Andrea Tokman: “No se puede descartar crecer los próximos años a menos de 1%”

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La economista jefe de Quiñenco afirma que “la incertidumbre nos tendrá en un ciclo de desaceleración doloroso”. Señala que “el riesgo de que las personas crean que una nueva Constitución les solucionará todos sus problemas existe y la frustración puede terminar en mayor ruptura social”.




La economista jefe de Quiñenco, Andrea Tokman, participó del Consejo Fiscal Asesor y también recientemente integró la Comisión Asesora del INE, que entregó una propuesta de reforma institucional al gobierno. Ambos temas están presentes en el debate público. El primero, por el importante gasto público que está haciendo el Ejecutivo para hacer frente a la crisis social, y el segundo, por la reciente crisis que detonó el nuevo error en el IPC de enero.

La economía creció 1,2% en 2019 y para este año las perspectivas fluctúan nuevamente en torno a 1%, ¿cuál es su perspectiva para el crecimiento económico? ¿El país se estancó?

-El país está pasando por un par de años de muy bajo crecimiento. Luego de crecer más que el potencial en 2018 y un aceleramiento de la actividad hasta septiembre de 2019, la actividad, el consumo, la inversión, se desaceleraron profundamente y cerramos el año con una de las menores tasas de crecimiento en años y menos de un tercio del crecimiento esperado a principios de año. Este shock es casi completamente interno y, principalmente, político social con repercusiones económicas. Hasta antes del Covid 19 se habían despejado importantes riesgos comerciales y políticos en EEUU, Reino Unido y Medio Oriente, lo que permitió que la economía mundial creciera, pero hoy es nuevamente fuente de riesgo a la baja, no tan potente como lo interno, pero que potencialmente restará algunas décimas más. No se puede descartar crecer los próximos años a menos de 1%.

¿Cuándo se podrá retomar un nivel más cercano a 3%?

-Las crisis traen oportunidades. Podríamos salir fortalecidos con un nuevo pacto social y reglas que nos representen, conozcamos y sigamos todos por igual. El crecimiento podría saltar por sobre el 3% en el mediano plazo si fuéramos un país más estable, cohesionado y, por lo mismo, atractivo para invertir, consumir, inmigrar. Todo esto aportaría para que volvamos al 3% y tengamos por fin la esperanza de superarlo sostenidamente sin generar presiones inflacionarias. Pero este escenario ideal no está garantizado y no pasaría antes de dos años, una vez conocida la nueva Carta Magna y aprobadas otras grandes reformas que tenemos en la puerta del horno, como son pensiones, salud, modernización del Estado y otras. En el intertanto, la incertidumbre, la inseguridad y polarización nos tendrán en un ciclo de desaceleración doloroso, que ojalá termine bien, porque de lo contrario ni siquiera el 3% será alcanzable.

Usted fue vicepresidenta del Consejo Fiscal Asesor. El gobierno presentó un nuevo escenario fiscal donde se prevé un gasto público en promedio bastante acotado y con ello la deuda pública rondará el 40%, ¿qué tan sustentable es el escenario descrito por Hacienda?

-Es poco probable que el gasto crezca en torno al 2%. Creceremos a ritmo tortuga por un tiempo, lo que trae más necesidades económicas a cubrir entre un mayor número de desempleados o subempleados y familias de bajos ingresos. Habrá también más demandas sociales naturales a un país de ingreso medio que pide servicios y bienes públicos de mejor calidad para un público más amplio y ya no tan focalizado en los más pobres. Esto, en un contexto político y social donde es muy difícil no seguir aumentando gastos y donde las agendas de respuesta rápida no se caracterizan por la rigurosidad y el diseño que uno exigiría para programas en tiempos de tranquilidad, y muy probablemente subestimen sus verdaderos costos. El gran activo de responsabilidad fiscal con un programa de convergencia de déficit y la regla que tanto nos había servido enfrentará un nuevo golpe de credibilidad y, con ello, de efectividad en su rol contenedor.

En ese sentido, el gobierno todavía no presenta un nuevo decreto fiscal para comprometer la trayectoria del déficit, ¿es necesario que se acelere esa información?

-La sostenibilidad fiscal es base fundamental de los equilibrios macro que tanto bien le han hecho a Chile, no solo por su reputación internacional, sino porque afecta en el día a día a las familias, particularmente las más pobres. Para recuperar el ancla fiscal es fundamental que el trabajo de proyecciones sea validado técnicamente por el CFA y que, en base a ello, surja el nuevo decreto de convergencia fiscal que amarre no solo el realismo de las cifras, sino que también la voluntad y compromiso público del gobierno de llevarnos por ese camino.

¿El país puede sufrir una nueva rebaja en la clasificación de riesgo?

