Mi amigo androide: el futuro de los robots sociales

Ilustración: Vicente Martí.

Acompañan a los humanos en la vida diaria, tareas educativas e incluso en el ámbito religioso. ¿Qué tan cerca estamos del compañero robots? Cada vez surgen nuevos modelos robóticos con funcionalidades específicas y que pueden ser de compañía en el ámbito cotidiano.


Son afelpados, tienen diferentes colores y vestimenta, se mueven sobre ruedas y cuentan con dos expresivos ojos redondos. Se trata de Lovot, un pequeño robot de origen japonés que tiene el objetivo de “despertar sentimientos de amor” y ser un aporte en solucionar el problema de la soledad.

El androide, creado por Kaname Hayashi, fue presentado en 2018 por la compañía Groove X. Si bien sus funciones son limitadas, cuenta con 20 sensores que le permiten evitar chocar, ser sensible al tacto y además, tiene la temperatura similar a la de un ser humano. También puede emitir sonidos y reconocer las emociones de su interlocutor.

Lovot es uno de los distintos robots sociales que han surgido en el mercado. Robots que pueden acompañar a sus dueños, expresarse y que incluso entienden sus emociones.

“En el área de la robótica social está el humanoide Nao, ese mismo tipo de robot se ha usado para actividades con niños con síndrome de espectro autista”, ejemplifica Miguel Solís, director de la carrera de Ingeniería en Automatización y Robótica en la UNAB.

Lovot, hasta ahora disponible solo en Japón, funciona con la contratación de un plan de datos mensual, con el cual los padres pueden monitorear a sus hijos a distancia y acceder a una serie de contenidos educativos. Además, su textura suave, permite a los niños abrazar a su compañero y "entregar cariño".

Según el académico hay que pensar este tipo de robótica en dos niveles de funcionamiento. “Una es la capa del robot mismo con el hardware que ocupa y toda la electrónica que tiene por dentro; y hay otra que es la capa de inteligencia que es donde el robot al igual que fuera un computador, podría identificar con cierta probabilidad cuales son las emociones que predominan sobre cierto sujeto que está estudiando”, explica.

Y es que han surgido robots que entregan distintos tipos de compañías, que están destinados al uso en diferentes sectores etáreos e instancias de la vida diaria. ¿Qué tipo de compañía entregan estos robots? “Puede ser dar empatía, o sea un robot que te escucha efectivamente, pero también tiene que ver con la capacidad de tener a alguien con quien comentar nuestra vida diaria y que nos acompañe en las actividades rutinarias”, explica Carmina Rodríguez, Directora de RobotLAB UAI, laboratorio de investigación en robótica social.

Un ejemplo es Paro, un robot terapéutico con forma de foca de peluche, que se ha utilizado en hogares de ancianos y hospitales. El androide, a modo de mascota, entrega compañía y efectos calmantes en la persona que interactúa con él.

Otro caso es el Mindar, un robot con una estructura similar a la humana y que funciona como sacerdote en la ciudad de Kioto. El androide acompaña a las personas en la oración diaria y entrega sermones para estimular la enseñanza budista.

“Los robots sociales son los diseñados para interactuar con las personas, por lo general son utilizados como robots que brindan algún tipo de compañía y asistencia a las personas con las que interactúan. La diferencia con un robot tradicional o industrial es que estos están diseñados para hacer una tarea sin que necesariamente esa tarea requiera la interacción con las personas”, explica Felipe Araya, CEO de Sima Robot.

Si bien es más similar a una carcasa que se sincroniza con el celular, el Sima Robot es el primero de su tipo en Chile.

Sima es precisamente un robot social educativo capaz de acompañar a los niños en su proceso de aprendizaje. El androide, que funciona conectado a un teléfono inteligente, interactúa con los humanos y sigue patrones de voz, emoción, gestos y expresión corporal.

