La clase política pone a prueba su legitimidad

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A medida que pasan los días, distintas autoridades comienzan a asumir su responsabilidad en no haber previsto el estallido de esta semana. Analistas critican falta de capacidad política y una crisis en los mecanismos de representación.




El sábado en la tarde, el diputado frentamplista Gabriel Boric participó activamente de una marcha por Plaza Italia y encaró con dureza a un militar, en una imagen que fue difundida a través de varios medios de comunicación. Menos de 24 horas después, el parlamentario abordaba el punto en un programa de TV. "Nosotros no avalamos saqueos y destrucciones", decía, para luego afirmar que él también se sentía responsable de la crisis. "Yo no vengo acá a hablar como si no estuviera en el parlamento, estoy haciendo política, por tanto nosotros tenemos un grado de responsabilidad", sostuvo.

La actitud del diputado de Convergencia Social bien puede ser un reflejo del debate que se ha instalado respecto a la crisis de legitimidad y representatividad que analistas y la propia clase política diagnostican tras tres jornadas de violencia en las calles.

En esa línea, Boric y otras autoridades han ido matizando sus expresiones, en función de la escasa sintonía que parece haber con quienes se han manifestado en estos días.

En la tarde de ayer, tras varias vocerías concentradas en entregar información sobre los daños ocasionados por las manifestaciones violentas, la intendenta de la Región Matropolitana, Karla Rubilar, dio un giro y usó un tono pasivo y conciliador para dirigirse a la opinión pública y pedir ayuda para encontrar la paz social y dialogar. "Entendimos el mensaje", dijo la exdiputada, marcando un punto de inflexión en la postura del gobierno. Lo dijo además tras anunciar que no dejaría su cargo para ser candidato a gobernadora regional como se lo había pedido su sector. Esa decisión, agregó, iba en línea con entender ese mensaje de la ciudadanía y no pensar en elecciones por ahora. Y después, como vocera del Ejecutivo, manifestó otro mensaje sobre el germen del descontento. "Claramente algo pasó. Esto no es de ahora, esto no es de estas semanas, este es un malestar que lleva años. Nosotros estamos escuchando ese malestar pero para dialogar necesitamos ayuda", señaló.

Las señales de humildad de parte de la clase política han ido en aumento. Ayer, en uno de los patios de La Moneda, apareció la Primera Dama, Cecilia Morel. "Cometemos errores, como todos los gobiernos, pero no es un problema de este gobierno, es un problema de larga data", señaló.

La sensación de que ni las autoridades ni la política previeron este escenario es una conclusión común. Sin embargo, la capacidad de las instituciones para contener el fenómeno es lo que inquieta hoy. Hay quienes incluso temen que esa incapacidad termine en un resultado autoritario. "Son tiempos que requieren una capacidad política que no veo ni en el gobierno ni en la oposición", dice Ernesto Ottone, exmiembro del segundo piso del gobierno de Ricardo Lagos.

"Se debe establecer un compromiso democrático que restablezca un mínimo de confianza, de convivencia y que aísle la barbarie que impida una destrucción de lo avanzado en decenas de años y no termine en un miedo extendido que se refugie en algo autoritario", sostuvo.

La hoy académica de la Universidad de Santiago y exasesora de Michelle Bachelet, Paula Walker, descarta que lo ocurrido sea una sorpresa. "El aburrimiento y el cansancio de las personas estaba en muchos estudios, encuestas y manifestaciones. Hay desazón porque es más fácil mirar para el techo que enfrentar el descontento", dice. Para solventar su idea recuerda un episodio vivido con la exPresidenta. "La acompañé en su campaña de 2013 a recorrer el país varias veces, y el malestar estaba latente entre las personas. Al punto que a Bachelet la escupieron en la cara en Arica porque simbólicamente representaba el poder. Al final para ese grupo de estudiantes el poder no lograba cambiar sus vidas. La misma presidenta Bachelet fue criticada de manera feroz por sus reformas profundas, porque sus adversarios políticos encontraban que había vuelto de Naciones Unidas muy roja, muy izquierdista. Bloquearon sus reformas de manera sistemática, y se hacían en democracia, con el congreso y con las instituciones. Entonces no es cierto que esto es una sorpresa".

El adversario y la Constitución

Ayer, el diputado de Evópoli Francisco Undurraga –quien enfrenta su primer periodo legislativo desde 2018- tomó distancia de las responsabilidades y expresó en el hemiciclo ayer que le daba vergüenza "tener que sacar la cara por la clase política deslegitimada".

Su par RN, Gonzalo Fuenzalida, tiene una visión distinta. "Una cosa es la violencia y otra es la indolencia. Las instituciones hemos sido hace mucho tiempo indolentes con las demandas sociales insatisfechas de los chilenos y chilenas. Es tiempo que actuemos con urgencia", dijo a La Tercera.

En una línea similar, el senador RN_Manuel José Ossandón -duro crítico de la forma en que ha enfrentado el gobierno la crisis- definió el caos derechamente como un fracaso de la clase política. "Es una de las grandes conclusiones de esta catástrofe social, la política quedó offside al representar intereses políticos y partidarios y olvidar a quienes te eligieron. Los mandatos sociales son relevantes y los políticos en general fracasamos", dijo.

Un factor adicional que pone a prueba la legitimidad de la clase política es que hasta hoy no aparece una contraparte, un liderazgo visible con quien sentarse a negociar. Marcelo Duce, académico de la escuela de Derecho de la UDP, cuestiona la falta de proactividad para resolver este dilema. "Este es un tipo de movimiento que tiene una organización ni un liderazgo muy claro, y de parte de las autoridades no ha habido una estrategia muy proactiva para poder llegar a la gente. Y hasta el momento, lo que uno ha visto, es la escasa capacidad del mundo político para reaccionar". El analista resalta que esa conexión podría haberse visto después de la reunión del presidente Sebastián Piñera con los distintos poderes del Estado en La Moneda la tarde de ese domingo. Sin embargo, a su juicio, tras ese encuentro no hubo anuncios concretos.

El analista y sociólogo Eugenio Tironi apunta a la Constitución como un factor que pueda remecer el actual escenario. "El hecho de que la gente haya salida a protestar y que seamos indolentes frente al vandalismo revela que hay una crisis de los mecanismos de representación. O sea, de que la forma a través de las cual estamos administrando la democracia no está dando abasto. Y esto repone temas que han venido siendo postergados, repone los temas de revisar las formas en que funciones la democracia, de revisar la Constitución y darle más legitimidad, enfrentar canales diferentes a los tradicionales para encarar esta controversia", sentencia.

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