La importancia de permitirse no estar disponible




Cuando empezó el año circuló en las redes sociales una publicación que decía: “Permítete no estar accesible todo el tiempo. Ignora ese mensaje de voz. Déjale el visto. Apaga tu celular. Destruye el chip. Y desaparece bajo circunstancias misteriosas”. Más allá del toque humorístico de la última frase, la intención detrás de esta publicación era evidente: se trataba de un meme que venía a advertir que tras un año de pandemia, era probable que las cosas no mejorarían. La única alternativa viable de sobrevivencia, entonces, parecía ser la de dejar de lado las normas por las que siempre nos hemos regido y simplemente permitirnos hacer lo que queríamos hacer. Uno de los comentarios, de hecho, expresó: “Nunca he podido dejar de contestar un correo. Si lo veo ahí y no lo pesco, no soy capaz de seguir con el resto de mis tareas diarias. Este mensaje es refrescante porque me hace pensar que no está mal si dejo de hacerlo de vez en cuando”. A lo que otra persona le respondió: “Se trata del autocuidado radical, está bien no leer ese correo”.

Y es que la publicación parecía evidenciar algo que muchos hemos pensado pero que no sabemos del todo cómo abordar, especialmente si lo llevamos al ámbito de las relaciones de pareja. ¿Es necesario estar disponible para el otro constantemente? ¿Por qué hemos aprendido a medir el amor en base a la respuesta inmediata y permanente? Y, por último, ¿por qué, en vez de asociar la no disponibilidad constante a un derecho básico, la asociamos al abandono?

Como explica la psicóloga y terapeuta familiar, Catalina Baeza, si bien no hay una única norma y nada es de una sola manera, en estas situaciones puede ser útil recurrir a lo que ella denomina ‘las tres C’. “En primer lugar está el contrato, por así decirlo, que establezco con la pareja. Ahí se plantean qué quiere cada uno, las necesidades y los deseos. Pero hay que tener claro que estén establecidas realmente todas las cosas importantes para uno y para el otro. Un contrato, a su vez, requiere de ciertos acuerdos. Entonces de alguna manera uno cede un poco y el otro también. Y por supuesto, este contrato no es eterno, dura lo que tiene que durar”, explica. “En segundo lugar, está el contexto; aunque exista un contrato, no hay que dejar de considerar el contexto y las circunstancias. Una cosa es que yo le escriba a mi pareja ‘necesito hablar contigo urgente’ y no me responda, y otra muy distinta es que le diga ‘buenos días amor’ y no me responda. En tercer lugar está la conversación; si a mí me duele mucho que no me respondan, tengo que decirlo. ¿Le he dicho que me tengo que sentir escuchada? Y por otro lado, si doy el espacio para que me expliquen por qué no me responden, quizás ahí no me duela tanto”.

También es clave, como explica la especialista, cuestionar por qué una se siente abandonada cuando no recibe una respuesta. “Más que el hecho de que el otro no esté disponible para mí, creo que lo que habría que analizar es por qué necesitamos que la persona esté siempre ahí. ¿Por qué, por ejemplo, no podemos reconocer el espacio del otro o la otra? ¿Por qué nos urge tanto o nos pasamos películas cuando la persona se demora en responder? ¿Por qué sentimos que no nos quieren?”.

Aunque a veces pueda tratarse de señales claras de que esa persona no está interesada o no es para confiar, ahí entran en juego las inseguridades propias y la capacidad de incurrir en una escalada angustiosa. “Es complejo, porque si alguien que nos interesa no nos responde, podemos sentir que no nos escucha y eso siempre es doloroso. Pero por otro lado, ¿le hemos planteado eso? ¿Consideramos el contexto? Si no somos capaces de darnos cuenta de que los otros tienen el derecho básico a tener un espacio propio, privado y único, ahí hay un problema. Si no lo vemos así, lo más probable es que nosotros tampoco nos estemos dando esos espacios. Lo más probable es que estemos siempre en estado de alerta. Pero ¿por qué deberíamos estarlo en una relación? Si lo estamos es porque de alguna manera desconfiamos, y si desconfiamos habría que preguntar qué pasa. Una relación basada en la desconfianza está destinada al dolor y al sufrimiento”.

Como explica la psicóloga y terapeuta de parejas, Daniela Werner, la noción de que la no respuesta es sinónimo de desinterés, tiene relación directa con cómo equilibramos las necesidades propias de espacio, de ritmo y cómo procesar lo que el otro expresa. “A veces hay personas que necesitan ciertos espacios para poder digerir lo que está ocurriendo, y es importante validar esos límites”, explica.

En esto, como desarrolla Werner, es clave tener el autoconocimiento suficiente para poder decir ‘ok, no puedo responder al tiro y eso está bien, no tiene por qué implicar que dejo de atender al otro o la otra. Lo puedo explicar’. “Es importante entender que no es un acto de irresponsabilidad con el otro, sino que un acto de responsabilidad con uno mismo. Y en ese sentido, poder meta comunicar con el otro respecto a quién y cómo soy y preguntar si el otro puede con eso, es fundamental. Ahí también entra en juego el otro o la otra, con sus demandas y necesidades que también tenemos que escuchar. Todos necesitamos de otras personas en cierto grado, el tema es que hay límites”, explica.

Hay momentos en los que aquel que está demandando atención, si no es capaz de comprender que el otro no puede estar todo el tiempo disponible, también es necesario que pueda revisarse o buscar otros apoyos para gestionar sus necesidades”, termina. Porque en definitiva, según Werner, de eso se trata la responsabilidad sexoafectiva; no solo de cómo hacerse cargo del otro, sino que también de cómo nos responsabilizamos de nosotros mismos.

A veces, según detalla, hay una dificultad al leer a la otra persona y empatizar. El otro puede estar aparentemente disponible pero realmente no estarlo. “A veces también uno aplica el autocompletar, o asume cosas del otro sin preguntar. Hay toda una historia detrás de esa persona que a veces desconocemos y tenemos que clarificar. Y eso va para ambos lados. Ahí es clave entonces ponerse en la postura del otro pero también comunicar. Parte de esta responsabilidad es comunicarse respecto a lo que se puede dar y en qué momentos, sin que eso se entienda como desinterés”.

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