La estrategia española para ser líderes europeos en seguridad vial

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Foto: OSCAR DEL POZO / AFP

Licencias con puntos, nuevas infraestructuras viales, una mayor fiscalización y un nuevo modelo para realizar los test de alcoholemia entre el total de conductores, son algunas estrategias que comenzaron a surgir hace más de 20 años en la Península Ibérica. Pero lo más importante fue un acuerdo nacional respecto a la responsabilidad vial.




España es un referente a nivel internacional en lo que a seguridad vial se refiere gracias al éxito en la reducción de accidentes de tránsito conseguida en los últimos veinticinco años, siendo, de hecho, un ejemplo dentro de la Unión Europea.

Pero, según Rafael Fernández-Chillón, presidente de Comisariado Europeo del Automóvil, el éxito no se debió solo a un gobierno en particular, sino a una suma de involucrados. "Ha sido gracias al conjunto de la sociedad, incluyendo a los medios de comunicación, las víctimas de los accidentes, las escuelas de formación y, cómo no, los propios automovilistas", dice.

Ya a pesar de que hay una cierta preocupación por el leve aumento de siniestros de este tipo durante los últimos años, se siguen mejorando las estrategias para disminuirlos. Para hacerse una idea, gracias a una estrategia mancomunada se logró reducir de 9.000 a 1.500 las muertes anuales bajo el ítem accidentes viales.

En resumen, los cimientos para el cambio se asentaron en base a cuatro pilares. El primero fue tener autos relativamente nuevos, ya que un vehículo con más de diez años es peligroso, porque no tiene las nuevas tecnologías que protegen. El segundo, era tener buenas infraestructuras, que sean adecuadas, bien conservadas y que tengan buena señalización. "El tercero es muy importante y es la fiscalización, un buen control policial", comenta. Y el cuarto eje -el más importante según Fernández-Chillón- (causante de entre el 60% y 80% de los accidentes) es el factor humano, "que solo se soluciona con educación y formación", agrega.

Para llevarlo a la práctica una clave fue lograr que un tercio de los conductores pasara por controles de alcoholemia para evitar la sensación de impunidad, de tal manera que cada año el conductor, o un familiar o un amigo pasaran por un control.

Con respecto a los excesos de velocidad éstos se redujeron gracias a la implantación masiva de radares en las carreteras y una posterior gestión rápida y eficaz de las denuncias, para que las mismas le llegaran al aludido a su domicilio, en un plazo aproximado de una semana. Ello se logró invirtiendo en tecnología y creando un moderno centro automatizado de tratamiento de infracciones, cuya réplica en Chile será el Centro Automatizado de Tratamiento de Infracciones (CATI).

Pero quizá uno de los elementos más innovadores (que en algún momento se planteó en Chile), fue la implantación del modelo de la licencia de conducir por puntos. Se otorgaron 12 puntos y si un conductor agota todos los puntos debido a infracciones, se queda sin licencia durante 6 meses, tiene que hacer un curso o incluso, volver a pasar el examen. En lugar de ser el gobierno el responsable de todo, la responsabilidad se trasladada al ciudadano. "Además, la sanción económica al rico le es igual y al pobre lo machaca. Por el contrario, los puntos son igualitarios para todos", concluye Fernández-Chillón.

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