Mujeres indígenas: Las más vulnerables frente al cambio climático son clave para combatirlo

En septiembre el Programa Originarias de ONU Mujeres Chile publicó un estudio que visibiliza cómo afecta el cambio climático a las mujeres de pueblos originarios del norte del país. Con los resultados en mano es posible dar cuenta de que justamente en los lugares en los que esta problemática está más instalada, se encuentra también la solución.




El entorno natural y el medioambiente son pilares fundamentales dentro de la cultura diaguita, el pueblo originario agrícola y ganadero que trabajaba la tierra del Norte Chico de Chile. Desde Los Andes hasta la costa de las regiones nortinas, esparcieron su cultura, cultivaron el maíz, mantuvieron rebaños y recolectaron frutos. Antes de la invasión Inca y de la posterior colonización de los españoles, desarrollaron una cultura apegada a la naturaleza, a la que rendía tributo permanente.

Tras haber casi desaparecido, actualmente el pueblo diaguita se reconstituye poco a poco en el Valle de Copiapó que los vio nacer. Sin embargo, se enfrentan a una nueva amenaza que avanza a gran velocidad por los valles desérticos. “Ya nos enfrentamos a una primera aproximación a la extinción. Con la llegada de los españoles, se rompió nuestra cultura y ahora estamos viendo una nueva amenaza en el cambio climático”, cuenta Kiriath Campillay, cacique y autoridad ancestral del pueblo. “Hoy la tierra está con dolores de parto. Por eso nos identificamos como mujeres, porque para parir experimentamos dolores inmensos. Son la sequía, el aire contaminado y la pandemia, algunos síntomas de ese dolor. Esto afecta a las mujeres diaguitas, porque al ser un pueblo matriarcal, somos nosotras las que nos conectamos con la tierra. Desde las piernas hasta el útero nos sube su energía. Y en este momento no nos está entregando la misma fuerza, porque se siente enferma”, dice.

Las mujeres experimentan con mayor severidad los efectos del cambio climático. Los experimentan en sus cuerpos, en los de sus hijos e hijas,en sus territorios y quehaceres cotidianos. Según ONU Mujeres, ante un clima cambiante, las mujeres y las niñas son las últimas en comer o en ser rescatadas y se enfrentan a mayores riesgos de salud y seguridad a medida que se comprometen los sistemas de agua y saneamiento. Esta situación se profundiza aún más en sociedades más pobres. Y aún más en comunidades indígenas.

“Esto pasa por el solo hecho de ser mujeres, porque precisamente nuestros derechos básicos siguen siendo negados en diversas formas e intensidades en todo el mundo. Especialmente en el Sur Global. Sabemos que la desigualdad de género reduce la movilidad física y económica, pero también la representación y las oportunidades de las mujeres en muchos lugares, haciéndonos más vulnerables a las crecientes tensiones ambientales y a las situaciones climáticas que presentan múltiples peligros”, plantea la poeta y escritora peruana, Rocío Silva Santisteban en el libro Mujeres indígenas frente al cambio climático publicado en 2019 por el Grupo de Trabajo Internacional para Asuntos Indígenas (IWGIA por sus siglas en inglés).

Actualmente, la sequía, las inundaciones y los patrones climáticos extremos presentan grandes desafíos para las mujeres. En esta línea trabaja el Programa Originarias de ONU Mujeres Chile, que identifica riesgos y vulnerabilidades frente al cambio climático reconociendo que esta condición de vulnerabilidad se exacerba aún más cuando se es mujer, indígena y rural. Esta triple condición fue la que motivó el desarrollo del estudio Vulnerabilidad de las Mujeres Indígenas del norte de Chile frente al Cambio Climático, en el que se presenta un análisis con enfoque de género de las percepciones de riesgo y vulnerabilidad ante el cambio climático de las mujeres indígenas de la macrozona del norte de Chile, específicamente en las regiones de Tarapacá, Antofagasta y Atacama.

La investigación aporta al menos dos lineamientos diferenciadores: el esfuerzo por comprender de manera integrada cómo los cambios en el medioambiente alteran las formas de vida tradicional y la participación directa de las mujeres en la investigación, identificando ellas mismas los ámbitos que han sido más afectados. “El estudio aborda la vulnerabilidad climática desde la perspectiva de las mujeres indígenas del norte del país, lo que hasta ahora había estado absolutamente invisibilizado”, dice María Inés Salamanca, Coordinadora de ONU Mujeres en Chile. Con miras a alcanzar las metas propuestas en la Agenda 2030 y así lograr un desarrollo sostenible, “tenemos un especial compromiso con las mujeres indígenas quienes, como principales transmisoras de saberes y prácticas culturales, tienen un rol significativo en las estrategias y acciones que deben tomar los Estados para alcanzar los objetivos de desarrollo sostenible”, agrega.