La compañía, con presencia en Chile, Colombia, Argentina, Estados Unidos y España también ha trabajado en otro tipo de experiencias robóticas. “Hemos desarrollado otros robots que ahora se están utilizando en España con el Hospital San Juan de Dios de Barcelona para que hagan compañía a niños que están en tratamientos paliativos pediátricos. Entonces, ya no es tanto un foco educativo, sino de mantener el estado emocional de los niños”, cuenta Araya.

Uso a futuro

Como vemos, a nivel mundial ya hay algunos ejemplos de robots sociales o de acompañamiento, la industria no se ha masificado. Sin embargo, los estudios indican que hay interés de parte de la población especialmente por robots que cumplan ciertas funciones específicas.

“Brindar compañía de robots sociales a adultos mayores en el cuidado de ancianos en el hogar” es una publicación realizada por los investigadores Na Chen, Jing Song, y Bin Li en la revista digital Journal of Healthcare Engineering. El estudio investigó las demandas que tenían los adultos mayores entre 60 y 72 años para el desarrollo de robots sociales.

Los resultados de la investigación muestran la demanda de robots sociales en tareas específicas. “Según los resultados del cuestionario, los adultos mayores tenían un alto nivel de demanda de compañía en las situaciones de la vida como comer, hacer las tareas del hogar, hacer ejercicio y cuidar de la salud”, indica el estudio.

Pero, ¿qué tan cerca estamos del compañero humanoide a nivel masivo? Para Miguel Solís esta no es una realidad que llegará en un futuro tan inmediato. “Probablemente en alrededor de unos 10 años el panorama sea distinto. Hoy en día en el área de investigación está bastante desarrollado el tema y hace algunos años empezaron a aparecer los primeros productos y prototipos. Es cosa de tiempo, junto con la baja de costos de materiales”, comenta.

El uso de este tipo de máquinas también significa una reflexión sobre la relación que llevaremos con ellos en el día a día. Si bien no se piensa en esta tecnología como un reemplazo de los humanos, sí se incorporarán cada vez más a nuestras vidas.

“Esto también tiene que ver con cómo vamos a pensar la empatía hacia estos robots y cómo van a mediar en nuestras relaciones con otros. Va a cambiar la manera de relacionarnos entre nosotros y estas tecnologías. Yo no lo veo tan apocalípticamente como que nos van a reemplazar, pero si hay que pensar en sus efectos positivos y también negativos”, explica Carolina Gainza, socióloga y directora del Laboratorio Digital UDP.

Para Felipe Araya el uso de la tecnología con este tipo de robots tiene efectos positivos en todos los aspectos. “Como dijo un investigador que es amigo nuestro del MIT, la soledad no es sostenible para los seres humanos. Y estamos viendo hoy en día que hay personas mayores que necesitan mayor interacción para evitar el deterioro cognitivo y una de las mejores herramientas son los robots que tienen la inteligencia suficiente para interactuar con ellos”, comenta.

Amazon su modelo Astro, que permite videollamadas, vigilancia del hogar y seguimiento a través de las distintas habitaciones.

Lovot, Tega, Astro, Paro, hasta Sima. Son variados los tipos de robots con los que se ha ido experimentando y lanzando al mercado. Sin embargo, en Chile el mercado de los robots sociales aún está en pañales en cuanto al uso por parte de los consumidores.

“creo que lo que más se ha dado es el uso de Alexa, que es un agente de asistencia de voz. Pero si a ese asistente de voz le dieras un cuerpo robótico, perfectamente puede transformarse en un robot social que tenga esa funcionalidad también”, señala Carmina Rodríguez.

Para la investigadora es relevante que al momento de masificar esta industria y la presencia de robots sociales en nuestros hogares es importante reflexionar de manera previa sobre las necesidades existentes por parte de los humanos. “Muchas veces la tecnología se desarrolla antes de que exista un proceso de reflexión en la sociedad. Primero tenemos que pensar qué queremos y cuál es el piso desde el cual estas máquinas pueden operar”, concluye.

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