Crisis en Clínica Las Condes: médicos evalúan acciones legales y administrativas por actuar de directorio y controlador

Clínica Las Condes amplió su capacidad de camas críticas. Foto: Andrés Pérez

Los más de 500 profesionales de la institución cuestionan, entre otras cosas, la imposición de un nuevo contrato de arrendamiento, además de no contemplar la visión médica para definir en conjunto un nuevo vínculo.




El cuerpo médico de Clínica Las Condes (CLC), conformado por más de 500 profesionales, decidió hacer pública su visión y preocupación respecto de las decisiones que ha venido tomado la administración y el directorio de dicha institución, desde que el Grupo Auguri, oficina de inversiones familiar ligada a Cecilia Karlezi.

La empresaria que es socia de Falabella, Cruzados, Enaex, Moller & Pérez-Cotapos y del Hipódromo de Chile, entre otras empresas, tomó el control de la propiedad de CLC en noviembre pasado, cuando pasó del 27,37% de las acciones al 50,0052% a cambio de un desembolso de casi $76 mil millones.

Un punto relevante que gatilla esta acción del cuerpo médico es el nuevo contrato de arrendamiento que pretende imponer la clínica. “El directorio de CLC busca dar por terminado, de forma unilateral, el contrato de arrendamiento con cada uno de los médicos que atienden en la institución, sin cumplir con los plazos y formalidades que exige la ley, además de revelar un enfoque economicista de la salud”, dijo José Giordano, presidente del comité ejecutivo del cuerpo médico de CLC.

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El profesional de la salud agregó que “dado este escenario es que, en conjunto con nuestro equipo de asesores externos, nos encontramos evaluando los diferentes cursos de acción legal y administrativa, para hacer valer nuestros derechos y proteger nuestra clínica y sus pacientes”.

Los representantes del cuerpo médico señalan que entienden la realidad de CLC y han manifestado su disposición para entrar en un proceso de revisión del actual vínculo. Sin embargo, aseguran que esta nueva propuesta de contrato que se busca imponer no se hace cargo de la realidad de CLC y de un “imprescindible proyecto común”.

“Consideramos que las acciones que están emprendiendo el directorio de la clínica y su nuevo accionista controlador, el Grupo Auguri, chocan frontalmente con el espíritu de servicio y diálogo que debe primar en nuestra sociedad, hoy más que nunca”, sostuvo José Giordano.

El representante de los médicos de CLC señala que el nuevo contrato deteriora las condiciones de trabajo de los profesionales de la salud de la clínica, estableciendo incentivos reñidos con las buenas prácticas. A lo que se suma el que la mirada médica estaría siendo dejada de lado del análisis. “Acá debemos trabajar para construir una relación que beneficie a todas las partes, especialmente a nuestros pacientes, que responda a las necesidades de la medicina actual, y que proyecte a CLC con el compromiso de todos, permitiéndole seguir siendo un bastión de la cooperación de la salud público- privado”, concluyó el presidente del comité ejecutivo del cuerpo médico de CLC.

Nuevo modelo de administración

Cercanos a Cecilia Karlezi indican que una de las principales barreras que se propuso la nueva controladora fue derribar la aversión de los médicos al cambio. La empresaria busca profesionalizar aún más el manejo de la clínica, avanzando en la simplificación de los procesos de cara a los clientes y en la incorporación de más tecnología, tal como lo están haciendo Amazon y Google en el área salud. Esto implicaría, aseguran fuentes ligadas a la clínica, un mayor foco en la experiencia del usuario, potenciando la transparencia de los procesos y costos, por ejemplo, aumentando el número de procedimientos paquetizados y consolidando la reputación de la empresa.

Para Karlezi esto sería mucho más que un negocio. Quienes conocen a la nueva controladora de CLC, indican que ella generó un compromiso de vida con la clínica, porque su madre se atendió en ese lugar antes de morir. Por lo anterior, su deseo es convertir a CLC en el mejor centro médico de Latinoamérica, con un potente centro del cáncer.

Pero además de lo anterior, buscará profundizar aún más las eficiencias en costos y mejorar la rentabilidad sobre el patrimonio, pasando del 3% actual al 5%. Esto es clave para poder cumplir con la deuda financiera de $ 75 mil millones hacia 2023.

Constantes cambios de gerentes generales

Muestra de lo turbulento que ha sido manejar la CLC en el último año, es la permanente rotación de gerentes generales. En junio del año pasado dejó dicho puesto Jaime Mañalich para hacerse cargo del Ministerio de Salud, por lo que en agosto de 2019 asumió en su reemplazo Jaime Hagel, quien luego en febrero de este año fue sucedido en el cargo por Andrés Illanes.

Illanes estuvo solo tres meses comandando la firma de salud, hasta que el nuevo presidente de CLC y esposo de la controladora, Alejandro Gil, le pidió el cargo al ingeniero comercial PUC y MBA de Cambridge. Las razones habrían estado ligadas al manejo de Illanes –ex gerente general de Clínica Dávila y Clínica UC- con el sindicato de la firma de salud, quienes llegaron a tribunales por la decisión del exgerente de aislar totalmente a los trabajadores que cuiden a grupos de riesgo –incluyendo niños- y cuarentena preventiva para todo el personal que haya tenido contacto con un compañero con covid-19.

En relevo de Illanes, asumió en mayo de gerente general Fredy Jacial, que se desempeñaba como director de la clínica. Su paso, al igual que sus antecesores, fue efímero y duró hasta agosto en el puesto. Fue relevado por Jerónimo García Bacchiega, quien hasta antes del nombramiento se desempeñaba como gerente de Administración y Finanzas dentro de la organización.

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