Yanet Challapa, agrónoma y miembro de la Comunidad Indígena Aymara de Ancovinto, cuenta que para ella la tierra tiene un significado físico espiritual que es fácil de entender pero difícil de describir. “Nuestra cultura Aymara concibe a la Madre Tierra como un ser viviente. El agua, los cerros, el viento e incluso el tiempo son respetados como parte de un todo vivo”, cuenta Challapa, quien formó parte del estudio asegurando que su pueblo está viviendo de cerca los impactos del cambio climático.

“Hay hermanas que llevan una vida practicando la medicina ancestral, pero hoy no es fácil encontrar plantas medicinales como antes, ya no se encuentran donde siempre estaban porque se secaron o porque se secó el río. Tampoco hay alimento para el ganado y ya no se puede llevar a cabo la recolección de alimentos silvestres. Cuando no hay lluvia o hay exceso de lluvia, se pierde la producción de quinoa, de papa, de habas, de choclo, de hortalizas. A veces, incluso, se las lleva el aluvión que arrastra también nuestras viviendas y cultivos. Dentro de este escenario es la mujer la más vulnerable porque en ella se depositan las fuentes de conocimientos ancestrales, de la medicina, la recolección, la siembra, la cosecha y la preparación de alimentos. Además de ser ella dadora de vida”, dice Challapa.

El estudio está enfocado en las regiones de más al norte del país, pero al igual que Kiriath Campillay en el Norte Chico, Rayen Cariman también ha sentido los efectos del cambio en el clima en la séptima región. Cariman es mapuche, vocera del Parlamento Indígena del Maule y miembro del Comité Asesor por la Acción Climática del Ministerio del Medio Ambiente. Originaria de San José de la Mariquina en Valdivia, vive en Talca, donde sigue de cerca cómo ha sido impactada esa zona. “Cuando se quema una iglesia en Francia vemos como todo el mundo llora, pero día tras día en el sur de nuestro país se van enfermando nuestros Pehuén y nuestras Araucarias. Nadie llora cuando se quema un árbol”, dice Cariman, asegurando que esto se debe a que no tenemos tanto apego a lo natural, como sí lo tenemos a aquello que ha construido el hombre.

“En el pueblo mapuche no vemos a la naturaleza como un bien y esa podría ser la mayor diferencia que tenemos con los no indígena. Nosotros vemos a la tierra como nuestra madre, aquella que nos sostiene y que hoy está enferma. Cualquier hijo haría todo lo humanamente posible para sanar a su madre y nuestro pueblo indígena quiere sanar a nuestra Ñuke Mapu”, agrega.

Felipe Santa María es el encargado de las relaciones institucionales de la presidencia COP25, cuyo enfoque está puesto en las comunidades y pueblos originarios del país. Cumpliendo este rol, ha creado lazos con diversas comunidades en todo el mundo, y asegura que el diagnóstico es el mismo en todas partes. “Cuando ves que el ecosistema y la biodiversidad sufren los efectos, esto afecta también a la mujer, que es la base en la cultura indígena en todo el mundo. El rol de la mujer es central en todas estas culturas. En este sentido, el estudio de ONU Mujeres evidencia cómo la variación de la temperatura, el clima, las lluvias, la sequía, van afectando, desde lo más básico, la vinculación con la naturaleza de los pueblos indígenas y en particular de las mujeres indígenas. Son ellas las que, muchas veces se hacen cargo de la siembra, la cosecha, la artesanía, los animales. Incluso, hay algunas mujeres que ven este impacto energético y en la naturaleza en sus ciclos menstruales y su fertilidad. Es por eso que esto tiene un efecto en la cultura, en la tradición e incluso en el crecimiento de la familia. Cuando la mujer indígena se ve afectada, eso tiene un impacto en toda la familia”, dice Santa María.

La respuesta en los conocimientos de la mujer indígena

“En la mayoría de las culturas las mujeres han sido las guardianas de la biodiversidad. Ellas producen, reproducen, consumen y conservan la biodiversidad en la práctica de la agricultura. Sin embargo, al igual que todos los demás aspectos de su trabajo y su saber, su contribución al desarrollo y a la conservación de la biodiversidad se ha presentado como un no-trabajo y un no-conocimiento”, dice la física, filósofa y escritora India, Vandana Shiva en El saber propio de las mujeres y la conservación de la biodiversidad.

