El crecimiento de Bumble, la app de citas que rivaliza con Tinder

Bumble y Tinder comparten un nombre en común: Whitney Wolfe, quien fue cofundadora de Tinder, la app de citas más popular del mundo, de la que también fue su vicepresidenta, antes de crear Bumble.

La aplicación donde sólo las mujeres pueden tomar la iniciativa crece en Chile y en el mundo. Impulsada especialmente por la pandemia, este año contabiliza 42 millones de usuarios y está valorizada en US$ 14 mil millones. ¿Cómo es la app? Aquí, algunas usuarias cuentan las historias que han tenido gracias a ella. "Chile es un mercado con potencial”, asegura Samantha García, directora de marketing para Latinoamérica de Bumble.


Aunque desde el inicio de internet existían servicios para citas, no fue hasta el surgimiento de Tinder, en 2012, que el fenómeno se masificó. Hoy se sabe que en el amanecer de esta app que impulsó los match y los swipes y revolucionó el romance en la era digital estuvo involucrada la misma persona que después crearía y lideraría Bumble, uno de sus principales competidores de Tinder en la actualidad.

Whitney Wolfe Herd (32), ejecutiva que en Tinder, habría sido responsable de varios logros de marketing, desde inventar el nombre hasta conseguir que la aplicación penetrara en campus universitarios. Alegando diferencias con otros ejecutivos, en 2014 dejó Tinder y —en sociedad con el empresario ruso Andrey Andreev— fundó Bumble, una aplicación similar pero donde las mujeres toman la iniciativa.

En la práctica eso se traduce a que, tras hacer match, solo ellas pueden iniciar una conversación. A eso se le suma otra regla: deben hacerlo en un plazo de 24 horas, característica que probablemente se creó para que los swipe a la derecha (manifestación de que te gusta el perfil que estás viendo) tuvieran más importancia. El resto funciona igual que otras app de citas, con opciones como buscar según rango etáreo, ampliar la distancia de búsqueda y verificar tu perfil con una selfie. Además, tiene una versión premium de pago que permite, entre otras cosas, cambiar la ubicación o saber a quién le gustas.

Es en su característica original, la de instar a las mujeres a que tomen la iniciativa, donde está la clave de su éxito. Según cifras de la compañía, ya cuentan con más de 42 millones de usuarios globales y en algunos mercados, como el estadounidense, avanza a paso firme gracias a la pandemia, capturando el 20% del mercado. Desde que la empresa se abrió a la bolsa -donde fue valorizada en US$ 14 mil millones- Wolfe Herd, su CEO, pasó a convertirse en la billonaria “self-made” más joven del mundo.

Las acciones de Bumble Inc, el operador de la aplicación de citas, subieron más de 76% en su debut en Wall Street, en febrero de este año, logrando una valoración de 14.000 millones de dólares.

En Chile, pese a que la aplicación se podía descargar desde hace algunos años, sólo en el último tiempo ha tomado vuelo, especialmente impulsada por la pandemia, donde según estudios, la gente aumentó sus tiempos en apps de citas. Consultados sobre cifras de crecimiento acá, en Bumble solo entregan cifras globales, afirmando que en Latinoamérica hay una tendencia a la alta en el uso aplicaciones de cita, particularmente en México y Brasil, y que Chile “es un mercado con potencial”. Samantha García, directora de marketing para Latinoamérica, dice que en el caso de Chile han “observado un creciente número de mujeres que han decidido dar el primer paso en los últimos años”. Añade que “el reto está en impulsar que más y más mujeres den este primer paso cada día, particularmente en el contexto cultural latinoamericano, en donde, en relaciones heterosexuales, es el hombre quien habitualmente inicia el contacto”.

Independientemente de que las cifras sean reservadas, cualquiera que baje la app, al menos en Santiago, puede darse cuenta que tiene movimiento y crece. Aunque aún está lejos de tener el caudal de usuarios de Tinder, en algunos círculos se usa bastante. La diseñadora Francisca Vidal (29) cuenta que desde que la empezó a recomendar, todas sus amigas se cambiaron de Tinder a Bumble. Conoció la aplicación cuando partió la pandemia, al ver una entrevista a su creadora en YouTube y le gustó que encontró perfiles de gente cercana.

“Me llamó la atención que tenía más resguardo de datos, lo de tener que iniciar la conversación para abrir el diálogo y que no te puedan mandar fotos”, dice Francisca ante un tema sensible: estadísticas indican que una de cada tres mujeres recibe fotos no solicitadas, por lo que desde 2019 Bumble usa Inteligencia Artificial y pone borrosas las fotos de desnudos que se envíen mediante su chat. “Tiene cosas que te dan seguridad”, añade. Y valora que se le entregue la iniciativa a la mujer: “Puedes detenerte a pensar por qué, a veces, haces match sin querer. En otra app pasaba mucho que hacía match y nadie hablaba. Esta opción te obliga a hablar y al hombre le da seguridad de que quieres hablar con él también. Aparte, en Bumble hay menos gente, entonces estás menos expuesto”.

