El mito de Trehuaco: el pueblo que quiere aumentar la natalidad

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¿Una peluquería gratis para fomentar la natalidad y para que las mujeres del pueblo despertaran la libido de sus parejas? En febrero tuvo su fugaz aparición en la prensa la desconocida comuna de Trehuaco, en la olvidada costa de la Octava Región. Pero tras esa historia, adornada por la efervescencia de las farmacias populares y el atractivo de lo gratis, hay una macondiana pobreza y un singular abandono.




Paula 1198, Especial Madres. Sábado 23 de abril de 2016.

–Aló ¿Trehuaco? Llamo desde Santiago por la peluquería gratis que abrió el alcalde para fomentar la natalidad.

Sospechosas risas al otro lado del teléfono. Música. Me traspasan al RRPP del municipio. Repito la pregunta.

–Bueno –suspira Ariel Urrutia, el joven encargado de comunicaciones, locutor de radio, "despedidor" de muertos en los funerales y relacionador público del alcalde independiente DC Luis Cuevas– venga mejor y acá le mostramos todo.

–Pero es que antes quería…

–Venga primero.

El 2 de enero de este año el diario La Discusión de Chillán publicó: "La peluquería gratuita que incrementó la natalidad en la comuna de Trehuaco". El alcalde Luis Cuevas explicaba que no había guaguas en el pueblo y había ideado la campaña "Una guagua para Trehuaco" y que, entre sus planes para fomentar la natalidad, abrió una peluquería gratuita para que las mujeres lucieran más agraciadas y, al verlas, los hombres se pusieran más ganosos.

La curiosa noticia se repitió ese fin de semana por toda la prensa regional del Biobío, y en febrero la publicó el diario

La Cuarta: "Alcalde fomenta natalidad con peluquería gratis".

Pronto llegó Chilevisión a ver el curioso pueblo. Y luego el matinal de TVN. En las redes sociales lo trataron de machista y otros de populista. ¡Por primera vez llegaba tanta prensa al pueblo!

La última vez que Trehuaco salió en las noticias había sido hace casi cuatro años, cuando un vehículo se estrelló con un caballo. Pero cuando llegó la TV se habían llevado el auto y el caballo y se perdieron su salto al estrellato. En cambio esta vez, con la noticia de la peluquería gratis, sí dieron en el clavo. Por fin aparecieron en la tele.

Así que revista Paula también llegó, claro.

Pero llegar a Trehuaco no es cosa de ubicarlo en el mapa y partir, porque es tan diminuto que no aparece en muchos GPS. Incluso siguiendo las indicaciones del RRPP me pasé de largo dos veces, porque Trehuaco no aparece en casi ningún cartel carretero. Y cuando por fin un letrero de plástico dice: "Trehuaco cuna de Lautaro" uno lo ve pasar tan rápido a 80 km/h que no sabe si anuncia la entrada al pueblo o a una fábrica de muebles rústicos.

Sin embargo, tras cruzar el largo puente sobre el río Itata –el segundo río más ancho de Chile– se entra a un valle rodeado por áridos cerros con plantaciones de pino, e inevitablemente se desemboca en lo que parece una calle en que los plátanos orientales se tocan la punta de sus ramas, haciendo de la avenida un túnel arbolado y sombrío donde a la hora de la siesta penan las ánimas. Cuando el conductor empieza a darse cuenta que "eso" es Trehuaco, ya se pasó de largo otra vez y hay que devolverse. Así de chico es.

–Por eso pusimos un semáforo –dice Luis Toledo, el parlanchín jefe de gabinete del alcalde– porque antes los camiones pasaban a 100 kilómetros por hora por la calle principal del pueblo. Ahora están obligados a detenerse.

En la noche los camiones madereros pasan a 80 kilómetros por hora por la calle Gonzalo Urrejola. Sin embargo, los seis carabineros del retén de Trehuaco, no suelen multarlos porque no tienen radar. Y tampoco perseguirlos, porque tampoco tienen furgón. Deben ser los últimos carabineros de Chile que andan a pie. Tienen que esperar que les presten un furgón de la comuna de Coelemu cuando deben dejar citaciones o llevar presos.

