Mi mascota y yo: la perrita que transformó la soledad en hogar
Lo que partió como un sueño de infancia postergado terminó convirtiéndose en un vínculo profundo: junto a Hilaria, una perrita diva y regalona, Alicia encontró compañía, propósito y una nueva forma de habitar la soledad. “Me llena por completo, es mi todo”, dice.
Desde pequeña Alicia Candia anhelaba tener una mascota. No era un gusto pasajero, sino un deseo persistente que se fue intensificando con las visitas a la casa de una tía que tenía muchos perros. “Mi sueño siempre fue tener uno, pero a mi papá no le gustaban”, cuenta.
Parte de su frustración la canalizó en Hilario, un perro de peluche con un tupido pelaje crespo color negro que debe su nombre al santo correspondiente al día del cumpleaños de Alicia. No respiraba ni ladraba, pero le daba la compañía que tanto deseaba: “Aunque suene extraño, ese peluche me marcó. Fue mi compañero cuando yo quería tener un perrito y no podía”.
La infancia y adolescencia de Alicia transcurrieron en Chiloé. Los años pasaron y cuando se mudó a Santiago y empezó a vivir sola decidió que era el momento perfecto para cumplir su sueño de la infancia. Así apareció Hilaria –nombre inspirado en su peluche de la infancia–, una pomerania que llegó con tres meses a la vida de Alicia.
“Fue todo muy rápido”, recuerda. Mientras terminaba las gestiones para traerla, su casa se transformó. “Empecé a comprarle sus cositas: su camita, correa, snacks, comida y contraté un servicio de decoración con globos para su bienvenida”. La persona que la crió llegó con desconfianza, pero al abrir la puerta, algo se quebró. “La chica se puso a llorar cuando vio la decoración”, recuerda Alicia emocionada.
Cuando la puerta se cerró y quedaron solas, Alicia reconoce que fue extraño: “Era la primera vez que yo tenía una mascota. No sabía cómo cargarla, pero estaba feliz”.
Poco a poco, fue construyendo una conexión con Hilaria y su vida comenzó a tomar propósito. “Antes de que llegara, sentía que los días pasaban y no tenían ningún sentido, nada distinto. Por hartos años me quedaba encerrada en mi casa, había días en que no salía y me quedaba acostada mirando la tele”, recuerda.
Hilaria le dio un vuelco a la vida de Alicia. “Siempre fui solitaria. Ahora pienso que lo que yo no quería, quizás, era estar con humanos. Con un perrito es distinto porque no te hablan ni nada, es amor todo el rato”, reconoce. Fue así como esta nueva compañera la impulsó a salir y conocer nuevas personas. Hoy, participan de grupos donde se juntan perros pomerania y sus cuidadores: “No nos perdemos de nada”.
Alicia describe a su perrita como “una diva”. Asegura que Hilaria se da cuenta del estilo de vida que llevan y se aprovecha de eso: “Ella se cree el cuento”, dice.
Dentro de los caprichos de la pequeña Pomerania se encuentra un closet lleno de ropa, perfume y un auto rosado a control remoto que utilizan principalmente para hacer fotos para redes sociales.
Alicia sabe que para algunas personas el estilo de vida que lleva con su perrita puede ser “excesivo”, pero fueron muchos años los que el deseo de una mascota quedó contenido en su imaginación, así que es también una manera de saldar esa deuda con la niña que fue. Cada prenda, cada accesorio y cada gesto es una forma de celebrar ese sueño postergado y de agradecer, en lo cotidiano, la compañía que tanto anheló.
Fue tres semanas luego de su llegada cuando Alicia se dio cuenta de que el vínculo con su perrita era más fuerte que cualquier cosa. Habían salido a pasear e Hilaria encontró una colilla de cannabis en el piso. Sin que Alicia lo notase en el momento, la perrita la tomó y la mordió. Al llegar a casa algo andaba mal: “Estaba totalmente drogada. Se tambaleaba, no se podía el cuerpo, empezó a vomitar, estaba ida”.
La llevó de urgencia y quedó hospitalizada. Esa noche Alicia volvió sola a la casa. “Lloré tanto que mi cara estaba desfigurada de hinchazón”, recuerda. En ese momento entendió que Hilaria era su familia: “Fue un shock tan grande, que me hizo darme cuenta que que la iba a necesitar por toda mi vida”.
La familia de Alicia vive en su natal Chiloé, por lo que Hilaria es su único apoyo emocional en Santiago. “Somos solamente las dos, estoy todo el día con ella. Me llena por completo, es mi todo: mejor amiga, cómplice y mi hija”, asegura. Y agrega entre risas: “No necesito a nadie más, ni siquiera quiero hombres en mi vida, porque ella cumple todo”.
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