Labores domésticas en cuarentena: “Nunca había peleado tanto con mi marido como este mes”

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"Nunca había peleado tanto con mi marido como este mes que hemos estado en cuarentena". Francisca Alvarado (43), es enfática en su declaración. Cuenta que lleva 15 años con su pareja y como cualquier otra, ha tenido altos y bajos. Pero esta vez es cuando más tensa ha estado la relación. Tienen un hijo de 2 años y ambos trabajan fuera de la casa. Él es abogado y trabaja en una oficina a tiempo completo y ella es psicóloga. Y, aunque no tiene un horario fijo, algunos días va a su consulta y otros hace clases en una Universidad. "Suelo pasar más tiempo en la casa que él. Y si bien tenemos una persona que nos ayuda a cuidar a nuestro hijo, cuando ella no está, soy yo la que me hago cargo mayoritariamente. Él igual participa, pero como llega más tarde, no está en el proceso de la comida o el baño", cuenta.

En estas semanas en que ambos han tenido que estar en la casa, él se encierra en el escritorio y es ella la que se hace cargo de todo lo demás. "Obviamente tengo más carga porque igual estoy haciendo algunas consultas y clases online, además de que tengo que hacer las cosas de la casa y de nuestro hijo. Y aunque antes muchas veces cuando mi marido estaba en el trabajo yo hacía lo mismo que ahora, no me daba tanta rabia como la que he sentido estas semanas", dice. "Quizás tiene que ver con que él está acá y su presencia hace evidente las diferencias".

Lo que comenta Francisca tiene que ver con una construcción de género que durante el confinamiento se ha hecho evidente. "La realidad efectiva demuestra que las dinámicas familiares han cambiado durante la cuarentena y ese cambio se evidencia en una repartición poco equitativa de las labores domésticas y de cuidado que implican una sobrecarga para las mujeres", dice Verónica Aranda, Doctora en Ciencias sociales, especialista en estudios de género y políticas públicas.

Antes de la pandemia, de acuerdo a las encuestas de uso de tiempo de la Cepal, las mujeres de la región destinaban a las actividades de trabajo doméstico y de cuidado entre 23 y 42 horas a la semana. En Chile la última encuesta de uso del tiempo ENUT, estableció que las mujeres utilizan 5,8 horas al día en trabajo doméstico no remunerado, frente a 2 horas en el caso de los hombres.

Y según datos de la Unesco, el 30 de marzo de este año, 37 países de la región cerraron las escuelas dejando a 113 millones de niños, niñas y adolescentes en sus casas para prevenir la extensión del virus. "Todas estas cifras demuestran que existe una sobrecarga para las familias que han tenido que juntar en el mismo espacio físico sus roles públicos y privados y que, por una división sexual del trabajo, esa sobrecarga recae principalmente en las mujeres".

¿Qué pasa con los hombres?

La pandemia además ha tenido una repercusión en la economía. La Cepal estableció una caída del PIB regional en un -5,3% y se proyecta una recesión profunda que va a tener un impacto en el desempleo: 12 millones de personas en América Latina.

Carla Rojas, coordinadora de inclusión y género del Observatorio de Gestión de Personas de la Facultad de Economía y Negocios de la U. de Chile, dice que "en sociedades como la nuestra la mujer tiene una construcción de género relacionada con la reproducción y el hombre a la producción. Así lo señala Silvia Federici en su texto El patriarcado del Salario. Allí, Federici dice que nuestra falta de salario o precarización de éste ha hecho que no solo nosotras como mujeres nos veamos afectadas con esto. El hombre en su espacio de privilegio igual sufre las demandas de la explotación laboral en el sentido de que para ellos no es fácil no poder cumplir con ciertas expectativas económicas y laborales cuando tienen a cargo a una familia".

Y esa presión se ha visto aumentada durante la pandemia. "En estado de emergencia como el que estamos viviendo todas las instituciones fallan. El Estado porque no puede garantizar una salud y condiciones mínimas de vivienda y alimentación, y también han fallado las empresas e instituciones que con los despidos masivos generan temor en sus trabajadores. Y el temor a perder el trabajo es para los hombres mucho más complejo que para las mujeres, porque el fracaso para un hombre –según los estereotipos de género– está relacionado con el trabajo. Ellos han sido criados entendiendo que el éxito masculino se asocia a lo laboral y económico", dice Carla.

Si a eso le sumamos que actualmente los hombres están habitando un espacio que no les ha sido el propio, como es el doméstico, se genera una fuerte tensión familiar. Rojas agrega que "los hombres no han sido educados en su mayoría para cuidarse a sí mismos y cuidar a otros, no han construido su masculinidad de esa manera y por tanto, durante la cuarentena, han estado obligados a estar en casa y trabajar desde la casa, desdibujando las fronteras de lo público y privado, y tensionando los distintos roles dentro del hogar. Se sienten incómodos y suelen evadir, dejándole toda la responsabilidad de las tareas domésticas, de crianza y cuidado a la mujer".

"Tenemos una masculinidad que no se va a adaptar rápidamente a estos cambios y que va a seguir con naturalidad la distribución inequitativa de esos roles. Porque culturalmente siempre ha sido así. Nos falta aprender como sociedad a construir ese espacio, porque no tenemos elementos históricos, políticos y formativos que nos ayuden en esta situación de pandemia a esa redistribución", agrega Aranda.

Entonces, ¿puede la construcción de la subjetividad masculina que está basada en la dominación, en una estructura jerárquica y binaria, comenzar a deconstruirse después de esta experiencia de confinamiento? "Podríamos verlo como una oportunidad, pero para que pase se requiere de trabajo y una continuidad sistemática en el tiempo. Es la única manera de construir una nueva forma de relacionarnos unas y otras", concluye Aranda.

Y es justamente lo que espera Francisca: “Después de muchas peleas estamos en ese proceso, entendiendo que esta es una situación excepcional, pero que ha demostrado que, al menos en lo doméstico, no hay igualdad entre hombres y mujeres. No es que hayamos descubierto la rueda, pero esta situación fue como una cachetada en la cara que nos obligó a darnos cuenta que nos molesta, tanto a él como a mi, y que tenemos que intentar avanzar hacia roles más compartidos en la casa. Porque ahora es una pandemia, pero mañana puede pasar cualquier cosa”.

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