Andrea Tokman y proyecciones del IPoM: “Me cuesta ver ese rebote en 2021 porque es un año de elecciones”

ANDREA TOKMAN

Para la economista jefe de Quiñenco y miembro del Consejo Superior Laboral, el impacto de la crisis del Covid-19 será tan profundo que a Chile le va a costar varios años recuperar el PIB per cápita que se tenía antes de la crisis.




A la economista jefe de Quiñenco y Miembro del Consejo Superior Laboral, Andrea Tokman no le es tan claro el diagnóstico y el rango de crecimiento (4,75% y 6,25%) que hace el Banco Central para el 2021. Y es que, al ser un año con un calendario electoral, teme que los vestigios de la crisis del 18 de octubre terminen por reavivarse nuevamente y que la clase política no esté a la altura de concertar un buen acuerdo económico y social para el país.

Una lección aprendida que dejó esta crisis, según señala la experta, tiene que ver con hacer que los programas sociales sea sustentables y compatibles con la idea de volver a crecer, de modo que se puedan rellenar las arcas fiscales y así enfrentar estos y otros compromisos que surgirán en el futuro.

El BC entregó un rango más amplio de lo normal para el IPOM de junio, ¿da cuenta de la incertidumbre que existe?

—Ampliar el rango de proyección es sensato dado el nivel de incertidumbre. Ese es el elemento que más se menciona en el IPoM y que se repite en el mundo económico. Lo que más dificulta las proyecciones es que esta crisis no se a las previas y su evolución depende mucho de lo que pasa en áreas no económicas, como salud y psicología. En este escenario, la decisión del Central es apropiada, y agrega valor al análisis de lo que estamos viviendo.

¿Está de acuerdo con las proyecciones que entregó el BC?

—Las cosas están mucho peor de lo que esperábamos, por lo que la dirección y magnitud del ajuste me parecen apropiadas. La situación es crítica y tendrá consecuencias negativas permanentes en nuestra economía y la mejor forma de enfrentarlas es sincerando su gravedad, para así, aplicar la justa dosis de medidas. aunque sea con altísima incertidumbre.

¿Ve que el daño será más profundo de lo previsto y que costará recuperarlo?

—El daño será muy profundo y prolongado. No volveremos al nivel de PIB per cápita que teníamos antes de esta crisis por muchos años, y la mayor desigualdad y pobreza serán un lastre doloroso en nuestro camino hacia el desarrollo económico y social. A medida que se prolonga el shock sanitario, el daño al sistema productivo se hace más permanente y la velocidad de recuperación más lenta porque habrá que rescatar vínculos económicos destruidos por quiebras y desempleo masivo.

Si a esto se le suma que nuestro conflicto social se verá ahondado por los costos de esta pandemia y el cargado calendario de elecciones, veo poco espacio para una recuperación en “v”.

El BC ve que el repunte partirá durante el tercer trimestre, ¿lo comparte o lo ve optimistas?

—Espero, aunque el riesgo de que sea más tarde o que sea una partida en falso, es alto. Saliendo del invierno espero que las medidas sanitarias se hayan retirado y dejemos atrás caídas de dos dígitos de los Imacec del segundo trimestre. Eso debiera verse como el inicio de la recuperación, pero la incertidumbre es enorme en cuanto a la contención del virus y en cuánto demorarán las empresas y personas en ajustarse a la vida post pandemia. Tomará tiempo y es posible que se dé con cierta intermitencia.

En 2021 el Central ve un crecimiento entre 4,75% y 6,25%, ¿es factible?

—Al margen del control de la enfermedad y las consecuencias económicas me cuesta ver ese rebote porque es un año de 8 elecciones. Los problemas sociales previos, se verán exacerbados por el impacto de esta crisis, lo que puede polarizar más los ánimos. La gestión del malestar y las mejoras a los más vulnerables serán mucho más difíciles porque se maximizarán oposiciones con fin político. La necesaria serenidad para un buen acuerdo, me temo, será escasa.

Sobre el rol que ha jugado el BC en esta crisis, ¿cómo lo evalúa? ¿Ha actuado a tiempo inyectando liquidez?

—El Banco Central ha actuado oportuna y contudentemente en esta crisis. La baja de la TPM a su nivel técnico mínimo fue rápido y muy temprano, pero no se quedó solo con las medidas tradicionales sino que se abrió a ocupar otras herramientas no tradicionales, no cuantitativas.

Los fondos de liquidez para que fluya el crédito bancario y no bancario, incluido el aumento anunciado esta semana, y los fondos para recompra de bonos, han sido fundamentales para mantener la liquidez en el mercado y reducir las quiebras. En términos comparativos internacionales, los montos puestos a disposición del mercado han sido muy relevantes.

¿Ve necesario que el BC pueda comprar de manera indirecta bonos fisco, e ingresar al mercado secundario y de empresas?

—Las herramientas que está usando el BC son suficientes. Todavía tiene espacio de maniobra sin necesidad de cambiar su ley constitucional. Redactar algo así a la rápida puede ser peligroso en el futuro para la autonomía y eficacia de la política monetaria.

En cuanto a las medidas del gobierno para ayudar a las empresas, el BC afirma que se debe también entregar ayuda a grandes empresas que sean estratégicas, ¿Cuál debería ser la mejor fórmula?

—Este shock de oferta y demanda brutal golpea sin importar tamaño. Por lo mismo, el mundo entero ha diseñado formas para ayudar a que aquellas que son viables logren sobrevivir. Se han usado alternativas crediticias y de bonos con diseños de garantía estatal o superpreferencia, también se ha visto la entrada temporal a la propiedad.

Creo que queda espacio para seguir aumentando liquidez en ambos mercados y en el caso extremo que hubiera que entrar en propiedad de la empresa, se tiene que definir un plazo de salida perentorio, como lo hizo Alemania con Lufthansa.

En materia fiscal, dado el fondo por US$12 mil millones, ¿hasta dónde ve factible que pueda subir la deuda sin que Chile pierda su investment grade?

—El acuerdo económico se define como aumento transitorio y con un compromiso de estabilización de gasto y convergencia de déficit posterior. Si cumplimos con la palabra empeñada, no deberíamos perder el investment grade, aunque no descarto una o incluso dos bajas de nota.

Para amarrar este compromiso, y dado que se ejecutará en más de un período presidencial, es importante incorporarlo en una nueva versión de la regla fiscal que incluya objetivos de deuda, como porcentaje del PIB, a mediano plazo y algún mecanismo que haga muy difícil no cumplirla.

A fines del 2019 quedamos con una Agenda Social y muchos gastos comprometidos en ella. ¿Cree que será necesario realizar reasignaciones de gastos desde estos proyectos para poder hacer frente a la crisis actual?

—Esto es posible sin cambiar sustantivamente los compromisos de la agenda social que hoy, dada la crisis económica, son más importantes que antes porque los problemas de fondo se amplificarán con más lagunas en cotizaciones, menores sueldos, educación más desigual, grupos de la población sin posibilidad de reinsertarse laboralmente, etc.

La lección que nos deja esta crisis es que debemos ser cuidadosos en diseñar estos programas de modo de que sean sustentables y compatibles con volver a crecer para rellenar las arcas fiscales y enfrentar estos y otros compromisos que surgirán en el futuro.

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