Laboratoria: la mezcla entre negocio, propósito social y tecnología

Se conocieron a principios de la década pasada en Nueva York. Más tarde, desde Chile, México y Perú, armaron un sistema de capacitación femenina en materias tecnológicas. Algo disruptivo, al igual que su modelo de negocios. En 2020 tuvieron ingresos por US$ 1,5 millones y donaciones por US$ 2,5 millones.




Hay quienes opinan que la educación debe ser gratis. Otros creen que dicha gratuidad no debe ser total. Y también están los que prefieren un modelo regulado por el mercado. Laboratoria ha logrado establecer una idea diferente y que está inmersa en su modelo de negocios. Mientras las estudiantes (o clientas) se capacitan en tecnología con esta entidad, no cancelan absolutamente nada. Solo cuando logran conseguir un trabajo en las áreas en que se han formado, pagan la educación que recibieron. “En realidad es como debería funcionar el modelo educativo. O sea, que te asegure que conseguirás empleo”, dice Marisol Alarcón, fundadora y CEO de Laboratoria.

No es fácil considerar a esta organización como una startup propiamente tal. Sus principales ingresos provienen de la capacitación a mujeres en tecnología, fundamentalmente de estratos socioeconómicos bajos. Y la otra parte se basa en donaciones. Pero “nuestra forma de funcionar y espíritu es absolutamente de una startup”, asegura Alarcón. En 2020 su facturación por ingresos fue cercana a US$ 1,5 millones en los países en que opera. En paralelo, las donaciones alcanzaron los US$ 2,5 millones, muchas de las cuales provienen de entidades globales como Google, BlackRock o el BID (Banco Interamericano de Desarrollo).

Todo partió en 2014. Luego de egresar de un magíster en la Universidad de Columbia, Nueva York, un grupo de amigos seguían manteniendo el contacto a pesar de estar en México, Perú y Chile. Alarcón estaba trabajando para la Intendencia Metropolitana y un día, sus amigos peruanos le contaron que habían abierto una agencia digital que vendía servicios de software.

“La esposa de mi amigo, que no era programadora, empezó a involucrarse en el emprendimiento. Y siempre nos comentaba que ella era la única mujer en las reuniones de tecnología. Pero además, de lo difícil que era encontrar programadores con talento, especialmente para las pymes. Entonces, se nos ocurrió hacer un piloto para enseñar a programar a mujeres que tenían un cierto grado de vulnerabilidad”, dice Alarcón. Comenzaron un piloto y “la mayoría de las chicas consiguió pega”, recuerda emocionada, y agrega: “Me motivaba mucho crear un sistema educativo alternativo al tradicional, que dura entre cuatro y seis años”.

Armaron una malla durante los próximos seis meses, donde fue clave Carolina Covarrubias en la versión chilena. Marisol Alarcón renunció a su trabajo para dedicarse 100% a Laboratoria, sin pensar aún en un sueldo.

Las primeras capacitaciones las hicieron en un lugar que les prestó la ONG CDI, cerca de Plaza Italia, el cual contaba con computadores. Paralelamente, desde Perú se habían ganado un premio y les mandaron US$ 2.000, recuerda riendo Alarcón. Con eso, más capital propio, contrataron a un profesor part time que enseñaba cosas básicas de HTML, XML y Java. Alarcón estaba a tiempo completo y Covarrubias, a media jornada.

Empezaron a recibir muchos mails y llamados con requerimientos. Fue cuando se dieron cuenta del gran nicho que se asomaba. “Logramos comprobar que las mujeres podían aprender tecnología sin conocimiento previo y viniendo de estratos sociales donde no habían recibido la mejor educación. Además, había una enorme necesidad de programadores en la industria tecnológica y lo bonito es que existía una gran demanda por el talento femenino. ¡Nadie podía creer lo que estábamos haciendo!”

Los primeros años fueron de consolidación en Chile, Perú y México, y a partir de 2018 comenzaron la expansión a Brasil y Colombia. A nivel local es donde más crecía el número de alumnas. “Lograr que las chiquillas pasen por Laboratoria y encuentren trabajos que tripliquen lo que ganaban como cajera de un supermercado o vendiendo ropa es una transformación increíble y un cambio muy profundo”, señala Alarcón.

El 2019 fue complejo porque estaban llenas de planes, ideas y nuevos modelos de negocios para probar, hasta que llegó el estallido social. “La verdad es que este cambio social en Chile era una clara señal de algo que nosotros ya sabíamos que era importante. Muchas de nuestras alumnas no podían ir a Laboratoria por los problemas de transporte. Pero varias también estaban participando activamente en las marchas. Luchando por romper esa brecha que nosotros tratábamos de disminuir. Fue una gran oportunidad para seguir adelante con nuestra visión”, dice Alarcón.

Tuvieron que virar hacia un modelo de aprendizaje remoto y más flexible que, claramente, fue lo que prevaleció el 2020.

Acaban de llegar a las 2.000 estudiantes egresadas y desde 2018, la colocación laboral alcanza casi el 78%. La idea es aumentar cada vez más los ingresos por este concepto y no depender tanto de las donaciones. De hecho, en Chile ese ítem ya alcanza el 50%, siendo el mayor con respecto a los otros países.

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