Paula

Aurora Gutiérrez Mamani: De profesión, artesana

De acuerdo al último Censo, un 11,5% de la población en Chile se identifica como perteneciente a un pueblo originario y más de la mitad son mujeres. Esta es parte de una serie de entrevistas que rescatan la voz de mujeres aymara -el pueblo más numeroso después del Mapuche-. Todas ellas son herederas de la tradición textil de Isluga, un poblado ubicado en el altiplano del extremo norte, a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, que es considerado la cuna de la textilería aymara.

Fotografía: Carolina Vargas y Lydia González.

“Cuando me siento en el telar a trabajar artesanía, lo hago con mucho pensamiento de lo que yo viví antes. Y eso me enorgullece como persona”, dice Aurora Gutiérrez Mamani (47), y sus ojos negros brillan cuando cuenta su historia; se llenan de lágrimas. Nacida en Bolivia, pero radicada hace más de veinte años en Pozo Almonte, es reconocida por ser una acérrima defensora de su hacer. “Por eso, si a mí me dicen que tengo que ir a la punta del cerro por mi artesanía, a la punta del cerro voy a ir”, asegura.

Fotografía: Carolina Vargas y Lydia González.

Esta tarde, con los cerros de Pozo Almonte a sus espaldas, Aurora cuenta que lo que es hoy, en gran parte se lo debe a las costumbres que la rodearon cuando niña. “Mi mamá y mi abuelita me enseñaron a tejer a palillo las piezas de cama, todo lo que fueran gruesos”, cuenta. A ellas, en cambio, las veía tejer en telar de cintura o cuatro estacas diseños complejos, como el aguayo y la inkuña. “A mí no me enseñó eso, no me dijeron Aurora ven, Aurora mira y aprende esto’”. Quizás, dice, era porque tenía que destinar el tiempo a otras tareas. “Yo era la que tenía que pasear los corderos, los animales”, recuerda, y como solo tenía nueve años cuando falleció su papá, no alcanzó a aprender de él cómo trabajar el tejido en telar de dos y cuatro pedales que solían manejar exclusivamente los hombres para tejer su propia ropa: pantalones, vestones, chalecos.

Con el paso de los años, cuando llegó a vivir a Chile, Aurora aprendió a tejer en el telar a pedales y se convirtió en una experta textilera. Sin embargo, quedó con la espinita de no dominar el telar de cintura que con maestría trabajaban su mamá y su abuela. Por ellas, por retomar el saber de sus mujeres antiguas, dice, hoy quiere aprender. Y para eso ha ido tomando los talleres de tejido tradicional aymara que Artesanías de Chile ha venido haciendo en 2021 en Pozo Almonte. “Cuando niña mi abuelito me decía: ‘esto va a ser tu trabajo, porque un día yo me voy a morir y tú vas a saber’”, recuerda Aurora, y sus ojos negros brillan nuevamente.

Fotografía: Carolina Vargas y Lydia González.

“Mi abuelita miraba a los cerros y a los animales, y hacía el tejido igual. Yo le decía: ‘¿cómo hago la chaleca abuelita?’, y ella me decía: ‘Mira al llamo. Lo tienes que hacer igual’. Si los animales eran de dos colores o tres colores, yo tenía que hacer lo mismo. Esas son cosas que me quedaron. Son cosas que cuando uno quiere, busca mantenerlas vivas. Y yo quiero mi trabajo porque también era el trabajo de mis antepasados”, reflexiona.

Más allá de la memoria, el amor de Aurora por la artesanía pasa también por las puertas que su oficio le ha abierto; un camino que la ha llevado a una nueva valoración personal. “Es muy grande para una traer ingresos a tu casa con tu trabajo. Porque yo no tengo estudios, ser artesana es mi profesión. Y poder traer con esto a mi casa ingresos para mí es muy maravilloso. Sentirme persona, sentirme mujer. Poder darles a mis hijos, que si necesitan algo yo poder decirles: ‘toma’. Eso me mueve a decirles que este trabajo no tiene que perderse. Y ese es mi sueño: sacar adelante a mis hijos. Y también para poder dejar este trabajo a ellos”.

La tarea está cumplida con Katherine, la mayor de sus hijos, quien desde niña sabe tejer. Pero falta Jonathan, de quince, y Josué, el más chico. “Algún día ellos llegarán con señora, me las traerán y yo les podré enseñar lo que sigo aprendiendo, porque uno de repente se muere y yo digo: ‘no me voy a llevar esto a la tumba’”.

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Este testimonio es parte del libro Herederas de Isluga, publicado en 2021 por Fundación Artesanías de Chile (@artesaniasdechile), que recopila 18 historias de artesanas Aymara de la Región de Tarapacá. Todas ellas comparten una sabiduría donde se funde su relación con la naturaleza y sus ritmos vitales: son herederas de la tradición textil de Isluga, un poblado ubicado en el altiplano del extremo norte, a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar, que es considerado la cuna de la textilería aymara. Por el valor de estas historias, estos testimonios son rescatados por Paula.cl.

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