Los beneficios (y perjuicios) de dormir con un calientacamas

Empieza el frío y se abre la temporada de estos aparatos, para el regocijo de muchas y muchos friolentos. Por ello, consultamos a expertos acerca de los beneficios y riesgos que pueden acarrear su uso.




Las bajas temperaturas se están asentando en la capital. Sobre todo en los últimos días, en los que, incluso, han caído algunos goterones, dando los primeros anuncios del invierno que se aproxima. Los viudos y viudas del verano sufren hasta los huesos, los amantes de los días grises celebran, y hay también quienes, para callado, sonríen al pensar que al fin llegó la hora de rescatar del clóset al placer culpable de cada invierno: el calientacamas.

Claro, porque el calientacamas es como un salvavidas en el vasto océano del invierno, cuando las noches son frías y las sábanas parecen un témpano. Los tiritones de Jack y Rose, entre las aguas del Atlántico tras caer del Titanic, no son nada comparados a los que se dan al meterse entre la traicionera ropa de cama.

Para qué morir de hipotermia si se puede estar como Homero Simpson cuando se rehúsa a ir con el resto de su familia a la iglesia. En vez de eso, prefiere quedarse acostado, bien arropado y bajo el abrigo del calor artificial –en este caso– que le provee la calefacción. “Soy un pastelito horneado, de canela. ¡Ay, no quiero levantarme nunca!”, dice en un momento, mientras permanece hundido en su cama, con los ojos cerrados y una sonrisa de oreja a oreja.

Pero más allá de la fantasía, cabe preguntarse, ¿es el calientacamas un artículo que propicie el buen dormir? ¿O más bien lo perjudicaría?

Grados más, grados menos

Para efectos de nuestro análisis, se hace importante entender primero la relación que tiene el calor y el frío con el buen o mal sueño.

“Se ha visto que la temperatura puede tener un impacto tanto en la latencia del sueño, que es el tiempo que la persona se demora en quedarse dormida, como en la mantención del sueño durante la noche”, señala Álvaro Vidal, neurólogo de la clínica Somno, centro especializado en medicina del sueño.

Al dormir, nuestra temperatura corporal baja progresivamente; según los expertos, entre uno y tres grados. “Esta disminución comienza una o dos horas antes del peak de melatonina —hormona fundamental en la regulación del ciclo sueño-vigilia, y que provoca la somnolencia—, y se mantiene a lo largo de la noche, hasta algunas horas antes de despertar”, describe Victoria Mery, neuróloga del Centro de Trastornos del Sueño de Clínica Alemana.

Según ella, cuando hace mucho calor en el ambiente “nos es más difícil dormir”, porque “se nos dificulta disminuir nuestra propia temperatura corporal y el sueño suele ser mucho más fraccionado y superficial”.

El frío extremo tampoco es bueno, dice la especialista, pero “claramente es más fácil dormir en temperaturas más frías que cálidas”.

La temperatura ideal

Álvaro Vidal sostiene que la idea es “dormir con una temperatura adecuada”. ¿Cuál sería esa? No hay un número mágico, sino que es simplemente una “que la persona tolere bien y en la cual se sienta cómoda”.

El neurólogo apunta que “se considera normal” que el cuerpo baje a los 35ºC, sobre todo cuando la temperatura ambiente de la noche llega a su tope más frío.

“Cuando la temperatura corporal aumenta o disminuye dos o más grados, ya se asocia a mayores problemas de sueño confortable”, asegura Vidal.

Mery sugiere que, de tener la posibilidad de manipular la temperatura ambiental al interior del hogar, esta se fije entre los 18 y 20ºC. “No mayor a eso, aunque obviamente hay que considerar la variabilidad personal”.

El dormir

Concebir el sueño puede ser algo similar a una pesadilla para algunas y algunos, cuyas mentes tienen el gusto de lanzarse en paseos por recuerdos, reflexiones y ensoñaciones como un caballo salvaje a la peor hora esperable.

También quienes sufren de trastornos del sueño ven frecuentemente impedido completar las etapas que permiten un dormir reparador. Julia Santín, neuróloga del Centro del Sueño de la Red UC-Christus, explica que durante nuestro sueño nocturno se deben desarrollar dos grandes fases: el no REM, que incluye la etapa Delta, una de las más importantes y predominantes (en la que cierta información se borra de la memoria); y el REM, “que es cuando soñamos”, explica Santín, en la cual se integra la nueva información y se consolida la memoria.

Para que estas etapas se produzcan y desarrollen de la manera adecuada, “se necesita un sueño de calidad normal”, es decir, “tiene que ser un sueño de duración apropiada y continua. No es lo mismo dormir ocho horas de corrido, que hacerlo dos horas cuatro veces durante la noche”, ejemplifica Santín.

