Nuestras lectoras preguntan: Mis padres se separaron después de los 70 años

No es fácil atravesar una separación y definitivamente, no hay un momento ideal para hacerlo. En una sociedad tan centrada en la juventud, poco se habla de los cambios importantes que ocurren en la vida adulta. Replantearse la vida a una edad más avanzada puede resultar desafiante, pero no es el fin del mundo. Reencontrarse con uno mismo puede ocurrir a cualquier edad y los hijos, aunque pueden acompañar e incentivar, no deben confundir su rol.




LA PREGUNTA:

Mis papás se separaron a sus 75 años. ¿Qué se hace ahora? ¿Cómo apoyarlos en su reinvención en la tercera edad?

Luciana, 43 años

LA RESPUESTA

El envejecimiento es una etapa natural de la vida y por tanto, hablar más de ella nos permitirá ampliar nuestra mirada y derribar prejuicios al respecto. “Durante nuestra trayectoria de vida, todas las personas vamos experimentando una serie de cambios físicos, psicológicos, económicos, emocionales y sociales, que pueden ser vividos como pérdidas, y que por lo tanto implican un desafío personal”, explica la psicóloga de Patagonia Care (@patagoniacare), Ingrid Ruz Uarac.

En personas mayores cambios como la partida de los hijos o la jubilación constituyen eventos que impactan, entre otras cosas, en la relación de pareja. “Estos hechos ponen a prueba la relación, y en ocasiones, dejan en evidencia la falta de comunicación, de intereses y actividades en común; la falta de amor, el aburrimiento mutuo, y otras situaciones que se han sostenido en el tiempo por los hijos, la presión social e incluso religiosa. Lo cierto, es que la separación en la vejez indudablemente genera mayor incertidumbre, miedo y angustia que en otras etapas; por lo mismo, cuando se toma, es una decisión que ha sido largamente meditada y obedece a una profunda convicción de que estarán mejor separados”, argumenta Ruz.

Respetar la decisión de los padres

Quizás para los hijos resulte desconcertante la separación de los padres a una edad más avanzada, pero es importante no asumir un rol parental con ellos y dejarlos experimentar sus propias decisiones. “Hay sentimientos compartidos de pérdida y luto familiar, sin embargo, es la pareja la que se está disolviendo, los padres seguirán ejerciendo ese rol. Ayuda recordar, que se trata de dos personas que decidieron emparejarse y hacer una vida juntos, asumiendo diversos roles durante su vida, pero sin dejar de ser dos seres humanos distintos, con intereses, sueños y necesidades individuales, que muchas veces se ven postergadas por el cuidado de los hijos e hijas.

Estos últimos, deben respetar la decisión, independientemente si la comparten o no; y darse espacios para hablar acerca de los sentimientos que esto les genera. Es válido preguntarles a los padres directamente: ¿cómo quieren que los apoyemos en este proceso?, en vez de imaginar o suponer qué es lo mejor”, aconseja la psicóloga.

Y los padres, mantener el corazón abierto

En las rupturas no hay recetas universales. “Una separación, como todo proceso de duelo requiere su tiempo, y es algo muy personal. Más importante que pensar en volver a enamorarse, es reencontrarse con la vida, la capacidad de sentir placer, confiar y aprender a disfrutar de estar con uno mismo, y con las cosas simples. Como consecuencia de la separación, la persona estará más disponible para vivencias nuevas, pero esto no es tarea de los hijos, y en este aspecto muchas veces se produce una confusión de roles, y se olvida que los padres, independientemente de su edad, son adultos autónomos”, concluye Ingrid.

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