este caso se trata de un gel que los hombres deben aplicarse diariamente sobre sus hombros para evitar ser fértiles. “Sabemos (por estudios previos) que el gel es reversible y efectivo para suprimir los espermatozoides”, aclara Noé en el escrito, y reconoce que el objetivo siguiente es confirmar que puede llegar a ser un método anticonceptivo viable en muchos aspectos. Sin embargo, a dos años de esa publicación, aún no hay nada concreto.

Lo que ocurre es que crear una píldora masculina no es tan sencillo como copiar el mecanismo de la versión femenina. El urólogo y andrólogo de Clínica Alemana, Francisco Osorio, explica que en términos reproductivos hay diferencias. “La mujer tiene su reserva ovárica desde que nace y por tanto lo que hace la píldora no es parar la producción de óvulos, sino evitar que salgan. En el caso de los hombres, la producción espermática es constante, por lo tanto los métodos hormonales que se pueden usar de anticoncepción, apuntan a detener la producción espermática”. Según el experto, una de las cosas que siempre se evalúa para la efectividad y eficacia de estos métodos, es qué tan rápido desde que inicias el anticonceptivo, te da una protección, y en el caso del hombre eso toma un tiempo porque tienes que detener producción y no solo ovulación. “Esa es una de las razones por las que se ha atrasado el tema. Lo segundo es que efectivamente sea transitorio, es decir, que cuando suspendes el método, se pueda recuperar la fertilidad relativamente rápido y, en el caso de los hombres, como lo que se busca es detener la producción, luego de la suspensión se demora en volver la fertilidad”.

Aún así, los ensayos realizados en las últimas décadas han demostrado que sí es posible desarrollar un anticonceptivo hormonal para hombres, pero su atractivo comercial disminuye por los efectos indeseados. En este punto Francisco Osorio está del lado de las mujeres. “Con respecto a los efectos adversos, la mayoría de los que están descritos en la actualidad sobre el intento de usar anticonceptivos hormonales en hombres, son bastante parecidos a los efectos adversos que tienen que sufrir las mujeres. Lo que pasa es que como históricamente siempre ha estado la mujer a cargo de la anticoncepción, probablemente se normalizó y por tanto, si uno lo pone desde un punto de vista de justicia anticonceptiva, hay varios métodos hormonales en hombres en los que no deberían ser los efectos adversos la justificación para que no estén en el mercado”, dice.

Todo esto confirma que la salud sexual se sigue viendo como algo de mujeres. En el fondo, lo que se sigue pensando es que la que se queda embarazada es la mujer, y que es ella quien tiene que preocuparse. En ese sentido, en 2016, una veintena de expertos en contracepción firmaron en la Academia Francesa de Medicina el Manifiesto de París, un documento en el que reclamaban la implicación de la industria, las agencias sanitarias, políticos y organizaciones de todo el mundo para conseguir que “al menos un anticonceptivo masculino fiable, reversible y asequible esté disponible antes de 2026”. Gabriela Noé concuerda y dice en el artículo: “La píldora fue un logro muy importante para las mujeres, que pudieron acceder a actividades sociales y laborales sin el temor de los embarazos frecuentes. Pero han transcurrido décadas desde entonces y es el momento de que hombres y mujeres compartan esa responsabilidad”.

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