Moda consciente: “Ya no podemos entender el mundo desde donde lo entendían nuestros tíos o abuelos. Ese mundo está obsoleto”




Para la periodista y cosmetóloga Agusta Ordovas (25) son tres los factores que hacen que la suya sea una generación bisagra que rompe de manera drástica con las anteriores. En primer lugar, la diversidad cultural a la que hemos sido expuestos durante los últimos años producto de una mayor apertura del país. Segundo, las redes sociales, que según ella fueron fundamentales para dar cuenta de que existían otras formas de vida más afines a las necesidades actuales. Y, por último, una suerte de conciencia colectiva activada recientemente y cuyo fin es poner en duda y cuestionar todo lo que hasta ahora había sido impuesto e inamovible.

“Nos dimos cuenta de que no nos hacía sentido lo que nos habían dicho porque tuvimos la oportunidad de mezclarnos y de acceder a otras visiones del mundo. Empezamos a romper con ciertas estructuras, y ese quiebre no se puede revertir. Ya no podemos entender el mundo desde donde lo entendían nuestros tíos o abuelos. Ese mundo está obsoleto”, dice. Porque era un mundo en el que primaba la producción rápida por sobre los ritmos propios de cada proceso productivo. Y un mundo en el que no existía la conciencia de que cada acción individual tenía un peso y una repercusión a nivel social.

Es por eso que en 2018, luego de decidir volver a Chile tras años en España, donde actualmente residen sus padres, Agusta fundó Ruda Holística (@ruda_holistica), una marca de cosmética natural creada con productos locales y una plataforma educativa de belleza sustentable cuya propuesta es generar la menor cantidad de residuos en su cadena productiva y desmitificar lo que durante tanto tiempo nos han dicho desde la industria de la belleza. Es decir, una cosmética que lucha en contra de la homogeneización de las pieles y que busca gestarse desde la aceptación personal. “Nos han convencido de que lo que se sale del canon impuesto es un problema, y por eso hay una falta de educación respecto a nuestros propios cuerpos y nuestra piel. Nadie nos enseña que los poros, un concepto tan manoseado por el marketing, no se cierran. Nadie nos habla de que la piel come, bebe agua y se oxigena”, dice. “Nos cuesta entender que la belleza va mucho más allá de mejorar la apariencia física. ¿Por qué, en cambio, no hacemos el trabajo de aceptarnos?”.

Agusta tiene marcas en la cara producto de un acné quístico que tuvo de chica. Y aunque en su minuto hizo un tratamiento para deshacerse de ellas, recién ahora se siente preparada para habitarlas. “Me costó normalizar que se podía vivir una vida con cicatrices. Ahora, cada vez que puedo, las visibilizo, para que las personas que me piden asesoría sepan que es normal tener distintos tipos de pieles”, cuenta.

Desde ahí ha puesto en marcha su revolución, una cuyas trincheras son la piel y la salud hipodérmica, y que busca aunar el despertar de las mujeres y el cuidado del medioambiente. Como dice el nombre de su marca: una revolución holística. “Más que ir en contra de un sistema de consumo, lo que creo que hay que hacer es repensar la relación que las mujeres tenemos con nosotras mismas. El autocuidado como forma emocional y material. Ese es nuestro desafío”, señala.

Y es que a ella esta lucha le hizo sentido cuando se dio cuenta de que lo que consumía no se condecía con el resto de sus hábitos cotidianos. “Si ya comía bien y hacía yoga, ¿por qué no iba a cuestionarme si lo que me estaba poniendo estaba hecho a base de petróleo o plástico? Estaba viviendo una incoherencia y la pude conciliar porque tuve la suerte de rodearme de mujeres diversas, rebeldes y transgresoras, como mi mamá y mi abuela, que decidieron romper con lo tradicional y buscar alternativas no convencionales”, cuenta. “Las mujeres siempre hemos tenido una relación con las plantas y la medicina, porque históricamente fuimos las curanderas, las brujas y las médicas. Y guardamos en nuestra genética una memoria colectiva femenina. Todo lo que sé –y que quiero compartir con las demás– no viene de mí. Yo solo volví a abrir un baúl del recuerdo en el que estaban esos conocimientos ancestrales”.

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