Los números rojos de una vida verde

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Según un informe del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático, organismo dependiente de las Naciones Unidas, Chile es considerado altamente vulnerable a los efectos del cambio climático, y es quizás por esto que desde que se publicó el último reporte del IPCC, en 2014, hemos visto un aumento sostenido en la conciencia verde de los chilenos. Pero a pesar de que efectivamente reciclamos más que hace cinco años –según cifras del Ministerio del Medio Ambiente, en Chile se reciclan cerca de tres millones de toneladas anuales-, las prácticas individuales de sustentabilidad están lejos de ser suficientes para cambiar el curso de las cosas.

Cuando Ulrike Broscheck, ingeniera en química ambiental, experta en gestión hídrica y subgerenta de Sustentabilidad de Fundación Chile, vio a la ministra Carolina Schmidt salir de la ducha envuelta en una bata blanca diciendo: "La escasez de agua es uno de los problemas más graves que tenemos en Chile hoy y una de las consecuencias del cambio climático. Cuida el agua. Súmate a esta campaña y dúchate en 3", no lo pudo creer. Era la propaganda televisada del Ministerio del Medio Ambiente con la que el Gobierno hacía un llamado a las personas que viven en Chile a reducir el tiempo de sus duchas para ahorrar agua en un contexto de sequía nacional y cambio climático mundial. "Es ridículo", dice Broscheck, quien es parte de un equipo de expertas y expertos que llevan años trabajando en temas relacionados al agua. El año pasado publicaron el estudio "Radiografía del agua", en el cual explican el estado y los problemas asociados al recurso hídrico en el país.

Una de las cifras que recoge la publicación es esclarecedora al momento de entender por qué no le pareció la campaña gubernamental: en Chile, del total de aguas subterráneas, superficiales y de lluvia, solo un 2% es utilizada para el consumo doméstico. Y de ese porcentaje, la mayoría corresponde al agua que se usa en la lavadora de ropa, no en la ducha. La gran parte del agua se consume en otros sectores: 37% por el sector agrícola y 59% por el forestal. Como si fuera poco, el 17% de la escasez hídrica se debe al cambio climático, mientras que el 44% es por una mala gestión del recurso que incluye falta de transparencia del mercado del agua, descoordinación de las instituciones, información limitada sobre los recursos hídricos, fiscalización insuficiente y un marco normativo inadecuado. "Con o sin cambio climático íbamos a tener problemas. El cambio climático está acelerando el proceso, pero con este modelo de gestión de agua vamos derecho a la sequía", explica Broscheck.

La paradoja del consumo sustentable

Acciones individuales como tener menos hijos, ducharse menos tiempo, reciclar, reemplazar bolsas de plástico por bolsas de tela, apagar la luz, dejar de comer carne, llevar una vida más austera, plantar árboles y andar en bicicleta se han ido transformando en tendencia como medidas personales para combatir, o al menos no contribuir, al cambio climático.

Julio Benavides, doctor en Ecología, profesor universitario e investigador de campo en el Amazonas, está convencido de la importancia que tienen estas acciones. "Lo que tenemos que hacer es reducir nuestra huella de carbono, o sea, reducir las emisiones de carbono que produces como persona, familia y sociedad y que contribuyen a los gases del efecto invernadero. La mayor contribución a la huella de carbono son el transporte, la alimentación y la energía que consumes en tu casa, por ejemplo con la calefacción", explica. Con respecto a la alimentación, dejar de consumir alimentos con pesticidas, porque derivan del petróleo, y eliminar la carne, ya que su producción ha significado la tala de cerca del 90% de la Amazonia para la alimentación de vacas, que a su vez expulsan grandes cantidades de metano, uno de los gases del efecto invernadero. Y sobre la utilización de energía eléctrica, apagar las luces, usar ampolletas y electrodomésticos de bajo consumo energético y dejar todo desenchufado.

