Confinamiento por cuarentena: Por qué estar con otros es importante




Todos necesitamos de un momento a solas. Una pausa que puede ser solo de minutos o quizás un poco más larga, pero que nos sirve para pensar en aquellos temas que nos agobian y que con distractores externos no podemos ver con claridad. O simplemente para descansar y estar con uno mismo. Y es que, al parecer, son estos momentos los que hacen del reposo uno más reconfortante.

Así lo demostró la encuesta en línea The Rest Test, elaborada por Hubbub –un grupo internacional de académicos, artistas, poetas y expertos en salud mental– para investigar qué significa realmente el descanso. Luego de que más de 18.000 personas de 134 países respondieran una serie de preguntas, los resultados indicaron que para llegar a ese estado, más del 50% de las personas necesitan estar solos. Además, leer –actividad que también se hace de manera individual– ocupa el primer lugar.

Sin embargo, estos momentos a solas tienen, o más bien deberían tener, un límite. Porque el ser humano está configurado para funcionar en sociedad y, por consecuencia, se podría decir que la mejor versión de sí mismo es cuando está en contacto con los demás. Por eso, por muy tentador que resulte el panorama de pasar un tiempo a solas, la recomendación es preocuparse de no convertirlo en algo habitual.

“Dejando de lado la reproducción material de la vida, que claramente necesita de terceros, está la otra dimensión que tiene que ver con la forma en que las personas producen un sentido de integridad o plenitud que, pese a que nunca es total ni cabal, nos permite construir nuestra identidad. Y en este último punto, el ser humano como ser relacional cumple un rol fundamental”, explica el sociólogo del Centro de Investigación en Ciencias Sociales y Juventud de la UCSH, Carlos Durán.

Según el especialista, esta dimensión se abarca desde dos miradas. “Una tiene que ver con el sujeto auto configurado. Es decir, un sujeto racional que se constituye como un yo y que tiene la capacidad de pensar, sentir, observar y que no depende de otro entorno para ser alguien. Sin embargo, creo que esa forma sería compatible con instancias de soledad. La segunda manera de entenderlo, que para mí es más adecuada, se relaciona con asumir que nuestra identidad está formada en la relación con los otros. Que la interacción con el otro, entendiéndolo como el conjunto de sujetos que viven en la sociedad sean próximos o no, configura la identidad. Tiene que ver con cómo me miran, cómo me asumen y cómo yo me voy configurando con mis grupos de referencias”, agrega.

El problema, entonces, es que cuando estamos solos por un largo periodo de tiempo –como el que estamos viviendo en pandemia– nuestra propia identidad tiene dificultades para configurarse. “Cuando estamos en soledad no es que estamos solos con nosotros mismos, sino que el yo se empieza a romper. Todos los seres humanos le buscamos un sentido a la vida y esa respuesta la encontramos vinculándonos con un otro”, explica Durán.

Además de lo favorable que es la compañía y la interacción con terceros para la percepción de nuestra identidad, diversos estudios han demostrado que quienes tienen relaciones satisfactorias son más felices e incluso tienen menos problemas de salud y viven más. En un informe del año 2010 publicado en The Journal of Health and Social Behavior, las investigadoras de sociología de la Universidad de Texas en Austin, Debra Umberson y Jennifer Karas Montez, señalaron tener evidencia consistente y convincente que vincula una baja cantidad o calidad de lazos sociales con una serie de condiciones, incluido el desarrollo y empeoramiento de enfermedades cardiovasculares, ataques cardíacos repetidos, trastornos autoinmunes, presión arterial alta, cáncer y curación lenta de heridas.

Pero no solo afecta en la salud fisiológica, sino que la falta de interacciones sociales también daña la salud mental. Emma Seppala, del Centro de Investigación y Educación sobre la Compasión y el Altruismo de Stanford, y autora del libro de 2016 The Happiness Track, escribió: “Las personas que se sienten más conectadas con los demás tienen niveles más bajos de ansiedad y depresión. Además, los estudios muestran que también tienen una mayor autoestima, una mayor empatía por los demás, son más confiables y cooperativos y, como consecuencia, otros están más abiertos a confiar y cooperar con ellos”.

¿Es, entonces, la soledad de la pandemia una que dejará secuelas? “Hay un momento de introspección que es muy necesario, siempre y cuando sea voluntario. Pero cuando el individuo es sustraído obligatoriamente o por circunstancias como estas, el sentido de la vida y la auto percepción de uno mismo se comienza a perder porque no estamos interactuando. Lo más delicado es que como el hombre y la mujer somos animales de costumbre, ocurre que comenzamos a adaptarnos a nuevos escenarios y eso, en algunos casos, no es positivo”, dice Carlos Durán. “Este tiempo de plena anormalidad y sustracción hará que cuando volvamos a salir, nuestra configuración va a estar alterada. Porque el estar solo, independiente del nivel de satisfacción que esto produce, genera efectos complejos”.

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