Dentro de una consulta de sexo tántrico
Invitando a construir el deseo con conexión, respiración y presencia, la práctica del tantra es cada vez más explorada como una alternativa para enriquecer la vida no solo desde lo sexual, sino desde el bienestar integral personal y de la pareja.
Quienes vieron Sex & The City recordarán la escena en que la pudorosa Charlotte arrastra al famoso cuarteto de amigas a una clase de sexo tántrico para aprender a “complacer a tu hombre”. Fiel a su estilo, la serie convierte la experiencia en parodia. Y no es un caso aislado: al ser poco conocido y, además, vincularse a un tema todavía tabú como la sexualidad, el sexo tántrico suele moverse entre caricaturas, ideas erradas y cierta aura de misterio. Lo suficiente como para que pocos sepan realmente de qué se trata.
A Sol Contreras el tantra le llegó por otro lado. Tenía 32 años cuando, después de sentir molestias en el pecho tras tener relaciones sexuales, empezó a buscar respuestas. Hoy es terapeuta y facilitadora tántrica, pero en ese momento lo que encontró fue una práctica de sexualidad consciente que no se parecía en nada a lo que había visto o escuchado antes. Más tarde, un episodio de salud que paralizó su vida la llevó a profundizar en la autorregulación tántrica como una forma de reconexión personal. Ahí empezó a entender el tantra no solo como una vía de bienestar integral, sino también como el camino en el que quería emprender.
Aunque suele asociarse al erotismo, muchas veces envuelto en un halo místico, el sexo tántrico –que consiste en la realización de un ritual previo al acto sexual– apunta a algo distinto. Como explica Sol se trata de una práctica integral que tiene sus raíces en corrientes del pensamiento hinduista vinculadas al desarrollo espiritual y filosófico, y que surgieron, en su origen, como una forma de contracultura.
“No es que el tantra sea sexualidad. Hay ejercicios que se pueden hacer en estado de excitación o desnudos con la pareja, pero el fondo de la práctica tiene que ver con autoexplorarnos, entender qué nos pasa y descubrir partes de nosotros que no conocemos”, explica Sol. De hecho, en uno de los textos más difundidos sobre esta corriente, de las 112 prácticas que se proponen, apenas seis o siete podrían considerarse sexuales. El resto apunta al autoconocimiento mental, energético y emocional.
Lo que pasa en la consulta
A la consulta de Sol llegan a diario personas o oarejas interesadas en este tipo de trabajo. La mayoría son hombres de entre 35 y 40 años que buscan “algo más” en su vida sexual: desde salir del hastío de lo convencional, hasta abordar disfunciones o, simplemente, explorar nuevas formas de vincularse consigo mismos y con sus parejas.
En el caso de quienes llegan en pareja, las motivaciones van desde la clásica búsqueda por mejorar la vida sexual, en términos de conexión y entendimiento; ganas de reavivir la llama, complacer al otro mejor y salir de la rutina. También hay parejas más recientes que, aunque funcionan bien en lo afectivo, sexualmente no hacen match.
Muchos llegan con la idea de que esto va a ser algo sexual inmediato. “Y lo primero que hacemos es bajar el ritmo”, dice Sol. Hay quienes llegan tensos, con instrucciones en la cabeza, y se sorprenden cuando lo primero que se les pide es, simplemente, respirar. También hay quienes se confunden, dice Sol. Y es que cuando ella masajea el cuerpo, lo hace de manera suave, por lo que si la persona experimenta placer es natural, incluso que tengan una erección o eyaculación espontanea. Pero ese no es el objetivo de los masajes y por lo tanto sus años de experiencia le permiten “resolver esos malos entendidos”.
“Es una práctica que busca el bienestar en su sentido más amplio: un cuerpo relajado, una mente en calma y emociones en equilibrio. Más que provocar euforia, lo que se experimenta es una sensación de tranquilidad, como si todo se ordenara un poco más por dentro”, dice.
Una vez en la consulta, la escena puede variar, pero suele comenzar así: una sala tranquila, luces bajas, instrucciones mínimas. No hay apuro ni un guion rígido. Más bien, una invitación a explorar.