Me cuentan que un juez, que viene de vez en cuando de Concepción, recorre el pueblo a caballo.

–Podrían asaltar el banco– le comento a un lugareño pensando en la peligrosa desprotección del pueblo.

—¡Naaa! Acá es bastante tranquilo– dice el hombre que tiene un ojo como en tinta no sé si natural o adquirido–. El problema es que tampoco hay banco que robar.

No hay ni cajero automático. Ni una caja vecina. Ni bomba de bencina. Ni campanario de iglesia. Ni supermercado. Y hasta hace cuatro años, tampoco había siquiera una peluquería.

Trehuaco es un pueblo tan chico que no hay cajero automático. Ni caja vecina. Ni bomba de bencina. Ni supermercado. Y hasta hace cuatro años tampoco había peluquería.

Trehuaco es tan pobre que ni siquiera tiene plaza de armas. Lo más parecido es una punta de diamante que se forma en la intersección de aquel único semáforo.

—Esta es nuestra Plaza Italia —dice un cabro chico—, aquí celebramos los goles de Chile. O "hacimos" las protestas.

La "Plaza Italia" de Trehuaco mide apenas 20 metros cuadrados y tiene solo dos bancas maltrechas que miran al semáforo, no sé por qué, con pueblerina melancolía.

–Bueno, ¿y cómo es el cuento de la peluquería para fomentar la natalidad?– pregunto, volviendo al ataque.

Pero el RRPP, el jefe de gabinete, el alcalde, dan solo respuestas confusas. "Que es un invento estrella. Que es un logro comunal". Frases para el mármol, pero que se caen del monumento por falta de lógica.

–La cosa es que luego de salir en la TV fue increíble– cuenta la peluquera oficial del asunto, Patricia Morales Larenas, quien se convirtió en algo así como la rockstar del pueblo. Querida por algunas y envidiada por otras. Dice: Al otro día había una cola de gente esperando afuera, parecía que regalábamos plata. Todos querían cortarse el pelo. ¡Como nunca!

Ella hace de sicóloga del pueblo. Mientras las peina habla con las mujeres, las aconseja, oye sus problemas. Les echa una manito de gato y con eso, dice, les levanta el ánimo.

En el pequeño salón de la peluquería municipal gratuita apenas caben cuatro o cinco personas. Tienen solo dos sillones para cortar, un asiento para lavado y un secador. Y en ese mínimo espacio les cortan el pelo o peinan a entre 12 a 25 personas diarias. Mujeres y algunos hombres.

–¡Lo que es muuucho trabajo! –dice la coqueta y sonriente Patricia, quien atiende a 440 personas al año. Y agrega: Por suerte este año llegó Maribel para ayudarme.

Maribel Sanhueza se encarga de las tinturas y de los peinados. No le gusta cortar el pelo con las tijeras y la máquina. Quizás porque es media radical para sus cosas. Solo le gusta hacer trenzas y cortar el pelo al cero.

Pero lo de fomentar la natalidad con arreglos capilares no cuadraba por ningún lado. Las chicas de la peluquería solo contaban las bondades de su trabajo. El relacionador público no me sacaba un ojo de encima. El jefe de gabinete no dejaba de hablarme pero no me daba cifras. El alcalde me quería sacar a dar un paseo por la comuna. ¡Puras malas señales!

Bastaba solo revisar las cifras publicadas en el Portal de Transparencia del propio municipio para notar que la natalidad de Trehuaco no ha bajado. En el peor de los casos se acerca a la tasa normal de Chile de 13 por cada 1000 habitantes. Y luego, que la peluquera Patricia Morales lleva cuatro años trabajando a honorarios por el sueldo mínimo. Y que el programa Belleza de la Mujer ¡Fue creado en 2012! No en 2015 ni en 2016.

Plop. ¡Todo parecía un invento periodístico! Decidí llamar al periodista que publicó la primera nota en La Discusión de Chillán, Felipe Ahumada.

