El riesgo de saber cuál es el riesgo

Una pareja camina con mascarillas, durante el aumento de casos de COVID-19 en Chillán luego de conocerse múltiples contagios dentro de un gimnasio. FOTO: MAURICIO SANDOVAL/AGENCIAUNO

Casi nunca, o quizás una vez por generación, el mundo vive semanas que van a quedar en los libros de historia. Puede sonar apresurado decirlo, pero usted ya lo sabe: estamos viviendo esas semanas.


“No es lo que no sabes lo que te mete en problemas, sino que lo que sabes con certeza, pero no es”.

- Mark Twain

Casi nunca, o quizás una vez por generación, el mundo vive semanas que van a quedar en los libros de historia. Puede sonar apresurado decirlo, pero usted ya lo sabe: estamos viviendo esas semanas.

Por eso es que en mi encierro autoimpuesto me he dedicado a hojear mis libros, y tomé un “casi clásico” de historia, pero de la historia del riesgo. Peter Bernstein, en su “Against the Gods” me paseó por esa lucha que él considera separó al hombre moderno del primitivo: la capacidad de dominar y limitar el riesgo. La historia del hombre, es la historia de un ser que decidió apoderarse de su destino, moldeando para su beneficio un futuro que hasta ese momento no era más que lo que fuera el capricho de los dioses. Un libro así, es música para mis oídos, pero para mis oídos veinteañeros, tristemente le debo confesar.

Claramente esta idea es poderosa, y la fe en ella es, sin duda, lo que ha permitido el progreso de la humanidad; sin embargo, este sueño humano también nos lleva un lugar peligroso, que es creer que conocemos el riesgo, que lo podemos medir, y a partir de ahí, por qué no, controlar y eliminar. Básicamente, nos crea la ilusión que el riesgo, simplemente no es riesgo si somos lo suficientemente astutos para domesticarlo.

Mis oídos cuarentones, lamentablemente, ya no se emocionan con esa ilusión. Riesgo, o riesgo de verdad si lo quiere llamar así, es mucho más parecido a los “unknown unknowns” de las que hablaba Rumsfeld, esas cosas que ni siquiera sabemos que no las sabemos. Comentarios del tipo “tranquilo, que algo así nunca ha pasado”, parten del supuesto que sabemos todas las alternativas que están en la mesa, e incluso sus probabilidades de ocurrencia. Y nos quedamos felices con una fórmula del tipo “valor esperado” diseñada por uno de los Bernoulli hace unos 300 años. Esa ensoñación se ve presente en todas partes: “Los cinco riesgos que enfrenta la economía mundial en 2020”. O peor aún, economistas, de los que Taleb hace mofa día por medio, diciendo cosas como: “Hay un 30% de probabilidad de recesión para el próximo año”.

Quizás lo único que le puedo decir de riesgo (riesgo de verdad) es que es inmedible (ni antes ni después del evento) y no es eliminable. Dicho lo anterior, y para que no se deprima aún más de lo que ya debe estar, hay sin embargo una cosa que es riesgo para la mayoría de las personas, pero que para usted puede ser un riesgo mucho menor.

En mis años enseñando Value Investing, tengo una clase reservada para analizar Falabella, donde llegamos siempre a la misma conclusión: Falabella es una estrella, pero una estrella a precio de estrella. Por lo que les digo a mis alumnos: cuándo vean Falabella a $2.000 me llaman, que voy a vender todo para comprarla (algo que es fácil decir cuando está a $6.000, y sin embargo difícil de ejecutar a los $1.700 actuales).

Si bien el verdadero riesgo de Falabella es algo que “no sabemos que no sabemos” (como todos los riesgos que se precien de tal), el riesgo relativo que asume quien la compra a $1.700 es menor que el de quien lo hace a $6.000, y el retorno esperado mayor. Sé que “menos riesgo más retorno” no es lo que le enseñaron en finanzas, pero también le dijeron que sabiendo la segunda letra del alfabeto griego usted hasta podía ponerle precio al riesgo.

-El autor es ingeniero Civil PUC y MBA The Wharton School

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