Las mujeres indígenas y campesinas son quienes le hacen frente al cambio climático desde sus prácticas cotidianas y desde su cultura del cuidado. Es por esto que el estudio de ONU Mujeres Chile se enfocó en las formas de vida de las mujeres indígenas en el norte de Chile, buscando un patrón que pueda extrapolar estrategias adaptativas tradicionales que podrían servir de aprendizaje para otras zonas del país. “Las formas de vida tradicionales son más respetuosas con el medio ambiente y logran un mejor equilibrio con los hábitat donde se encuentran. Es fundamental aprender sobre estas estrategias para poder avanzar en la adaptación a nivel nacional y al mismo tiempo visibilizar las formas de vida tradicional”, cuenta Anahí Urquiza, investigadora del Núcleo de Estudios Sistémicos Transdisciplinarios de la Universidad de Chile (Nest), quien formó parte del estudio.

Reconociendo que los conocimientos de las mujeres indígenas son un componente indispensable en las acciones para la mitigación y adaptación al cambio climático, el estudio se construye a partir de sus propias voces y define cuál es el riesgo climático que ellas perciben para sus familias, comunidades y territorios. “A partir de este primer paso de co-construcción de conocimientos con enfoque de género respecto al cambio climático y sus manifestaciones en el territorio, el estudio plantea el desafío de integrar a las mujeres indígenas en espacios de política pública valorizando sus conocimientos experienciales y ancestrales”, dice María Inés Salamanca.

Asimismo, el estudio pone especial foco en el peligro de la expansión de la escasez hídrica en estas regiones, evidenciando una problemática a la que hoy se enfrentan de cerca los más vulnerables, pero que amenaza con avanzar en todo el territorio. Así lo ha experimentado Kiriath Campillay en Copiapó, donde asegura que los torrentes de los ríos han cambiado. “Para nuestro pueblo Diaguita es muy importante como símbolo la rana: representa el agua, la purificación, la fluidez, la transparencia y la vida misma. Hoy no hay ranas. Tampoco hay agua. Esas conexiones se van perdiendo, y con ello, los mensajes”, dice.

Algo similar ha experimentado Rayen Cariman en el sur, donde solía cultivar sus propios alimentos, preocupándose de la nutrición de su familia con frutas y verduras sin agentes químicos. “El agua antes corría libremente. Ahora no es libre. Y esto no es algo que ocurre únicamente en la séptima región, está pasando en todo nuestro territorio. Antes cultivábamos nuestros alimentos, teníamos una huerta y nos auto sustentábamos. Hoy es imposible regar esas huertas. Y finalmente, quienes se ven afectados por esto son siempre los más vulnerables y es la mujer la que terminará arreglándoselas para buscar el agua para sus familias. Es una triple discriminación ser mujer, ser indígena y ser pobre”, cuenta Cariman.

“Estos tradicionales roles de cuidado en sus familias y comunidades, cómo les afecta la salud a sus miembros, el deterioro de los medios de subsistencia y la obligación a modificar las actividades económicas que les permitían el sustento diario. El cambio climático impacta directamente en las cargas de trabajo cotidiano de estas mujeres, en la presión emocional que implica cambiar los modos de subsistencia, e incluso migrar en algunos casos en la pérdida de sentido de pertenencia y lazos comunitarios, afectando las relaciones en las que se encuentran inmersas”, dice Anahí Urquiza.

El estudio de ONU Mujeres Chile es una primera aproximación a esta problemática que adquiere cada vez más relevancia. Gracias a la investigación científica y la colaboración con organismos internacionales y estatales, se ha permitido visibilizar estos problemas y comenzar a generar información relevante para enfrentar los nuevos desafíos. “Sin embargo, esto es aún incipiente, todavía no conocemos bien cómo está afectando a las diferentes comunidades. Además de la caracterización de los problemas necesitamos desarrollar espacios de diálogo que permitan incorporar la visión de las propias comunidades frente a las respuestas y esfuerzos de adaptación a las nuevas condiciones ambientales. En este sentido en nuestro país además de abrir los espacios debemos mejorar la institucionalidad, para así favorecer el involucramiento de las comunidades en las decisiones de los territorios que habitan”, dice Urquiza.

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