Cómo las empresas pueden aportar a la salud mental de los trabajadores

En abril solo se realizaron 92 mil atenciones de salud mental. Foto: Agenciauno




La tensión e incertidumbre de la crisis social, sanitaria y económica han tenido efectos significativos en la salud mental de los chilenos, que, en casos extremos, podrían incluso terminar en patologías. Lamentablemente, hasta hace poco no sabíamos con certeza el alcance de esta situación, pues no existía un diagnóstico preciso de su estado y evolución que fuese representativo de la población adulta.

El “Termómetro de la Salud Mental ACHS-UC”, cuya segunda versión lanzamos recientemente con el Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la Universidad Católica, permite tener este diagnóstico. Se trata del primer estudio longitudinal que debido a su diseño estadístico y preguntas basadas en tests y escalas internacionalmente validadas, permite obtener resultados representativos de la realidad nacional urbana de adultos entre 21 y 68 años en el ámbito de la salud mental.

La encuesta muestra algunos resultados esperables dado que el primer trabajo de campo se realizó a finales de julio, y luego, el segundo entre fines de noviembre y comienzos de diciembre de 2020, cuando hubo un levantamiento de las restricciones de movilidad y se recuperaron las expectativas económicas, registrándose una mejora de 8 puntos en la prevalencia de síntomas asociados a problemas de salud mental entre ambos periodos.

También hay algunos resultados que sorprenden por su magnitud, especialmente la importancia del factor económico y del empleo en el bienestar de la salud mental. La prevalencia de síntomas asociados a problemas de salud mental en desempleados alcanza un 44%, el doble que en trabajadores ocupados; los hogares que tienen caída de ingresos presentan una prevalencia 21 puntos superior a aquellos que no la tienen; y personas con problemas de deuda tienen 5 veces mayor prevalencia de síntomas. En conclusión, el empleo - formal idealmente - y sus positivas consecuencias económicas, ha actuado como un factor protector de la salud mental en la gran mayoría de los casos.

Estos resultados nos permiten colegir que en este ámbito no se trata salud o economía: para cuidar la salud mental debemos buscar la manera de compatibilizar ambos temas. Debemos implementar las mejores prácticas de prevención de contagios para evitar focos laborales, de manera tal que, además de cuidar a los trabajadores, podamos mantener la continuidad operacional de las empresas y cuidar el empleo.

Finalmente, si bien la mayor prevalencia de síntomas indicativos de problemas de salud mental suele estar asociado a riesgos o causas no laborales, como Asociación Chilena de Seguridad vemos con esperanza que muchas empresas quieren ir más allá. Este termómetro nos da luces respecto a en qué ámbitos podemos trabajar juntos buscando potenciar la salud mental. Se pueden activar medidas orientadas a una mejor conciliación trabajo y vida personal, con foco en la participación laboral femenina; buscar activamente disminuciones del sedentarismo y promover una mejor educación financiera, entre otras prioridades.

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