Javiera (no es su nombre real y ha pedido reserva, 31 años, actriz) conoció a su novio por Bumble, programa que bajó por recomendación de una amiga. Le gustó que el match desaparezca por sí solo en caso de arrepentirse y le pareció que había gente más adulta en comparación a Tinder. No encontró mayores diferencias en cuanto a temas de seguridad. “Es parecido, cualquiera se puede hacer un perfil y ambas tienen verificación de identidad”, cuenta. Le fueron de alguna utilidad las etiquetas que Bumble tiene para poner en la descripción, que al hacerse un perfil hacen que sea más fácil y simple describirse. Estas van desde con qué frecuencia haces deporte hasta qué tipo de relación estás buscando o si eres de derecha o izquierda políticamente.

Según cifras de la compañía, ya cuentan con más de 42 millones de usuarios globales y en algunos mercados, como el estadounidense, avanza a paso firme gracias a la pandemia, capturando el 20% del mercado.

Dice que ahora sus amigas van y vienen entre Tinder y Bumble. “Pasa que cuando llevas mucho tiempo en una aplicación se te van repitiendo las caras. Eso sí, todas están de acuerdo de que en Bumble encuentras un perfil de gente más definido. Me pasaba que cuando al agregarnos a Instagram luego de un match teníamos amigos en común”. Sí le parece que en Bumble hay menos gente y las posibilidades se agotan mucho más rápido que en Tinder.

La conductora de televisión Valeria Ortega usó Bumble hace varios años y gracias a ella conoció a su pareja. Cuenta que fue en 2016, cuando la aplicación aún no estaba oficialmente en Chile. Tenía la app en su celular por un viaje a Miami, donde la bajó por recomendación de un amigo que la vio frustrada con la oferta de Tinder (que al menos allá, Ortega recuerda como “matado, mucho latin lover, como de ejercicios en la playa”, no así en Bumble).

Al volver, le funcionó también en Chile y le aparecían hombres de viaje o extranjeros. Entre ellos, Jonathan Lawn, un inglés que vivía acá, con el que se emparejó y tuvieron recientemente un hijo. Pese a que nunca más la usó, sí recuerda como positivo el poder arrepentirse de un match o poder iniciar la conversación. “En el caso de los que me gustaban, como Jon, les mandaba un emoji. Si no es tan difícil, no tienes que hablarles de la filosofía de la vida, es simplemente abrir la conversación”, dice.

Whitney Wolfe, CEO de Bumble, en la portada de la revista Forbes de 2017.

Visiones encontradas

Whitney Wolfe Herd, CEO de Bumble, acostumbra a decir en entrevistas que su servicio empodera a las mujeres, que es más seguro e incluso ha llegado a decir que el objetivo final es acabar con la misoginia, lo que le ha valido numerosos reportajes que hablan de la “app de citas con enfoque de género”. También se presenta como activista del feminismo, como cuando en Texas auspició una ley para sancionar las fotos no deseadas o cuando dona para Planned Parenthood, una organización pro-aborto. En perfiles de ella y de la empresa a veces se acepta esa imagen, como cuando Wolfe Herd estuvo entre las 100 personas más influyentes de Time en 2018.

Pero otros la critican a ella o a la empresa, cuestionando que su compromiso sea real. Así ocurrió hace un tiempo, cuando salieron acusaciones en contra de su co-fundador Andrey Andreev, quien controlaba el 79% de Bumble hasta 2019. O más recientemente, cuando un extenso reportaje en Bloomberg planteó que el discurso feminista de Wolfe Herd era más que nada marketing. Allí, una periodista que investigó a la empresa por casi un año, contó que no recibió evidencia sólida de que la aplicación fuese más segura que otras y concluyó que a Wolfe Herd le preocupaba mucho la reputación de la empresa y muy poco si efectivamente la app era mejor o más saludable para las mujeres. También en el reportaje, varios ex-empleados declararon que la cultura interna de la empresa era lo opuesto a los valores de amabilidad y respecto que ésta predicaba para afuera.

Pese a las polémicas que rodean a su fundadora y a la empresa, la app tiene un presente exitoso. Esta semana la actriz Alicia Silverstone se sumó como rostro de Bumble, una práctica habitual de la compañía de tener a rostros conocidos para su publicidad, y que el año pasado escandalizó a Inglaterra por un aviso protagonizado por la actriz Helena Bonham-Carter, que llamaba a usar la app en pandemia y a usar juguetes sexuales. En el ámbito financiero, además, Bumble podría ver que sus márgenes de ganancia aumentan entre un 5% y un 10% en Estados Unidos, luego de un fallo judicial que ha decretado que Apple no puede impedir que los desarrolladores de apps usen enlaces que eluden la App Store de Apple. El 51% de los ingresos de Bumble provienen de EE.UU.

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