Desmistificando el Apruebo-Rechazo

Servel. Foto referencial.

Servel. Foto referencial.




Quienes creen que el 25 de octubre se juega la gran batalla de Chile se equivocan. El 25 de octubre ganará la opción apruebo y también una convención constituyente 100% elegida en abril de 2021 para redactar una nueva constitución. Nada incierto, nada dramático. Quienes dramatizan con octubre son una minoría, de lado y lado, que desea imponer sus ideas minoritarias a la gran mayoría de Chile. En el voto rechazo estaremos demócratas y otros que no lo son tanto. Inmovilistas y pinochetistas que no tienen mucho que ofrecer al país. Pero son una minoría absolutamente irrelevante, no más del 1% o 2% de los votantes. Nada de peligro entre quienes votan rechazo para nuestra democracia. Entre quienes votan apruebo se encuentran también una abrumadora mayoría de demócratas, pero allí existe una no despreciable cantidad de votantes que se han visto seducidos por un discurso revolucionario y anti democrático. En este lado está el peligro para la democracia, que duda cabe. Impulsado por ideólogos que nunca han abandonado la furibunda idea de reemplazar el sistema democrático representativo liberal por una burocracia estatal que ha fallado una y otra vez en garantizar la libertad y el progreso, una parte no mayoritaria pero importante de la población de Chile parece estar explorando respaldar esas posturas extremas. Representado por el Partido Comunista y sectores radicalizados del Frente Amplio, insisten en vender humo en una llamada democracia directa o participativa, que no es más que un engaño para imponer un control autocrático y limitar severamente la libertad para emprender y el avance de una sociedad libre y centrada en la persona y no en el colectivo. No son más de un 15% o 20%.

La verdadera batalla de Chile se juega en abril próximo con la elección de los constituyentes que deberán redactar una nueva constitución. Para ese evento, los demócratas del rechazo y los demócratas del apruebo deberemos juntar fuerzas para defender la democracia chilena de esta asonada política antidemocrática, anómica e infantil. Tenemos un enorme desafío para llevar una masa crítica y ganar una sólida mayoría de constituyentes que defiendan los principios democráticos. Asimismo, tenemos el desafío de persuadir a ese no despreciable sector de la población que parece haberse inclinado por el cántico de la rabia, de la distorsión de la historia reciente de Chile y de la violencia como método de imponer esas ideas políticas.

La buena noticia es que los electores en Chile han dado suficientes muestras de ser moderados y de saber elegir. Quieren vivir en paz y aprecian el progreso. Por cierto, las falencias sociales acumuladas y que explotaron en octubre pasado en la movilización social del 18-O son verdaderas y requerirán toda la atención en el futuro. Lo que falta es una nueva clase de dirigentes que se atreva a canalizar ese proceso dentro de los principios democráticos y del estado de derecho, y por ende que descarte la violencia ilegítima como medio de presión política. Partamos eligiendo nuevos dirigentes demócratas para la convención constituyente.

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