Uno de los estudios que cita es el IPCC del Panel Intergubernamental de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. En su quinta versión, el documento asegura que "el comportamiento, el estilo de vida y el cambio cultural tienen un alto potencial de mitigación en algunos sectores" e indica cuatro "acciones clave" de alto impacto que pueden tomar las personas para reducir su huella de carbono con su respectivo ahorro en emisiones de CO2: no tener un hijo adicional (59 toneladas), vivir sin automóviles (2,4 toneladas), evitar un vuelo transatlántico de ida y vuelta (1,6 toneladas) y comer una dieta basada en plantas (0,8 toneladas). Esas acciones son mucho más significativas que otras que a veces se promueven más, como disminuir el uso doméstico de agua o cambiar las ampolletas por unas más ahorrativas.

Y es que muchas veces esta conciencia verde nos impulsa a cambiar nuestros comportamientos de consumo, a preferir productos que las empresas promocionan como ecológicos, sustentables o fabricados a partir de material reciclado, entre muchas otras etiquetas verdes que se asocian con toda clase de bienes. Después de todo, la compra es una forma de manifestar el apoyo a aquellas empresas que hacen un esfuerzo por cuidar nuestro planeta. ¿Pero, a quién estamos ayudando realmente cuando consumimos verde?

A principios de los 2000, la compañía japonesa de autos Toyota lanzó al mercado mundial el primer modelo de vehículo híbrido de producción masiva. Rápidamente el Prius se convirtió en uno de los más vendidos, siendo su principal atributo el uso de una combinación entre combustible fósil y energía eléctrica. Sin embargo, este emblema del consumo sustentable ha dado origen a una serie de estudios que plantean una paradoja: al enfrentarnos a la posibilidad de consumir generando un menor impacto, la tendencia es consumir más. Desde la sociología este fenómeno se conoce como la brecha comportamiento versus impacto, y explica por qué, aunque nuestras intenciones sean positivas y el tiempo, recursos y esfuerzos invertidos para compensar el daño por contaminación al medioambiente sean altos, al contrastarlo con los efectos negativos reales de nuestras acciones el resultado sigue dando números rojos.

Tu sustentabilidad no alcanza

Desde Fundación Basura explican que si bien los esfuerzos que podemos hacer como individuos para mejorar la situación actual en temas de contaminación son claves, no lo son por las razones que muchos creemos. Según Macarena Guajardo, directora ejecutiva, al igual que lo que ocurre con otras causas sociales, en temas de cuidado medioambiental existe un grupo de individuos muy comprometido con la causa. Generalmente se trata de activistas o personas altamente involucradas e informadas que aplican las prácticas de sustentabilidad en su vida personal de manera voluntaria. Luego hay un segundo grupo que no necesariamente está tan informado respecto al impacto de sus acciones en el medio ambiente, pero siguen al grupo cuyas convicciones son mucho más fuertes. Por último, hay un tercer grupo que no está informado, que no se interesa por el tema, pero que dado que los dos primeros han logrado generar cambios en la sociedad se ven envueltos y empujados a adoptar nuevas conductas más sustentables. En este sentido, todos tenemos una función dentro de esta estructura, y si bien las acciones individuales no son suficientes para compensar el daño que generamos en el medio, sí pueden ser efectivas atacando el problema desde otros flancos.

Sara Larraín, directora ejecutiva de Chile Sustentable, cree en la importancia que tienen los hábitos personales, pero plantea que no se enfrenta de forma rápida y sustancial el calentamiento global con la urgencia necesaria. "Todas esas acciones implican un cambio individual que sumado tiene una escala importante, además ayuda a instaurar una cultura que es la que vamos a tener que adoptar. Pero si quieres rapidez y hacer una cuestión a escala, eso es lo mínimo. Para sacar grandes cantidades de dióxido de carbono de la atmósfera y hacerlo rápido no son esos los sectores que te van a vaciar la balanza. La señora Juanita puede seguir cambiando la ampolleta a led, pero lo que necesitamos es que asuman la responsabilidad quienes tienen la capacidad económica y técnica de hacerlo, que son las grandes empresas", asegura Larraín. Y agrega: "Es muy importante ejercer una ciudadanía activa y consciente. Presionar a tu alcalde para que tenga una política más coherente con el cambio climático. Presionar a diputados y senadores. Salir a marchar en las calles en los Fridays for Future. No necesitamos únicamente a un consumidor preocupado de su agua y su luz. Ser un ciudadano consciente y activo es fundamental".

