Cómo el estrés impacta al deseo y afecta nuestra vida sexual




En marzo de este año la Universidad de Medicina de Anhui, en China, realizó el primer estudio preliminar respecto a cómo se estaba viendo afectada la sexualidad de las personas –emparejadas y solteras– durante la pandemia mundial. Los resultados, que se publicaron en abril, revelaron que de las casi 500 personas encuestadas –el rango de edad iba de los 18 a los 45 años–, un 27% había visto una disminución en su deseo sexual. Tan solo un 18% de los hombres y un 8% de las mujeres reportaron experimentar un aumento en su deseo. A su vez, se determinó que un 37% del total de los encuestados había disminuido la frecuencia de sus actividades sexuales. De los hombres casados, un 36% dijo haber disminuido su frecuencia y de las mujeres casadas, un 28%.

El estudio sentó las bases para los que vinieron después y en todos, en mayor o menor medida, se ha determinado que la sexualidad y el deseo se han visto fuertemente afectados por la contingencia. A nivel nacional, un estudio realizado en abril por el centro Mi Intimidad, destinado a orientar con respecto a la disfunciones sexuales, dio cuenta de que un 64,6% de los encuestados en Chile había visto perjudicada su vida sexual durante el periodo de la cuarentena.

El estudio consideró a varios grupos de interés. Por un lado parejas estables que viven juntos; parejas que están pasando la cuarentena separados; y personas solteras. En el primer caso, como explica la kinesióloga experta en sexualidad y directora de Mi Intimidad, Odette Freundlich, lo que más se ha visto es un agotamiento constante, por las nuevas circunstancias a las que se han tenido que enfrentar especialmente los que son padres o viven con familiares y una tendencia hacia la agudización de las dificultades que ya existían de antes en la pareja.

En cuanto a las parejas que no comparten un hogar, han recurrido a los medios tecnológicos para darle continuidad a la relación. “En estas parejas el vínculo no se ha visto tan deteriorado. Han utilizado los medios para estimular la creatividad y el erotismo y cada uno ha tenido el espacio para poder hacer sus propias cosas y también un espacio para vincularse. Ahora, cuando están frente al computador, no les queda otra que comunicarse. Entonces incluso se ha visto intensificada o profundizada la comunicación. Es una vinculación desde otro punto de vista”, explica Freundlich.

En el caso de las personas que no tienen pareja, lo que ha visto la especialista es que han aprovechado el tiempo para indagar y resolver sus propias dificultades.

Aún así, por lo que más han consultado sus pacientes mujeres en estos últimos tres meses ha sido por la anorgasmia y dificultad de alcanzar el orgasmo; el dolor sexual y la dispareunia -o coito doloroso-; y la dificultad en la lubricación y excitación. Sus pacientes hombres han consultado por la eyaculación precoz, la disfunción eréctil y el estrés de rendimiento. En ese sentido, como explica Freundlich, dado que el deseo ha disminuido y en algunos casos hay menos privacidad, el encuentro sexual no ha tenido el tiempo que requiere para que sea placentero. “Si no se permite que la respuesta sexual produzca todos los cambios físicos y emocionales requeridos, entre ellos la lubricación, esto deviene en un encuentro sexual doloroso, una falta de excitación y placer y, por consecuencia, una diminución en la excitación orgásmica. Termina siendo un círculo vicioso, porque eso a su vez hace que haya menos deseo”, dice. “Además de lo que se está viviendo en la casa y las situaciones altamente estresantes que se dan en lo cotidiano en este contexto, lo que más está afectado es la sensación de incertidumbre. El no saber qué va pasar o cuándo”.

Y es que, como explica la sexóloga y Presidenta del Instituto Americano de Sexología, Karen Figueroa, en cualquier situación de estrés nuestro cuerpo automáticamente libera cortisol, una hormona producida por la glándula suprarrenal que actúa como inhibidor de la función sexual y cuya producción incide directamente en nuestra sexualidad: el cortisol implica que se presenten dificultades en la respuesta sexual, tanto en la lubricación como en la erección de clítoris o del pene. “Por los estudios que se han hecho de manera preliminar en estos meses, se podría decir que la situación de estrés e incertidumbre que estamos viviendo se manifiesta y se visibiliza directamente en nuestra sexualidad. Es posible que el número de personas que vean afectada su sexualidad se acerque al 70%, solo que no para todos necesariamente va ser de manera negativa”, explica. “Pero sí hay una gran diferencia respecto a la vivencia de la sexualidad antes y después de la pandemia”.

Como explica la especialista, esto es problemático únicamente si la pareja lo plantea como tal. “En una pareja que está siendo feliz teniendo relaciones sexuales una vez al mes, no habría nada que reparar ahí. Pero si esa misma pareja lo reporta como una baja frecuencia o insatisfacción, ahí se presenta una dificultad. Cuando hay una incompatibilidad en el deseo habría que recurrir a terapia de parejas de índole sexual, con los ejercicios y tareas propias de este tipo de terapias”.

La psicóloga clínica y sexóloga Cristina Valdés San Martín señala que el deseo sexual está íntimamente relacionado a la salud mental, además de factores relacionales, corporales y emocionales. “Por eso, en periodos en los que hemos sido expuestos a nuestras propias vulnerabilidades y hemos sido sometidos a altos niveles de angustia, estrés y ansiedad, nuestra sexualidad se ve afectada”, explica.

Y es que, según la especialista, generalmente se habla de un modelo lineal de la respuesta sexual, en el que se considera en primer lugar el deseo, luego la excitación, el orgasmo y la resolución. Pero en el modelo cíclico, que considera el contexto, el deseo emerge si las circunstancias son las adecuadas. Es decir, si hay una motivación suficiente como para responder a ese deseo. “Esto no tiene que ver con que se alcance o no el orgasmo. Esto tiene que ver con que si hay una buena relación y puedo encontrar en mi intimidad un espacio que me permita fortalecer la relación, va a existir una mayor predisposición al encuentro sexual y a responderle a ese deseo. Por lo contrario, el deseo puede estar, pero no existe la motivación suficiente como para desarrollarlo”, explica. “A esto también se le puede sumar el miedo al contagio y la gestión de crisis propias de las parejas -si es que se está en pareja- en estos tiempos complejos. El miedo no es una emoción que favorezca el deseo”.

Odette Freundlich explica que lo más importante en esta etapa es entender que lo único que no debemos hacer es exigirnos en cuanto a frecuencia o prácticas sexuales. “Si se quiere ser creativos y experimentar, fabuloso. Pero no hay que exigirse frente a la supuesta necesidad del otro. Además, hay que saber que el deseo sexual no es algo espontáneo. Uno no nace con el deseo implícito, es algo que se trabaja cognitivamente”.

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