La importancia de comer con nuestros hijos

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Muchas veces nuestro trabajo demanda tiempo que compite con el que le dedicamos a nuestros hijos. Vivimos tironeados entre el trabajo y la familia, y comenzamos a sentir culpa. Muchos de los tiempos que pasamos con ellos durante la semana son trayectos, acarreos, ir a dejar y a buscar. ¿Pero cómo hacemos para dar tiempo de tranquilidad y realmente estar? Una forma es comiendo juntos y haciendo de ese momento uno en el que realmente todos paremos, preparemos la mesa, nos sentemos, comamos, comentemos, conversemos, preguntemos. No tiene que ser necesariamente la comida de la noche, puede ser también el desayuno si es que alcanzamos, lo importante es armar una rutina familiar. Si es algo que nunca hemos hecho, podemos partir con una comida familiar a la semana y luego ir aumentando la frecuencia. Y es que mientras más comamos en familia, más beneficios obtendremos de esta práctica.

Preparar este momento hace que tenga aún más sentido. Unos ponen los platos, otros los cubiertos, otros pueden lavar lechuga y ponerla en una fuente, y así vamos armando este encuentro entre todos los que nos vamos a sentar a la mesa. Los beneficios de esta práctica son muchos, partiendo porque el niño está más dispuesto a probar un alimento que él ayudó a preparar. Además, en general tienden a aventurarse a probar más variedad cuando ven a sus familiares comer.

Sentarse a comer juntos es también un tiempo para conectarnos con nuestros hijos. Teniendo eso en cuenta, los celulares no debieran estar cerca, ni sobre la mesa, ni con pantalla hacia abajo. No debemos tener distractores que nos saquen de ellos, nuestro foco de atención. Ni el mail que estamos esperando ni el grupo de WhatsApp que no para de sonar son tan urgentes que no puedan esperar. Si pasa algo realmente grave, nos van a llamar por teléfono.

Estos tiempos de compartir la comida juntos sirven también para conocernos más. Uno cuenta alguna anécdota, el otro cuenta un chiste, uno pregunta y comparte opiniones, preferencias, entregamos detalles del día a día que puede pasar invisible.

También las comidas en familia son tiempo para enseñar comportamientos positivos en torno a través del ejemplo. Enseñarles a decir por favor y gracias, a pedir de buena manera, a regular la cantidad que comemos. Es bueno mostrarles a los niños que es mejor servirse menos y esperar a estar satisfechos, cosa que no ocurre inmediatamente. También es ideal no apurarlos y dejarles espacio para que lo hagan a su ritmo y velocidad. En cuanto al tipo de comida, es ideal que sea comida de verdad, muchas verduras y fruta. Si nos ven tomar agua, van a tomar agua. Si nos ven tomar bebidas, van a tomar bebidas. Y voy a ser majadera con este tema, pero darle bebidas a un niño está al mismo nivel que darle un cigarro.

Muchos estudios han demostrado que comer alguna comida del día en familia mejora la autoestima de los niños y niñas, disminuye los problemas de comportamiento, los riesgos de desarrollar desórdenes alimenticios y el riesgo de depresión. Además, mejora la ingesta de alimentos saludables, baja los niveles de stress y mejora las relaciones intrafamiliares.

Es ideal mantener estas comidas en modo positivo y no que se conviertan en sermones ni retos. Probablemente algunas comidas van a resultar buenísimas, llenas de risas y buenas conversaciones. Otras van a terminar en caos, llantos y algún vaso dado vuelta. Y las dos están bien. La expectativa de este tiempo no debe ser la perfección, sino estar juntos, mirarnos, conversar. Estar presentes. Y que esto se convierta en un hábito.

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