Cambio de sistema

La idea de que el esfuerzo individual no es suficiente para cambiar el panorama mundial ha agarrado fuerza de la mano de diversos grupos que exigen transformaciones estructurales, lo que se vio reflejado en la marcha masiva del pasado 27 de diciembre, donde una de las consignas fue "Ya no basta con reciclar". Una de las organizaciones que estuvieron a la cabeza de la convocatoria es la Cumbre de los Pueblos, que reúne a 180 organizaciones sociales de Latinoamérica y celebró su primer encuentro en 2005 en Argentina. Alejandra Millán, integrante de la mesa de Coordinación de la Cumbre de los Pueblos, pregrado en Desarrollo Social y Económico y magíster en Ciencias Ambientales y Gestión, reflexiona sobre el tema.

¿Cuál es el papel de las personas en esta pelea contra el cambio climático?

Los cambios sociales se generan cuando las comunidades, los pueblos, la sociedad se levantan y hacen las demandas. Primero tenemos que tomar conciencia del impacto que está teniendo el sistema en nuestras vidas y en la humanidad. Segundo, manifestar ese descontento para que se modifique el rumbo. También tenemos que tomar decisiones éticas y coherentes en nuestros hogares y en nuestros espacios de trabajo. Hay que tomar conciencia de lo que realmente está pasando, de que tenemos que buscar alternativas y de que la participación es fundamental para enriquecer las miradas. Cuando solo miras el interés del bolsillo, te olvidas del impacto de las personas.

¿Qué opinas respecto al foco que se ha hecho en las responsabilidades individuales sobre el calentamiento global?

Si bien todo el mundo aporta un granito de arena, la gran crisis que vivimos es por el modelo económico imperante. Chile en particular tiene un modelo muy centrado en el desarrollo económico, en que el aspecto empresarial tenga posibilidades de desarrollo y en la privatización de los bienes comunes. Son las empresas las que hacen un alto consumo en los distintos sectores, de energía, de agua, y se les da prioridad para desarrollar sus actividades en desmedro del impacto que puedan generar. Tenemos un modelo extractivista; nuestra economía se basa en los bienes de la naturaleza que se sacan sin considerar la recarga ecológica de los sistemas naturales, y sacamos recursos naturales a una velocidad mayor de la que el ecosistema es capaz de soportar. Cuando vemos gráficos de consumo eléctrico, el uso residencial de la energía es como un quinto de lo que utilizan el comercio, la minería, la industria del transporte.

¿Para ustedes el calentamiento global es una consecuencia del fracaso del sistema neoliberal?

El cambio climático es una alarma que indica que el sistema no está funcionando. Y tenemos que ser muy conscientes de que el impacto mayor se produce en las poblaciones más vulnerables. Chile es uno de los países más neoliberales y estamos en contra del neoliberalismo. Pero si bien el neoliberalismo es agudo en el extractivismo, en priorizar la ganancia, en generar desigualdad, hay otros modelos no neoliberales que pueden ser igualmente extractivistas, como por ejemplo China o Venezuela. Nuestro desafío es encontrar un nuevo paradigma de sociedad en el que podamos vivir en equilibrio. Siempre va a existir el intercambio, el comercio, pero tiene que tener una ética, y creo que la crisis actual es que eso se ha perdido.

¿Hay ejemplos de este modelo alternativo?

Pretender encontrar un sistema replicable para todos es iluso, porque cada país tiene hábitos distintos. Sí creo que es importante tener mayor gestión y gobernanza territorial. La globalización tiene sus beneficios, pero también hace perder la capacidad de las personas que están en un territorio en particular sobre ese territorio. Para mí es fundamental fortalecer los gobiernos locales y las comunidades más pequeñas.

¿Hay que volver a mirar a los pueblos indígenas?

Totalmente. Existe una relación del territorio con la gente que habita esos pueblos que es distinta. Conocen las dinámicas del ecosistema y  hay una mayor relación de comprender la importancia de los ciclos y respetarlos.

¿Qué opinas de la campaña por las duchas cortas?

Justamente eso muestra que en Chile estamos en una sociedad que ha estado muy focalizada en el individualismo y en la que cada uno se tiene que rascar por sus propias uñas. Por eso es tan peligroso el discurso. Si bien uno puede aportar desde la ducha corta, no es la solución real. Este es un problema sistémico.

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