Estaba feliz. Nunca había logrado tanta repercusión nacional. Lo felicité por su golpe, pero cotejando los datos, le conté la verdad.

–¡Entonces me la vendieron entera! –dice Felipe Ahumada–. ¡A mí me contaron eso! El alcalde me dijo que propusieron esto a fines del año pasado al Concejo porque las mujeres estaban desmotivadas y con poco glamour y que era para subirles la autoestima para los maridos y todo el rollo de la falta de guaguas.

En realidad no era así. El Concejo aprobó la peluquería en mayo de 2012. Incluso un concejal cuenta que cuando oyó del proyecto le dio risa. "Peluquería gratis. En una de esas resulta", pensó.

La peluquera Patricia Morales había regresado de Santiago a Trehuaco tras el terremoto de 2010 y atendía en su casa en 2011. Estaba buscando trabajo, así que le vino como anillo al dedo cuando, en junio de 2012, abrieron el salón en una oficina del propio municipio y comenzó a trabajar.

En Trehuaco no solo la peluquería es gratis. El municipio tiene dos tractores que dan arado gratis. Un gásfiter que hace reparaciones en las casas de mujeres solas, gratis. Y un veterinario para mascotas y ganado, que atiende gratis también.

Por fin el jefe de gabinete admitió el invento.

–Esto es para ti nomás –me confesó por fin Luis Toledo– no para que lo publiques.

–Claro, seré una tumba– le dije.

–Un día estaba acá un periodista de Chillán en ese sillón –y me indica un sofá donde todos los días se reúne una docena de personas para pedirle al alcalde trabajo y ayuda– y habíamos inaugurado una sala cuna. Pero como los proyectos se demoran tanto en aprobarse, las guaguas ya habían crecido para cuando la sala cuna estuvo lista. ¡Y no teníamos guaguas para la foto!

–Así que decidimos hacerle una broma –agrega el alcalde Luis Cuevas en su oficina– y le dijimos que estábamos en una campaña que se llamaba "Una guagua para Trehuaco" y metimos en eso la peluquería y otras cositas… Porque los municipios chicos tenemos que aprovechar cuando viene la prensa...

Y así nomás fue: "peluquería gratis para fomentar la natalidad".

Cuando llamaron los programas de radio, los otros diarios y luego la televisión, ellos continuaron inflando el asunto felices y omitiendo algunos detalles.

La noticia era tan curiosa que a nadie le interesó mucho confirmar nada. O no quisieron contar la verdad; qué importa. A mí casi me hacen pisar el palito.

–No era para fomentar la natalidad –admite el alcalde Luis Cuevas–, sí para subirles la autoestima a las mujeres. Porque muchas, especialmente del campo, me decían que estaban con depresión, que no salían nunca de la casa, que la rutina las aburría. Así que con mi señora empezamos a conseguir cursos y talleres de todo tipo y entre eso, celebrando el Día de la Mujer en 2012 donde siempre se les da peluquería y manicura, pensamos ¿Y por qué no hacemos esto todo el año? Una peluquería gratis. Y ahí está poh, cuenta el alcalde, quien fue seminarista en los años 80. Lleva tres periodos consecutivos y este año va por el cuarto.

Al principio no pensó la repercusión que iba a tener. Pero fue tanto el éxito que tuvo que prohibir a las funcionarias municipales ir a la peluquería en horas de oficina, dice que para dejar cupo a las pobladoras.

Una noticia inventada puede parecer populismo y todo lo demás, pero el mayor mérito de Trehuaco es que hizo lo de la peluquería gratis mucho antes que el boom de las farmacias populares del alcalde de Recoleta, Daniel Jadue.

En ningún otro lugar de Chile hay todavía algo similar.

El propio alcalde Luis Cuevas se dio cuenta que lo gratis atrae prensa y votos como moscas. Así que adquirió dos tractores para dar arado gratis a los agricultores de la zona. La gente solo pagará el combustible y le hacen la pega de un mes, en un par de horas. Puso dos albañiles gratis para hacer arreglos pequeños. Un gásfiter gratis para hacer reparaciones en las casas de las mujeres solas. Un veterinario gratis para atender ganado y mascotas. Dos profesores gratis a domicilio para ayudar a los niños que van más atrasados en los cursos. Una panadería gratis, que trabajará con niños con síndrome de Down.