-No descartaría otra rebaja, pero no lo veo como algo ineludible. El Ministerio de Hacienda está consciente del riesgo y está manteniendo en el aire muchas variables al mismo tiempo, en un acto complejo de malabarismo que espero le resulte.

Una de las preocupaciones de empresarios y economistas es que el proceso constitucional generará incertidumbre para la economía, considerando, además, que serán dos años de discusión, ¿comparte esa visión?

-No tengo ninguna duda que cualquier proceso constituyente genera mucha incertidumbre en la población y, particularmente, en aquellos que tienen que tomar decisiones de inversión de largo plazo, como suele ser el caso de los proyectos en Chile. Esto sería así, aun en el lugar más ordenado y cohesionado del mundo. El desafío que tenemos es entregar las garantías mínimas que demuestren que estamos preparados para transitar por este proceso de manera adecuada, porque la polarización, la violencia y la ausencia de diálogo solo profundizan esa incertidumbre, lo que puede paralizar temporalmente e incluso ahuyentar por un tiempo o para siempre a inversionistas extranjeros y migrantes.

¿Se ha generado una sobreexpectativa de lo que la Constitución puede resolver en un corto plazo?

-Quienes vienen empujando el cambio constitucional le han puesto muchas fichas a este instrumento, porque evidentemente define muchas cosas que son clave para el país. Pero también es cierto que los problemas que más acongojan a la ciudadanía, como salud, educación, pensiones, seguridad, no se resuelven de un momento a otro en una Constitución, aunque ésta sí puede poner bordes a la discusión de sus soluciones. El manejo de expectativas mediante información fidedigna bien comunicada es tan clave como la capacidad de ponernos de acuerdo en condiciones que nos permitan saltar a un mayor nivel de desarrollo inclusivo y sostenible. El riesgo de que las personas crean que una nueva Constitución les solucionará todos sus problemas existe y la frustración que vendría después puede terminar en mayor ruptura social.

¿Usted votará por el apruebo?

-Hoy no estoy segura. Partí optimista y convencida, porque la llamada de atención del 18 de octubre y las semanas siguientes provocó una reacción inicial donde, sin desconocer el progreso del pasado, se visibilizaron algunos de los grandes desafíos que tenemos en materia social, económica y de trato. Si mi optimismo inicial ha sufrido altos y bajos, es en parte porque no he visto muchos políticos a la altura del desafío, con disposición a dialogar y encontrar un punto intermedio, y porque la violencia no es buena compañera de ningún tipo de instancia democrática. Tengo la esperanza que el proceso sea uno de encuentro y no de desencuentro, nos pongamos de acuerdo y sigamos construyendo un mejor país para todos.

El Consejero del BC, Joaquín Vial, alertó que un riesgo interno para la economía es que los disturbios se acrecienten poniendo en jaque un proceso ordenado de la reforma constitucional, ¿cuál es su visión al respecto?

-Uno de los grandes riesgos que enfrentamos es continuar en este ambiente de altísima confrontación y violencia que no solo nos aleja de alcanzar hoy nuestro potencial, como economía y como sociedad, sino que nos impide llegar a acuerdos razonables sobre una nueva hoja de ruta que lo potencie o aumente, parte de lo cual se consigue con un proceso constituyente pacífico, pero que va mucho más allá de eso. Pareciera que el miedo a la funa ha inhibido el diálogo en todos los sectores políticos, lo que acentúa la polarización.

Una de las demandas que surgió es el cambio de modelo económico que ha primado en los últimos 30 años, con el argumento que provocó la sensación que hay ciudadanos de primera y segunda categoría. ¿Es el modelo el problema?

-"El modelo" es dinámico y ha ido transformándose con la evolución del país y de su gente. Tanto "Estado como mercado", son absolutamente necesarios y el arte es ir buscando la combinación que más nos potencie como sociedad. El progreso de Chile es innegable en materia institucional, económica y social, y todos, incluido los más vulnerables, están mejor hoy que antes en términos absolutos y relativos. Pero así como digo lo anterior con orgullo, como chilena, no caigo en la autocomplacencia. Hay mucho más que hacer. Nuestro país sigue siendo muy desigual, especialmente en oportunidades y en el trato que recibimos y damos a personas dependiendo de donde vienen.

¿Qué cosas se hicieron mal que generaron este quiebre del modelo con la ciudadanía?

