No tomo anticonceptivos

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Columna de Catalina Infante Beovic. Editora, escritora y una de las dueñas de Librería Catalonia.




Paula.cl

"Dejé de tomar anticonceptivos hace tres años. No porque quiera ser mamá, mi reflexión fue otra: tomo pastillas hace quince años y eso no puede estar bien. Cuando le expliqué esto al ginecólogo me trató de ignorante. Pero, aunque no tenga conocimientos médicos, soy mujer, así que insistí: no puede estar bien tomar hormonas por casi quince años de tu vida. No por nada hay una serie de estudios que asocian la ingesta de la píldora con casos de cáncer, trombosis y depresión.  Pero más allá de si el daño que producen es o no comprobable, las dejé también por otra razón: quería conocer la forma en que funciona realmente mi cuerpo.

Comencé a tomar pastillas en la adolescencia, como muchas, para prevenir el embarazo. Desde entonces las tomé sagradamente durante quince años sin cuestionar. Solo dos veces en mi vida intenté dejarlas, pero los efectos secundarios en un cuerpo acostumbrado a las pastillas (reglas irregulares, acné, la terrible posibilidad de quedar embarazada) siempre terminaban volviéndome loca y me hacían regresar corriendo a la comodidad de la píldora. Para mi "suerte" además las pastillas hacían de mi regla algo "fácil", sin dramas, dolores ni atrasos.  De alguna manera esa situación práctica me acomodaba porque en general la sociedad, los ginecólogos y la publicidad, te hacen pensar que todo lo asociado al ciclo menstrual es algo terrible y negativo, (por algo le dicen "estar enferma").

Pero de pronto la idea de no saber cómo funcionaba mi cuerpo (si era capaz o no de ovular, cómo eran mis ciclos o si tenía síndrome premenstrual) me hizo sentir ajena a mí misma. Hace años que vivo un proceso de auto conocimiento, de intentar entender lo que significa realmente ser mujer en todas sus complejidades, siempre desde la propia experiencia y no desde lo que nos dicta el mundo. Por lo mismo, el hecho de tomar hormonas para controlar mis ciclos dejó de hacerme sentido, así que las dejé. Es contradictorio, porque desde su invención los anticonceptivos llegan a la vida de la mujer como una promesa de libertad o de salud. A muchas les alivia enfermedades o una relación tortuosa con su periodo (en muchos casos todo lo contrario) y para la mayoría es un método de prevención de embarazo que –en un país sin aborto legal además– resulta fundamental. Yo en lo personal comencé a ver las pastillas como algo invasivo, una forma de control del cuerpo femenino en que las mujeres asumen toda la responsabilidad de la prevención del embarazo a costa no solo de nuestra salud, sino de desconectarnos de nuestro propio cuerpo, acostumbrándonos a una relación con nuestro ciclo ajena a la realidad.

Debo confesar de todas formas que tomar la decisión de dejar las pastillas no es nada fácil. Desintoxicar y volver a equilibrar mi cuerpo me costó más de dos años. En muchos sentidos es tentador y mucho más "fácil" tomar pastillas, pero para mí fue más importante aprender a entender mi cuerpo tal cual es, dejar de ver al ciclo menstrual como una enfermedad terrible con síntomas que hay que palear, vivirlo como algo inherente a la mujer y entender que esos cambios físicos y emocionales dentro del mes tienen una razón y un sentido. Pero sobre todo, liberarme de la idea de que estoy obligada a asumir tomar toda la responsabilidad frente a la prevención del embarazo a costa de mi propia salud".

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