Tirarse a la piscina

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Producción: Belén Muñoz y Dominga Sivori Fotos: Max Lagos Asistente de fotografía: Víctor Gandolfo Posproducción: Caro Salamanca Maquillaje y pelo: Marcelo Bhanu




Créditos foto destacada: Natalia: Bikini H&M, $11.990. Vicenta: Traje de baño Tricot, $19.990. Ximena: Traje de baño H&M, $16.990. Victoria: Top Beth, $16.990. Calzón Beth, $16.990.  

El traje de baño es, sin duda, una de las piezas de vestuario femenino que más han marcado el imaginario colectivo a través de las décadas. Con escenas imborrables que lo han tenido de protagonista en la pantalla grande -como el bikini blanco de Ursula Andress en Dr. No- y en la pantalla chica -los clásicos uniformes de lycra rojos y tiro alto que les daban esas piernas interminables a las mujeres de Baywatch-, se trata de una prenda que no está exenta de polémicas.

En el 2016 Francia inició un debate global cuando algunos balnearios prohibieron el uso de burkinis

-trajes de baño usados por mujeres musulmanas para cubrir completamente su cuerpo- en sus playas y piscinas públicas. Y es que más allá del choque cultural o de las libertades religiosas, el traje de baño es una pieza de vestuario que a lo largo de la historia ha causado reacciones controvertidas.

Para algunas, mientras más pequeño sea, mejor. Para otras, el traje de baño es una prenda que obliga a mostrar demasiado. Y es que en un país en el que, según cifras publicadas el año pasado por La Rebelión del Cuerpo, un 84% de las mujeres declara no estar conforme con su figura, vestirse con un recorte de tela elasticada, ceñida al cuerpo y que en el mejor de los casos solo cubre el torso, puede ser un acto que requiere gran valentía. En esta editorial dedicada al verano y los trajes de baño, cuatro mujeres de distintas edades y profesiones reflexionan acerca de sus experiencias y aprensiones en torno a esta emblemática prenda y la aceptación que requiere el acto de ponerse un traje de baño del tamaño, color y estilo que sea.

Natalia Holvoet (34) es licenciada en arte y si bien toda su formación académica ha sido vinculada a lo artístico, su foco desde muy temprano ha estado puesto en la moda y la confección. "Con los años he aprendido a aceptar que no hay un traje de baño que me quede perfecto, y eso está bien. Con la ropa es distinto porque la hago yo misma y me preocupo de que sean piezas que se ajusten a mi cuerpo y no al revés", explica. Pero la realidad para la mayoría de las mujeres es que la producción masiva de ropa ofrece modelos estándares y esto hace que, en el caso de una prenda tan ajustada como el traje de baño, sea aun más difícil encontrar uno que realmente quede bien. "No trato de cambiar quien soy para así calzar en la prenda, pero con los trajes de baño estoy un poco perdida y tengo que conformarme con lo que ofrece el mercado, que no siempre está pensado para cuerpos delgados y rectos como el mío. Cuando he encontrado marcas y modelos que sí se ajustan a figuras como la mía me he comprado varios de una sola vez".

Vivir con un cuerpo que no encaja en la norma puede ser difícil, sobre todo cuando se es joven. Para la mayoría de las mujeres la aceptación es un proceso que toma tiempo y experiencias de vida. Victoria Allende (32) es artista visual, pero se dedica a tatuar hace casi 4 años. Y cuenta que desde que era niña su cuerpo ha sido fuente de complejos y cuestionamientos. "Hay una incomodidad que provoca el propio cuerpo física y emocionalmente. Como me gusta el arte, empecé a dibujarme y a fotografiarme mucho. Eso me ayudó a despojarme de miedos y a trabajarlos. Fue casi una terapia psicológica", recuerda. Luego vino la pasión por los tatuajes, lo que la hizo cambiar por completo su percepción del cuerpo. "Ya había asumido muchas cosas y me sentía cómoda, pero relacionarte con muchos cuerpos distintos a diario -yo tatúo entre 4 y 5 personas al día- es impactante, porque ves cómo cada uno carga con el suyo de forma distinta". A pesar de que reconoce que hasta el día de hoy tiene inseguridades que no ha resuelto, las acepta como una parte de sí misma y no como un impedimento para hacer cosas fuera de su zona de confort. "Durante mucho tiempo tuve un trauma con mi cuerpo, sobre todo de la cintura para abajo. No iba a la playa ni a la piscina. Ahora si bien el traje de baño que uso es lo más pin-up posible, igual me lo pongo", aclara. "Amo mi cuerpo, lo acepto y lo asumo. Pero tengo trancas, y eso es parte inevitable de cargar un cuerpo".