-Las personas están dispuestas a seguir sacándose la mugre y esperando para cumplir sueños cuando ven y sienten que van mejorando y que hay esperanza de que seguirán haciéndolo hacia adelante, que las reglas para hacerlo son claras y estables, y que rigen a todos por igual. Cuando se ven privilegios para algunos, corrupción en muchas de las instituciones en que antes confiaban, públicas, privadas y hasta religiosas, se genera un quiebre difícil de revertir. Tristemente, los niños que han sufrido en el Sename son fiel reflejo de nuestros problemas como sociedad, porque en lugar de recibir apoyo han terminado abandonados por sus familias, por el Estado y por el país.

José Ramón Valente dijo en Pulso que el progreso de Chile había alcanzado para todos, a algunos más rápido que otros y que ahora hay más acceso a bienes y servicio, ¿cuál es juicio al respecto?

-Hay que distinguir los planos. Si bien es innegable que las personas en Chile hoy viven mucho mejor que nunca en la historia de nuestro país bajo casi cualquier parámetro que lo midamos, pobreza, desigualdad, acceso a bienes y servicios, incluso en los indicadores más subjetivos de relacionamiento humano, todavía hay muchos que sufren malos tratos injustificados y mala calidad de vida. Precisamente como un país que ha progresado, tenemos la obligación de dedicarnos a que hacia adelante sigan mejorando las condiciones de todos, particularmente la de los más vulnerables, ojalá a un mayor ritmo pero de una forma que podamos sostener en el tiempo, porque si no, el "pan para hoy" se transformará en mayor descontento y decepción para mañana.

Otra de las críticas que se han hecho a los últimos gobiernos es que no se ha relevado el crecimiento y que eso afecta el desarrollo y la redistribución de los ingresos.

-Así como la discusión de mercado versus estado me parece artificial, esta de crecimiento versus desigualdad me parece igualmente inoficiosa. Un país que solo distribuye sin crecer, estará distribuyendo cada vez menos y por lo tanto, seremos todos igualmente pobres. Un país que se preocupa solo de crecer sin importar cómo, puede terminar con casi todo en mano de unos pocos y una insostenibilidad social que le impedirá seguir creciendo. Crecimiento y distribución son complementos no sustitutos. En la primera clase de economía nos enseñan que crecimiento es una condición necesaria pero no suficiente para ser un país más desarrollado. No existen países desarrollados con peor distribución de ingresos que la nuestra, pero tampoco existe ninguno que llegó a ser desarrollado sin haber crecido.

Crisis en el INE: "Golpea a una institución fundamental para el diseño de políticas públicas"

Usted fue parte de la comisión de expertos que asesoró al gobierno en cuanto a la institucionalidad del INE, ¿qué le parece esta nueva polémica con el IPC?

-Muy preocupante, pues golpea a una institución fundamental para el diseño apropiado de políticas públicas y que su principal valor radica en la confiabilidad de sus cifras. Algo que me ha golpeado en este último tiempo es ver como la solidez institucional que siempre pensamos sostendría a Chile ante cualquier remezón importante, no eran tan robustas como pensábamos y nos deja en una situación de vulnerabilidad complicada. Lo que está pasando en el INE es otro triste ejemplo de esto mismo.

¿Vio debilidad en el manejo que ha tenido su director? ¿Su salida es la solución?

-Lo que me gustaría resaltar de este mal episodio es que permite que volvamos a hablar y a generar conciencia de lo urgente que es avanzar en la reforma al sistema nacional de estadísticas.

¿Se debe acelerar el proyecto de autonomía para recuperar la credibilidad de esa institución?

-Este proyecto lleva mucho tiempo de discusión en el Congreso y había avanzado bastante, porque concitaba apoyo transversal y validación técnica, pero quedó estancado al principio del gobierno cuando se produjeron diferencias sobre el diseño del Consejo Estadístico Nacional. Lo urgente hoy es volver a ponerle atención para que finalmente logremos fortalecer el sistema de estadísticas chilenas para que pueda cumplir a cabalidad su función de orientar, implementar, evaluar las políticas públicas y los diagnósticos sobre los cuales se basan. Mientras más tiempo pase y más episodios como este ocurran, más desconfianza habrá en la institución y más difícil será recuperarla.

¿Cuáles son los principales cambios que necesita el INE para evitar que permanentemente esté pasando por crisis?

-Nuestra propuesta, inspirada en la experiencia internacional y en la creciente vulnerabilidad del INE, es que el Consejo Estadístico Nacional no solo tenga el rol supervisor del sistema general de estadísticas más allá del INE, sino que esté mucho más cercano al instituto. Planteamos que el consejo tenga un rol directivo dentro del INE, con atribuciones administrativas, manteniendo al director del servicio, pero nombrado con criterios técnicos por el consejo y no por el presidente. El consejo contribuiría a fortalecer la visión estratégica y la implementación de mejores prácticas del sistema, pero también las internas del INE que es el principal y posiblemente más debilitado actor en estos momentos.

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