–Y ya estamos haciendo los papeles para inaugurar nuestra farmacia gratis, claro que sí– dice el alcalde Luis Cuevas lleno de entusiasmo.

Pero la gratuidad de Trehuaco tiene otra lectura, si se quiere, dramática. En el último ranking de comunas del Informe de Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo PNUD, de 2006, la comuna de Trehuaco salió penúltima entre las comunas más pobres de Chile. En el lugar 333 de las 334 comunas de Chile. Solo superada en desgracia por San Juan de la Costa en Osorno.

Antes no había peluquería porque ningún privado montó una. Por lo mismo en Trehuaco no hay banco, ni cajero automático. Ni bomba de bencina. Ni supermercado. Ni farmacia. Ni zapatería. Ni dentista. Ni veterinario. Ni muchísimas otras necesidades básicas. ¡Los pobres no son buen negocio!

El 70 por ciento de la población de Trehuaco vive en el campo y es pobre. Pero no es gente a pie pelado o con ropa rota, porque la pobreza actual según la definición del Informe del PNUD es precisamente la falta de servicios. Y el único que podría suplir esas carencias es el municipio.

Muchas mujeres que atienden Patricia nunca habían ido a la peluquería. Tres mil pesos en un corte de pelo es un despilfarro. Y 20 mil en teñirse las canas, algo impensable.

"Especialmente en el campo, las mujeres me decían que tenían depresión, que no salían nunca de la casa, que la rutina las aburría", dice el alcalde. antes de que se abriera la peluquería, muchas nunca habían ido a una peluquería.

Y, además, está el machismo campesino. Hablo con el matrimonio de Ruth y Juan en el sector de la Boca del Itata mientras limpian sacos de porotos codo a codo. Ella no ha ido a la peluquería gratis aún. Le corta el pelo una hija o una vecina. Juan dice que no la dejará ir a la peluquería municipal "porque ahí es puro copucheo y cahuín".

Pero apenas Juan se va, la tímida señora Ruth acodada en el escobillón, pregunta: "¿En serio que es gratis?".

Otra señora del campo, Marta Monsalves tiene el pelo encanecido y el rostro agrio. No va a la peluquería por consejo del pastor evangélico. Dice que las mujeres no deben ir a cortarse el pelo ni parecer coquetas. Que es pecado. Incluso en una radio AM han hablado pestes de la peluquería popular como obra de Satanás. Pero la radio recibe auspicio del candidato opositor.

–Claro que las cabras jóvenes van para callado– dice Marta.

Es probable. Es tanta la demanda en la peluquería que las chicas del liceo y del internado inventan cualquier pretexto para ir en horas de clases. Para las graduaciones está llena a rabiar.

Cuando aparece el camión de pagos del INP a pagar pensiones asistenciales y de emergencia, que son el ingreso de más del 30 por ciento de los 5 mil habitantes de Trehuaco, las mujeres que bajan del campo a pagarse, colman la peluquería. Traen a sus hijas e hijos.

Patricia Morales, la peluquera, cree que le iría mejor si abriera su propio salón.

–Y tal vez lo haga –dice–. Pero acá soy feliz. Eso de hacer algo sin cobrar llena el espíritu. ¿No le pasa a usted?

–No.

El veterinario gratis, Armando Aranela, dice lo mismo. Atendiendo caballos y vacas paridas con los pies embarrados, encuentra algo que no halla en su consulta privada de Chillán. Es más feliz por no cobrarle a esa gente tan pobre y creyente.

Los tractores gratis en Trehuaco seguirán; el par de albañiles gratis también; el par de profesores gratis y quizás qué otra nueva iniciativa gratis del alcalde.

Ya en la autopista, cuando dejo atrás la República Gratis de Trehuaco, piso el acelerador a fondo: necesito redbanc, Whatsapp, comida chatarra y pititos de TAG, TAG, TAG!!!

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