Política

Las 72 horas en que Kast decidió adelantar su primer cambio de gabinete

Aunque el Mandatario se resistía a ajustar a su equipo tan tempranamente, el último paso en falso de la entonces ministra Trinidad Steinert -quien señaló que no esperaba que le pidieran un plan de seguridad concreto- terminó por echar a andar el engranaje del rebaraje ministerial.

Santiago, 19 de mayo de 2026. Primer Cambio de Gabinete del Presidente de la Republica Jose Antonio Kast Diego Martin/Aton Chile DIEGO MARTIN/ATON CHILE

“Hay que hacerlo”. El lunes en la tarde, el Presidente José Antonio Kast se terminó de convencer de que tenía que concretar su primer ajuste de gabinete. Una idea que era resistida por él mismo. No quería transformarse en el Mandatario en romper el récord de hacer el cambio más rápido desde el retorno a la democracia. Pero terminó cediendo y lo hizo a 69 días de asumir el mando.

Así, removió a Trinidad Steinert y Mara Sedini de Seguridad y de la Segegob, respectivamente. Nominó a Claudio Alvarado como biministro de Interior y de la vocería, mientras que Martín Arrau dejó Obras Públicas y recaló en Seguridad. Louis de Grange, en tanto, quedó a cargo de Transportes y Obras Públicas.

Aunque había dudas sobre realizar un ajuste, la discusión comenzó a asentarse el sábado, principalmente porque la situación de Steinert se hizo insostenible.

Durante el fin de semana se agudizaron las críticas en su contra luego que dijera que no se esperaba que le pidieran -durante su exposición en la Cámara de Diputados de días antes- un plan concreto en seguridad. Sus dichos resonaron en Palacio porque esa área fue el corazón de la campaña y del denominado “gobierno de emergencia”.

También se puso sobre la mesa que el flanco que abrió la oposición al anunciar una interpelación en su contra -la que se concretaría días después de la Cuenta Pública- y la posibilidad de que saliera el dictamen de la Contraloría sobre su polémica con la PDI. Todos esos factores, dicen, configuraban un “desangre” que no era posible contener.

Para Kast no fue fácil la decisión. Ambas habían sido apuestas personales. El lunes sostuvo varias reuniones con su equipo de confianza: Cristián Valenzuela (director de Contenidos), Alejandro Irarrázaval (jefe de asesores del Segundo Piso) y Claudio Alvarado (ministro del Interior) fueron parte de los diálogos sobre el diseño. El Mandatario también consultó la decisión con la primera Dama, Pía Adriasola, una de sus principales consejeras.

Entre ellos se dio una discusión sobre si convenía hacer el cambio antes o después de la Cuenta Pública ante el Congreso Nacional del próximo 1 de junio. Los elementos sobre la mesa hicieron inclinar la balanza sobre la primera opción.

El debate se mantuvo con hermetismo y con un grupo reducido para evitar filtraciones. Tanto así que Steinert y la ministra vocera de gobierno se enteraron el mismo día durante la tarde. Sedini, incluso, alcanzó a realizar una vocería, cerca de las 13.00, cuando la decisión ya estaba tomada. Ambas fueron sorprendidas con el timing de la noticia ya que en los días previos habían sido respaldadas por Kast. Según transmiten en Palacio, es parte del “aprendizaje” de un primer ajuste.

Hasta la semana pasada, la pulsión en el equipo del Segundo Piso era hacer el ajuste después de la rendición de cuentas ante el Parlamento. Pero la situación de Steinert y la oportunidad de utilizar la cuenta pública para iniciar un “nuevo ciclo político” pesaron las conversaciones.

Con el hito en el Congreso el Ejecutivo apuesta a dar un impulso nuevamente a la agenda del gobierno, subir -como es tradición-en los sondeos de opinión, pero el objetivo es mantener esa alza durante el mayor tiempo posible. Y tener el flanco de un gabinete cuestionado, volvería a ser tema inmediatamente después de su discurso en Valparaíso, lo que podría dificultar esos objetivos.

Además, si no hubiesen concretado la modificación ministerial en estos momentos, agregan las mismas versiones, tendrían que haber esperado al menos un mes después de la Cuenta Pública, lo que estimaron aumentaría la presión por cambios en el gabinete.

Y para Kast había solo un asunto que no estaba dispuesto a conceder: hacerlo bajo presión. Por lo mismo, añaden, decidió sorprender, pese a que hacer el ajuste significaba un reconocimiento temprano de que su diseño político inicial falló.

Eso sí, optó por nombres probados y no buscar personas externas. Si bien para Seguridad también se analizó la opción del subsecretario del Interior, Máximo Pavez, y la del senador Rodolfo Carter, el estilo de Arrau, que sea del núcleo de los republicanos y un liderazgo conocido para ellos, terminó pesando más.

La opción de Pavez no convenció, porque sería debilitar un área que está desempeñando bien, mientras que sacar a Carter del Congreso podría significar abrir un nuevo flanco.

La fórmula de los biministerios, además, les permitía instalar en la opinión pública que estaban avanzando en cumplir con unas de las promesas de campaña de reducir el Estado y de avanzar, en un futuro, hacia fusionar carteras.

Además, decidieron no incluir a los partidos en el esquema de decisión. Si bien algunas versiones transmiten que sí le consultó al timonel republicano, Arturo Squella, otros plantean que no participó activamente en el diseño.

Para el Presidente esto tenía una razón de fondo: no iba a realizar su cambio en la lógica del “cuoteo político”.

De todas formas, él mismo llamó directamente a cada uno de los timoneles y les explicó su decisión. Él, en los días previos, había transmitido que cualquier ajuste sería posterior a la Cuenta Pública.

En sus contactos con los líderes del sector, según quienes supieron del intercambio, les indicó que “si lo hacemos ahora, podemos mejorar muchos aspectos”.

Los días previos

“Presentaremos un tsunami de indicaciones”, dijo el diputado Jaime Araya (PPD), los primeros días de mayo. Esa fue la primera alerta que se levantó en La Moneda del tono que tendría la oposición de ahí para adelante respecto de la megarreforma y de las iniciativas del gobierno.

Ahí empezaron a tomar nota y coincidieron en que la aprobación en la Cámara de esta iniciativa sería el primer gran triunfo que podrían lucir y una primera gran derrota para la izquierda. Por lo mismo, ahí se empezó a conversar incipientemente la posibilidad de hacer un ajuste. Si bien el tema estaba en el aire, no se profundizó hasta que la situación de Steinert se complicó.

En Palacio llegaron a la conclusión que la mezcla de factores que se venían podían configurar un escenario favorable para Kast. Con los votos listos en la Cámara para despachar la megarreforma al Senado y la cuenta pública a la vuelta de la esquina, lo más conveniente sería también dar un empujón adicional: hacer el ajuste y llegar con un nuevo aire al discurso presidencial.

Así, el lunes el Mandatario zanjó que el cambio sería al día siguiente y la razón fue muy simple: al día después, es decir este miércoles, la megarreforma sería despachada y no querían empañar ese hito que buscan capitalizar.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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