Desde el enfoque de Sol, las dinámicas se ajustan al tipo de experiencia que busca cada pareja. Algunas optan por una clase teórico-práctica de tres horas; otras, por un masaje guiado, donde la intuición tiene más espacio que la intervención de la facilitadora, permitiendo que la pareja finalice la sesión como estime conveniente. También están quienes eligen un masaje simultáneo, realizado por terapeutas, como una forma de compartir una experiencia sensorial conjunta, o incluso, explorar anhelos voyeristas.
Para quienes llegan solos o solas, la oferta es similar: masajes, clases, practicas de auto-toque consciente. Todo con el objetivo de “llevarte a una nueva manera de lidiar con tu sexualidad. Aprender a acumular mas energía en el cuerpo, intensificando así la experiencia de la sexualidad”.
Sol explica que en la práctica el tantra se vive de formas muy distintas. “Mucha gente piensa que el masaje tántrico tiene que incluir los genitales, que hay que estar excitado o que debe haber eyaculación u orgasmo. Sobre todo cuando es en pareja. Pero no. Un masaje tántrico no es más que un masaje con plena conciencia. Idealmente se recorre todo el cuerpo, pero no es una obligación”.
En ese contexto, el tantra deja de centrarse exclusivamente en lo erótico y se abre a una experiencia más amplia, donde cuerpo, mente y emociones dialogan en un mismo plano. Lejos de la lógica del rendimiento y sus resultados, es el proceso el que cobra sentido, dando paso a beneficios que no se agotan en la intimidad, sino que se extienden al bienestar en general.
“Es un trabajo integral, porque el tantra, en lo sexual, deja nuestra esencia en evidencia. Y al practicarse desde el cuerpo, esa materialidad permite sentir”, explica Sol. Entre los efectos que observa en quienes lo practican menciona la reducción del estrés, una mayor concentración, mejoras en la respiración y, sobre todo, una relación distinta con el proceso, no solo con la excitación.
Por dónde empezar
Más que una técnica, el tantra se aprende en la experiencia. No se trata de alcanzar un estado ideal ni de “hacerlo bien”, sino de incorporar pequeñas prácticas que permitan habitar el cuerpo y el encuentro desde otro lugar.
- El sexo tántrico puede practicarse tanto en solitario como en pareja. En el primer caso, el foco está en la autoexploración y el reconocimiento del propio cuerpo; en el segundo, en la conexión y sincronía con el otro.
- Antes de comenzar, es clave preparar un espacio adecuado: disponer de tiempo sin interrupciones, elegir un lugar cómodo como una cama o el suelo con colchas, y generar una atmósfera que invite a la relajación, con música, aromas, velas o luces tenues.
- Si se practica en pareja, se recomienda definir roles, quién guía y quién recibe, para facilitar la entrega y evitar distracciones.
- Sobre la respiración: debe ser suave, profunda y constante, si es en pareja, pueden sincronizarla apoyando una mano en el pecho del otro para inhalar y exhalar al mismo ritmo.
- Caricias lentas y sutiles, priorizando la relajación por sobre la excitación inmediata: un cuerpo relajado permite que el placer circule con mayor intensidad.
- La estimulación genital no es el punto de partida, sino el final. El énfasis está en recorrer el cuerpo completo, en percibir la respiración, el olor y la presencia del otro, transformando el encuentro en una experiencia sensorial más amplia.
- Si es en solitario, la invitación es a observar el propio cuerpo, con o sin espejo, moverse sin apuro y prestar atención a las sensaciones que emergen. A medida que aparece la excitación, en lugar de buscar una descarga inmediata, se propone trabajar con esa energía, movilizándola a través de la respiración, imaginando que asciende desde los genitales hacia la cabeza y al exhalar, distribuirla por todo el cuerpo.
“Porque, en el fondo, no se trata de llegar a algún lugar en particular”, dice Sol. “Más bien es aprender a quedarse: en el cuerpo, en la respiración, en lo que está pasando”. Algo que —para muchos— no es tan evidente como parece.
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