Hemingway y mi crédito hipotecario

The Federal Reserve Board building on Constitution Avenue is pictured in Washington

Todo indica que estas inéditas tasas de interés están para quedarse, por ello es importante entender sus consecuencias.




Desde hace un par de semanas que intento renegociar mi crédito hipotecario. Aún no recibo respuesta de los dos bancos que coticé. Están atiborrados de solicitudes, se excusaron, pues no esperaban este nivel de tasas de interés. El mundo tampoco.

Hace diez días, por primera vez desde la crisis financiera, la Reserva Federal (Fed) redujo sus tasas. Como ya es costumbre, el Twitter presidencial los increpó por no rebajarlas más aún y anunció más tarifas contra China. Los alterados ánimos del mercado se exaltaron cuando el gigante asiático respondió depreciando su yuan para facilitar las exportaciones y encarecer las importaciones, contrapesando las tarifas estadounidenses. Así la guerra comercial se extendió a una guerra de monedas.

Paradójicamente el dólar, a pesar de la baja de tasas, no ha dejado de apreciarse, contrario a los anhelos de Trump. Esta semana vimos al peso sobre los 720 por dólar. Desde la Fed, el criticado gobernador Powell explicó: "no hay mucha experiencia respondiendo a tensiones en el comercio internacional. Entonces aprendemos a medida que lo hacemos". Será interesante conocer sus lecciones.

En el intertanto, los bancos centrales han seguido a la Fed reduciendo su interés. Incluso en Europa, donde ya están en tasas negativas, se espera un nuevo paquete de estímulo en septiembre. La situación ha llevado a más de un cuarto de los bonos gubernamentales del mundo -US$ 15 billones- al terreno de interés negativo, incluyendo toda la deuda alemana. UBS, el principal administrador de grandes patrimonios, comenzó a cobrar interés a los clientes por sus depósitos.

Todo indica que estas inéditas tasas de interés están para quedarse, por ello es importante entender sus consecuencias.

Primero, dejan casi inermes a los bancos centrales para combatir la próxima recesión. En las últimas crisis, bajas de 4 o 5 puntos ayudaron a capear la desaceleración. Algunos han levantado la idea de regalar dinero directamente a la gente para reactivar el consumo en caso de que las cosas se pongan feas.

Segundo, elevan el valor de activos con oferta limitada, como casas, departamentos, sanitarias o distribuidoras eléctricas. Por ello, es razonable reducir el retorno regulado de los últimos.

Tercero, hacen más difícil ahorrar cuando los retornos son bajos. Los principales fondos de pensiones han migrado de bonos y acciones a activos menos ortodoxos, a veces también más riesgosos, como fondos de private equity. Un desafío para nuestro sistema de pensiones, cuya regulación constriñe la libertad de invertir de las AFP, dejándolas en desventaja.

Por último, vale la pena escudriñar en las causas de este inaudito fenómeno. Tanta atención en los bancos centrales nos hace olvidar que sus decisiones afectan tasas nominales de corto plazo y la inflación. Pero el verdadero costo del capital -el interés real de largo plazo- se define por la demanda de capital de proyectos de inversión y la oferta de capital proveniente del ahorro.

Por tanto, el insólito costo del capital negativo tiene como causas una carencia de proyectos y/o un exceso de ahorro.

Evidencia de lo primero es la caja disponible de US$ 300 mil millones -50% más que los fondos de nuestras AFP- que Google, Amazon, Apple y Facebook mantienen. Un icónico ejemplo de cómo las empresas no hallan qué hacer con sus flujos de caja. Por su lado, las empresas del IPSA mantienen caja por más de US$ 20.000 millones, equivalente al 13% de su valor de mercado.

Una de las razones para justificar la falta de proyectos, a pesar del nimio costo del capital, es la percepción del riesgo e incertidumbre. Paradójicamente las tasas de interés de tarjetas de crédito en Estados Unidos acaban de tocar un máximo de 25 años, apuntando a alzas de riesgo. Warren Buffet explica los US$ 120 mil millones que mantiene en caja en los altísimos precios a los que se han mantenido los activos hace bastante rato. Pero adelanta que anhela realizar una adquisición del tamaño de un elefante cuando los precios caigan.

El fundador del hedge fund Bridgewater, Ray Dalio, explica en su libro Big Debt Crises cómo en la última parte del ciclo económico, antes de una recesión, se sienten las consecuencias de las inversiones realizadas en proyectos poco rentables, empujados por créditos baratos y expectativas que no se ajustan a la realidad. Con ello, vienen caídas en la tasa de crecimiento y dificultades para pagar las deudas contraídas. Y dados los altos niveles de endeudamiento después de diez años de dinero barato, puede que nos acerquemos a lo que Hemingway explicó: se quiebra de dos etapas, gradualmente y luego abruptamente. El gran temor es que algunas partes relevantes de la economía pasen a la segunda fase.

Por mi lado, espero, sin mucho apuro, la respuesta para mi crédito hipotecario. Dudo que las tasas vayan a subir en el intertanto. Aunque sea difícil creerlo, quizás sigan bajando.

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