Todos Santos, pueblo mágico

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Relato de un viaje de Trinidad Id (@trini_id). Publicista de profesión y ex productora de moda, con estudios en fotografía (Parsons NY) y redacción creativa (NYU). Actual directora de la agencia de marketing digital Chok Chok Social, radicada en Nueva York.




Paula.cl

El mesero de un restorán argentino me mira esperando a que me acerque a ver el menú de la entrada. Estoy en el casco antiguo de San José del Cabo en México. Ando como tonta recorriendo las callecitas coloniales donde los banderines de fiesta mexicana cruzan la calle desde lo alto, de punta a punta. Tengo hambre. Mucha. Un vuelo "red eye" –como le dicen los gringos a los viajes que son durante la noche–, me tiene cansada, feliz y lista para devorarme un ceviche de pescado. Le pregunto dónde se puede comer rico. Él me dice "pues aquí mismo" y yo le digo "no, no me entendió… ¿dónde se iría usted ahora a comer con sus amigos?".

Me mira y me da las indicaciones para salir del casco antiguo y llegar a dos puntos de encuentro de locales para amantes de los tacos y de los mariscos. A "El Paisa" fui debido a su popularidad, pero los tacos cuya opción de proteína es solo carne a la parrilla no van conmigo, ya que no como carnes rojas desde los 13 años, por ninguna razón especial ni afán político o religioso.

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El destino me lleva a una carpa que se parece a las de las fondas. Afuera reza "El Toro Güero". Entro y me siento dichosa en las sillas de plástico con logos de bebida. El menú plastificado brilla ante mis ojos con precios que parecen un chiste de baratos (más para quien vive en Nueva York hace dos años, como yo). Ahí se destacan hermosas palabras como "Cerveza Pacífico", "Ceviche de pescado" y "Guarnición de aguacate". Ordeno los tres anteriores solo para mí, y después de terminarme absolutamente todo, y con esa sensación de amar y valorar lo latino, pago una cuenta absurda que, con propina incluida, supera levemente los 5 mil pesos chilenos.

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Mi segundo viaje a Los Cabos, en Baja California, ratificó el amor inusual que siento por esta zona. Sin tener las playas más cristalinas del mundo ni los parajes más exóticos, esconde, sin duda, uno de los pueblitos más especiales de este país. Y si bien todos debiésemos pasar un día por el casco antiguo de San José del Cabo –y ojalá entre medio omitir Cabo San Lucas, el punto de atracción de la mayoría de turistas y gringos que quieren seguir sintiéndose en Estados Unidos pero untando tortilla chips en verdadero guacamole–, el lugar donde todos debiesen detenerse es en Todos Santos, Pueblo Mágico.

Una hora al norte del popular y, para mí, prescindible Cabo San Lucas, Todos Santos es ese pueblito playero joven, relajado y alegre que su con arquitectura colonial nos recuerda que fue fundada en 1724 y que su espíritu jovial no le quita historia. Ubicado en la Península de Baja California, en medio de la sierra y el desierto, su ecosistema es tan particular que se siente como un oasis y un respiro inspirador en medio de parajes áridos. Con abundante producción de paltas y mangos, da pie para ir en casi cualquier época del año en busca de un buen clima, pero es en la temporada de lluvias –entre julio y agosto–, cuando Todos Santos se convierte en un pueblo fértil y en extremo verdoso, donde los mangos abundan y ruedan por las callecitas de adoquín.

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Sus habitantes defienden su tierra a muerte, y el rumor de que el gigante americano que construyó el hostel de moda, San Cristóbal, se quiere apoderar de las costas de Todos Santos y transformarla en un Cabo San Lucas II, es la pesadilla que a veces interrumpe el placer que es vivir en ahí.

Una mezcla demográfica interesante, donde, si bien el español es la lengua predominante, no pasa inadvertida la colonia americana hippie que se instaló, alejándose de sus natales California o tierras texanas, sin interés alguno de volver.

Aquí se conocen casi todos: gringos y mexicanos. Son amables con los turistas, y se les ve temprano almorzando ceviche fresco con micheladas y tortillas en el bar Compa chava, también tomándose un trago en medio de los turistas en el clásico Hotel California o haciendo comunidad en el siempre visitado y hermoso Café La Esquina. Ahí, por precios módicos su staff de mexicanas de tomo y lomo te pasea por un exquisito menú que va de desde brunch a comida, con especiales del día. También se pasan las noches después de un día de playa y surf, con música en vivo y fiestas hasta la madrugada.

Si bien Todos Santos tiene varios rincones inolvidables para hospedarse, el amor que Jenny Armit (famosa diseñadora británica de interiores) le pone a su querido Hotelito lo convierte en mi favorito. Ubicado a pasos de la playa así como del popular Café La Esquina, está inspirado en la arquitectura y estilo de Luis Barragán, y su look atrae a quienes no persiguen tendencias, sino autenticidad. Entre desayunos mexicanos y esos huevos poblanos que solo se logran en tierra mexicana, Jenny se pasea con su pelo colorín desde temprano y discute la calidad del café del día con su staff  "No compremos más de este, sigamos con este otro", les dice en un español que aprendió en Madrid, y también se da tiempo para sacar a pasear a sus mascotas, que en este caso son su caballo Valentín y sus tres cabras, donde "El Chapo" es un favorito. Los huéspedes nos sentimos en casa y gozamos con las suite con patio privado, que me hacen soñar que vivo en México. Mi terraza tiene hamacas y sillones que miran a un hermoso patio, donde abundan buganvilias en medio de paredes fucsias y lilas.

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Mientras corro en las mañanas naranjas y celestes en medio de este pueblito dormido –que cruzo en 15 minutos de punta a punta con trote lento–, pienso: "Todos Santos, Pueblo Mágico" y entiendo cómo un lugar tiene la patudez de bautizarse así.

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Volar: hacia San José del Cabo International Airport, arrendar auto ahí mismo (recomiendo Cactus Car Rental, muy económico) y subir una hora hacia el norte por la Península de Baja California hasta Todos Santos.

Dormir: con piscina, terrazas, desayuno incluido y playa a distancia caminable, Hotelito es la combinación perfecta precio-calidad. También están las carpas del Hotel Pachamama y, en el centro, el Hotel California.

Imperdible: ir a Balanda Beach, un paraíso y joyita entre los locales. Una hora y 15 minutos al norte de Todos Santos, camino a la ciudad de La Paz.

Mejor época: siempre es buen momento para ir a Todos Santos, pero entre julio y septiembre es cuando está más verde y caluroso, y en octubre es full temporada baja.

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