Hacemos bien, hacemos mal

“¡A la camita, a la camita!”, cantaba Topo Gigio mientras partía a acostarse vestido en un viejo camisón de pijama y un gorro de dormir. Así como el ratón italiano —que durante décadas tuviera un espacio en la franja infantil televisiva—, hay quienes ven en la hora de acostarse un motivo de celebración que, como tal, requiere de ritos que permitan prepararse para entrar en el estado adecuado para dormir.

Muchas de estas acciones tienen relación con modificar la temperatura corporal, como es el caso de la ducha previa a acostarse o el uso de calientacamas. ¿Pero son estas recomendables?

Victoria Mery dice que darse un baño de agua tibia —no fría ni caliente— puede ayudar a dilatar nuestros vasos capilares y favorecer la baja de la temperatura corporal para dormir. “Es un poco lo que se intenta cuando las madres bañamos a los niños pequeños antes de acostarlos”.

Por el contrario, hacer ejercicio o deporte antes de dormir —otra actividad popular— no es recomendable. Esto, según Mery, porque con ello “aumentaremos nuestra temperatura corporal y metabolismo en general, y si bien estaremos cansados, esto hará nuestro sueño poco fisiológico, dificultando también el quedarse dormido”.

En el caso de las niñas y niños pequeños, es común que, siguiendo ese instinto protector, se intenten protegerlos del frío, agregando más ropa a la cama. Esto, sin embargo, puede llevar al error de sobreabrigarlos, lo que, según la neuróloga, dificultará su buen dormir.

“Cuando las mamás sobreabrigan, los niños —en especial los lactantes—, además de regular mal su temperatura corporal, muchas veces tienen un sueño de peor calidad y se despiertan muchas más veces de lo que las mamás quisieran, porque no logran bajar su temperatura corporal”, asegura.

Sí o no al calientacamas

Llegamos al punto: ¿es recomendable utilizar un calientacamas para dormir?

Victoria Mery sostiene que, más que si es recomendable o no, “lo importante es no abusar. Ahora hace frío en la noche y puede ser difícil dormir cuando la persona tiene mucho frío, porque se vasocontrae y eso impide que baje su temperatura central. Eso también altera la calidad del sueño”.

Álvaro Vidal, en tanto, considera que el calientacamas “es muy muy bueno en invierno, pero para utilizarlo solo durante un momento. Una vez que la cama esté caliente recomiendo apagarlo y desenchufarlo”. Principalmente porque, al ser un artículo eléctrico, que se mantenga encendido durante toda la noche aumenta los riesgos de accidentes domésticos, como un cortocircuito o un incendio.

El calientacamas es útil, además, porque permitiría a la persona “disminuir su tiempo de latencia de sueño”, el que normalmente varía entre los ocho y treinta minutos, según Vidal. “Estando con una temperatura cómoda, el tiempo que demore en quedarse dormida será mucho menor”, dice el neurólogo.

Eso sí, el especialista aclara que en ningún caso esto podría funcionar como un inductor del sueño. “Simplemente puede ayudar a mantener los tiempos de sueño lo más normales posible”.

Ojo con…

Manipular la temperatura con la cual se dormirá no implica grandes riesgos, asegura Vidal. Pero por eso, la recomendación es comprar un calientacamas de marca certificada. “Que sea seguro”, apunta Mery. “Recordar que son eléctricos y que, por tanto, pueden provocar eventos peligrosos. Evitar que se calienten en exceso, de modo que puedan producir heridas, tanto en niños o personas con piel frágil”.

Para las personas que sufren de diabetes el tema es de mayor precaución. “Muchos pacientes con diabetes mellitus sufren una disminución en su capacidad de percepción de las sensación, pierden sensibilidad. Si dejan el calientacamas prendido toda la noche, podrían sufrir quemaduras en la piel difíciles de manejar”, dice Vidal.

Otro aspecto a tener en cuidado es no utilizar otros artículos, como el guatero, junto al calientacamas, en especial, cuando éste se encuentra encendido o enchufado, ya que se podría sufrir un accidente eléctrico.

Calientacamas

Si se busca algo individual, ya sea porque la cama es de una plaza o porque en la pareja hay uno que no tiene el mismo aprecio por estos aparatos, una opción es este modelo de la clásica marca italiana Scaldasonno, compañía que popularizó este tipo de artículos en el país en las últimas décadas. Es de tela tejida y acolchada, de calentamiento rápido —con dos temperaturas ajustables—, mando electrónico y de lavado fácil, ya sea a mano o en lavadora.

Scaldasonno Comfort 1 plaza 150x80cm


Ufesa Matrimonial Confort CMN 2 Plazas

La marca china Ufesa ofrece este calientacamas para lechos de dos plazas. Cuenta con temporizador, apagado automático, calentamiento rápido y bloqueo de seguridad.


Sindelen 2x60W CC-B212

De tela tipo frazada, con control digital, funcionamiento de 1 a 10 horas y sus cinco niveles de temperatura, este modelo de la marca chilena Sindelen puede ser otra alternativa para camas de dos plazas.


*Los precios de los productos de este artículo están actualizados al 21 de mayo de 2021. Sus valores y disponibilidad pueden cambiar.

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