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Vicenta: Traje de baño Beth, $39.990. Natalia: Bikini Itziar Swimwear, $36.000. ximena: Bikini Itziar Swimwear, $34.000. Tapado Leidiro, $73.900[/caption]

Vicenta Mendoza (26) es diseñadora gráfica, y para ella el traje de baño tampoco está exento de incomodidades. "Me encanta el agua y bañarme en la piscina o en el mar. Pero hay lugares en los que me siento más cómoda que en otros, porque creo que a veces el cuerpo de la mujer es sobresexualizado. Como me desarrollé rápido y en el colegio era la más alta de mi curso a veces me sentía rara. El chileno es muy mirón y eso a veces incomoda", cuenta. A pesar de que acepta su cuerpo como es y se siente a gusto, opta por usar trajes de baño más deportivos, en parte por comodidad y en parte también porque prefiere usar prendas que no llamen la atención. "No estoy sobre un escenario dando una conferencia, no es una instancia en la que quiera que me estén mirando".

Cuando a Ximena Rodríguez le propusieron participar en esta producción de fotos en traje de baño, respondió advirtiendo que tiene 76 años. "Es que la piel se pone muy fea -explica-, pero dije que sí". Su principal problema no era el traje de baño, sino el horario: podía coincidir con las clases de baile a las que asiste religiosamente todas las mañanas. Y es que a casi tres años de los 80, como describe ella su edad, el cuerpo y la apariencia física no son un tema. "Soy bailarina y he trabajado con mi cuerpo por años, así que perdí el pudor hace rato. Además, en este rubro uno se pasea mucho desnuda por los cambios de vestuario, entonces estás acostumbrada a que te vean con poca ropa".

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Natalia: Traje de baño Etam, $49.990. Vicenta: Bikini Itziar Swimwear, $34.000. Tapado Cosima, $120.000.[/caption]

Ximena partió bailando tarde, a los 33. Fue madre tarde, a los 39. Dice que lo ha hecho todo a destiempo y que le gusta que haya sido así. "Me siento muy orgullosa de ser así. Una yegua chúcara". Cuenta que la primera vez que intentó estudiar danza fue a los 18, pero no quedó. "No me aceptaron en la academia por vieja, pero fui tan machaca que a los 30 y tantos lo logré. Yo a esa edad no me tomaba el rechazo como algo negativo, era una guerrillera, así que eso me alentó a perseguir con más ganas lo que quería". Para Ximena, el cuerpo es una herramienta que le permite hacer lo que le apasiona. Por eso lo ha cultivado por años a través del flamenco y la danza contemporánea. "Cuando joven era la más maceteada de todas las bailarinas, porque era caderona. Tenía un cuerpo bonito, pero nadie me podía levantar en un lift. A pesar de eso, siempre me he aceptado como soy. Sigo siendo la más gruesa de mis compañeras, pero nada es tan grave como uno cree".

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Ximena: Traje de baño Itziar Swimwear, $36.000.[/caption]

"Es muy difícil encontrar algo que te haga ver perfecta según lo que tú quieres, a no ser que tengas un cuerpo demasiado increíble. Pero eso no es real", dice Natalia.

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Natalia: Bikini Agua de Coco, $54.990. Polera Tierra Amarilla, $27.000.[/caption]

"En la publicidad rige un canon muy fuerte, pero una tiene que convivir toda la vida con su cuerpo, entonces mejor tratar de desenrollarse y llevarse mejor con una misma", dice Vicenta.

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Ximena: Traje de baño Beth, $36.990.[/caption]

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Natalia: Bikini H&M, $11.990.

Vicenta: Traje de baño Tricot, $19.990.

Ximena: Traje de baño Calzedonia, $49.990.

Victoria: Top Beth, $16.990. Calzón Beth, $16.990.[/caption]

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Victoria: Top Beth, $16.990. Calzón Beth, $16.990.[/caption]

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Vicenta: Traje de baño Itziar Swimwear, $36.000.[/caption]

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