La reconversión digital del Teatro Municipal de Santiago

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La soprano Paola Rodríguez lleva 25 años como cantante de ópera del Teatro Municipal de Santiago.

Como la pandemia ha impedido que los artistas del Teatro Municipal se reúnan a ensayar, se las han debido ingeniar para practicar y perfeccionar sus disciplinas en casa. Mientras esperan volver a presentarse en un escenario, la dirección de la institución ha innovado en formas para mantener el lazo con el público y llevar la cultura a las casas.


La soprano Paola Rodríguez agradece que las paredes de su departamento, en un piso 18 en el centro de Santiago, sean gruesas, porque evitan que cantar le traiga problemas con sus vecinos. Ella sabe que, si mantiene las ventanas abiertas, su voz se escucha incluso en el primer piso. La cantante tiene 50 años. Durante la mitad de su vida, ha sido cantante de ópera del Teatro Municipal de Santiago. La pandemia la pilló a ella y a su equipo cuando preparaban la temporada 2020. Tenían lista la ópera, pero las funciones debieron ser suspendidas.

Como hasta el día de hoy no puede ir al Teatro a ensayar, el calentamiento fisiológico que debe hacer antes de cantar lo realiza mientras cocina el almuerzo. Luego se instala en el piano de su living y empieza a vocalizar. Si el living está libre a las 15:00, la hora que suele elegir para cantar, se queda ahí. Si no, se encierra en su pieza, en donde busca en Spotify a algún director de orquesta que le guste, como Maurizio Benini, conecta los parlantes, reproduce las pistas y canta.

La directora del Teatro Municipal de Santiago, Carmen Gloria Larenas, afirma que la cultura es una de las industrias más golpeadas por la pandemia. Según el Monitoreo Nacional de Trabajadores de la Cultura, organizado por el Observatorio de Políticas Culturales, el 81% del sector muestra una disminución o el cese absoluto de su actividad.

Hasta la fecha, el Teatro de Santiago no ha podido realizar ninguna actividad para generar ingresos. Sin embargo, desde la dirección del Teatro destacan que el público más cercano y los auspiciadores se han mantenido al lado de la institución casi en su totalidad. “Han sido muy comprensivos respecto a los cambios que hemos hecho”, dice Larenas. Hay una parte del público, ya sea que haya pagado por abonos o no, que ha pedido la devolución de su dinero. Estos casos ya se han podido resolver con éxito o están en el proceso de lograrlo.

Aunque no han podido realizar actividades que generen ingresos, el Teatro Municipal sí ha desarrollado estrategias para permanecer vigente e incluso cautivar a nuevas audiencias. Como tenían obras grabadas con los derechos en orden para transmisiones gratuitas, en marzo surgió la idea de lanzar Municipal Delivery, una propuesta digital que cada miércoles y viernes, a las 20:00, ofrece una producción de ópera, ballet o música en las plataformas digitales del Teatro, además de conversatorios, información y material a libre disposición.

Para Larenas, el comienzo de la propuesta fue impactante, pues la transmisión de “Cascanueces” logró una cifra de aproximadamente 80.000 aparatos conectados. A la fecha, aseguran que el alcance de Municipal Delivery es de 11 millones de usuarios. La pandemia ha logrado diversificar al público, pues para algunas personas, particularmente de regiones, representó el primer acercamiento a disciplinas como el ballet o la ópera.

El alcance que ha tenido Municipal Delivery ha permitido replantear la plataforma y apuntar a que sea híbrida, es decir, que cuente con una sección de contenido de libre acceso, pero que también incorpore una parte que sea pagada. “Evidentemente va a ser una fuente de ingresos futura para poder mantener a flote el teatro en estos momentos”, sostiene Carmen Gloria Larenas.

Como primer acercamiento a ser una plataforma híbrida, el 30 de octubre a las 20:00, el Teatro debutará de forma digital un concierto realizado por el ensamble norteamericano Dover Quartet, que se grabará previamente en Filadelfia. El concierto del cuarteto, residente en el Curtis Institute of Music, es parte de una gira que hacen por México, Costa Rica, Perú y Chile. Hasta el 18 de octubre, el Teatro habilitó la opción de que el público pudiera escoger entre dos alternativas de programa. El estreno será la primera transmisión digital pagada del Teatro Municipal y la entrada cuesta $3 mil.

Nuevos públicos

El lunes de la semana pasada, la ministra de las Culturas, Consuelo Valdés, anunció que los teatros ubicados en comunas en fase cuatro del plan Paso a Paso podrán funcionar con la mitad de su aforo. La medida representa una duplicación de la capacidad establecida inicialmente (25%). Sin embargo, aunque el Municipal de Santiago vuelva a abrir sus puertas, y dado el éxito que tuvo la propuesta digital, se han replanteado cómo será el futuro de la institución, en consideración de las dificultades propias de la pandemia.

Aunque admite que extraña enormemente las presentaciones en vivo, Paola Rodríguez sugiere que la plataforma digital llegó para quedarse. “Nos ha dado la posibilidad de que nos vea gente que jamás nos había visto. No existíamos para ellos, como la gente fuera de Santiago. La entrega hacia esas otras personas, de alguna u otra manera va a haber que mantenerla en el tiempo”, propone la soprano. En esta misma línea, la directora afirma que el compromiso con la comunidad digital que se ha armado en estos meses es seguir adelante con plataforma de acceso gratuito, pero incorporada a una sección de acceso pagado, que actualmente definen cómo llevar a cabo.

Carmen Gloria Larenas asumió la dirección del Teatro Municipal en octubre de 2019. No ha sido un primer año fácil. Entre el estallido social y la pandemia, las actividades del Teatro llevan doce meses interrumpidas. Sin embargo, ella afirma que el año más complejo será 2021, cuando se pueda retomar la presencialidad pero con nuevos protocolos y medidas de precaución. Los trabajadores del teatro suman 395 personas y continúan vinculadas. El acuerdo con los trabajadores fue reajustar los sueldos a la baja, en un 20%, además de ciertos beneficios en dinero, como un bono anual, que se congeló este año.

Tanto como para la directora, para los artistas del Teatro también ha sido complejo adaptarse a las nuevas condiciones que exige la pandemia. Katherine Rodríguez (27) estudió en la escuela del Teatro Municipal por siete años, desde que tenía 10, y antes de cumplir 18, la integraron a la compañía como cuerpo de baile. Desde entonces, ha subido de categoría hasta llegar a ser primera bailarina de ballet.

Ella acostumbraba a ensayar a diario, desde las 10:00 hasta las 18:00. Ahora solo puede hacerlo por una hora y cuarto por día, y por Zoom. Debió improvisar una sala apta para bailar en su hogar. Adaptó un dormitorio, al que tuvo que despojar de su cama y muebles. En su lugar, instaló una barra de cortina para poder afirmarse de ella y un espejo, para poder ver cómo mueve su cuerpo mientras baila. Además, el teatro le entregó un piso de linóleo, de un metro cuadrado aproximadamente, que le da mayor estabilidad al ensayar.

Diariamente, distintos maestros se turnan para darle clases. Reconoce que entrenar por videollamada es mejor que hacerlo sola, porque ver las caras y las reacciones de sus compañeros logra motivarla. Aunque entrenar por Zoom ha servido, bailar en una pieza no es lo óptimo. Le pasa que, en un espacio reducido, constantemente tiene la sensación de que va a chocar o se va a caer. En el departamento no puede saltar, porque los vecinos de abajo se quejarían. Intenta simular los saltos, engañar a su cuerpo y procurar no meter ruido, pero no logra trabajar la musculatura de la misma manera.

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