Introducción a las tarjetas de prepago

Ilustración: César Mejías

Ni de crédito ni de débito: son la tercera vía en cuanto a métodos de pago, un formato que permite comprar en internet y suscribirse a servicios pero con más orden y control de los gastos. Estas son —con sus pros y contras— las alternativas que existen en Chile.




“Prueba tu primer mes gratis”, leíste por ahí. Si no cuesta plata no puede ser malo, pensaste, entonces hiciste clic. Ingresaste, no sin dudarlo, los datos de tu tarjeta de crédito: te los exigía para acceder. “Apenas termine el mes gratis, me desuscribo”, te dijiste. Probaste el servicio con entusiasmo, pero a los pocos días, aplastada por la rutina, la emoción de la gratuidad se diluyó, pasaron los 30 días y, entre las decenas de otros servicios —de streaming, de música, de videos, de noticias, de correo electrónico, de videojuegos—, este quedó olvidado de tu memoria.

Pero no de tu tarjeta de crédito. Mes a mes, ese servicio que no ocupaste más te siguió cobrando, acumulándose junto a los intereses y los costos de mantención. “Eso es irresponsabilidad financiera”, dice el periodista Maximiliano Valdés, director de Chocale.cl, un medio especializado en economía desde el punto de vista del consumidor. “Una gran manera de ordenarse en esos gastos, sin perder las ventajas de los servicios online, es con las tarjetas de prepago”.

Existen hace dos años en Chile, desarrolladas por instituciones bancarias y no bancarias, “mezclando lo bueno de una cuenta vista no tiene costos de mantención ni exigencias de ingresos— con algunas ventajas de la tarjeta de crédito (TC) —como poder comprar por internet o suscribirse a servicios, tanto en Chile como el extranjero”, explica Valdés.

La diferencia con las TC es que, además de ser un producto virtual, para realizar un pago debes tener cargada la tarjeta previamente con el dinero suficiente para hacer la compra. Max Valdés la compara con una Bip!: “Cuando no la tienes cargada, no puedes entrar al metro. Aquí es igual: si no tienes la tarjeta de prepago con dinero, no puedes comprar ni tampoco te pueden cobrar. Eso obliga a estar ordenado con las platas y los gastos”.

Valdés ha hecho una extensa cobertura y seguimiento de las tarjetas de prepago chilenas, todas reguladas por la Comisión para el Mercado Financiero (CMF). Aquí, con sus pro y contras, las describe para Práctico.

Mach

“Me parece que es la más completa”, dice Valdés sobre la primera tarjeta de prepago que se lanzó en Chile. Desarrollada por el banco BCI, Mach es gratuita en su versión virtual —cuesta $4.990 si quieres tenerla físicamente—, solo necesitas un RUT para poder abrirla y no hace cobros de mantención. Se puede comprar por internet y también en algunos comercios, suscribirse a servicios digitales y también realizar giros ilimitados y sin costo en cajeros BCI. Su desventaja es que solo deja transferir dinero a otros usuarios de Mach y no a clientes de otros bancos. “Pero tiene una app muy buena e intuitiva y sus casi dos millones de usuarios la hacen líder en el mercado”, explica el director de Chócale.

Superdigital

Es la tarjeta de prepago del Banco Santander. “Tiene una app algo enredada y compleja, pero es un producto con más variedad”, dice Max Valdés. Superdigital entrega la posibilidad de distintos planes, más allá de una tarjeta única. “Está el plan familiar, por ejemplo, con el que puedes sacar tarjetas para tus hijos, cargárselas mensualmente y ellos comprar en tiendas o internet”. Su otra gran ventaja, según él, es que permite transferir a cualquier otro banco y tiene un saldo ilimitado.

Dale

La caja Coopeuch sacó hace muy poco su tarjeta de prepago. Se llama Dale y, al igual que las demás, exige nada más que el RUT para obtenerla. Tiene, eso sí, un costo de apertura de $3.500. Por ahora es solo virtual, tiene un límite de saldo de $500 mil pero se pueden hacer todas las compras que se quieran al día. Al ser exclusivamente digital, no deja realizar giros y tampoco transferencias a otros bancos. “Una cosa curiosa”, indica Valdés, “es que no tiene app, todo se hace a través de la web. Apunta, yo creo, a un público mayor y no tan digitalizado”.

Prepago Los Héroes

La tarjeta Prepago, de la Caja Los Héroes, es la única de todas que exige un formato físico. “Te la tienen que dar en persona y debes presentarte en una sucursal, lo que hoy en día, con el coronavirus, es medio incómodo”, dice Max Valdés. Tiene, además, un costo de mantención de $1.560 al mes, a menos que en esos 30 días hagas compras mayores a 300 mil pesos. Se puede comprar con ella en internet, en Chile o el extranjero, y deja hacer un giro mensual gratuito en cajeros automáticos (el resto cuesta $465) y transferencias a todos los bancos. Es la que tiene el saldo más alto: $5 millones.

Tenpo

Tenpo es la última en aparecer: fue lanzada en marzo por Krealo, la fintech del grupo peruano Credicorp —dueños de Multicaja— y pretende ser, según su CEO, el primer producto de un banco completamente digital. Funciona a través de una app, no tiene costo de apertura ni de mantención, y por ahora solo permite hacer transferencias a otros usuarios de Tenpo. Está diseñada especialmente para el pago de cuentas básicas —luz, agua, gas, celular e internet— pero también de servicios online, como Netflix, Spotify y Uber.

“La desventaja generalizada de todas las tarjetas de prepago es que no se aceptan en todos los comercios”, dice Max Valdés. “Muchos negocios firman contratos con Transbank, por ejemplo, para recibir pagos con débito o crédito, pero no con prepago. De todas maneras, hoy la cobertura del prepago está en un 70 por ciento, aproximadamente, y este año debería acercarse al 100”.

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