Los indicadores de Chile que explican el descontento social

Protestas

Manifestantes se reúnen en Plaza Italia. FOTO:AGENCIAUNO/MAURICIO MENDEZ

Si bien el país ha tenido el mayor desarrollo de su historia desde el regreso a la democracia, con el mayor PIB per cápita de la región, acceso al consumo como nunca antes y con cifras que van en tendencia constante de mejoría, hay otros temas donde se está al debe: estamos top 15 entre los más desiguales del mundo (entre 157), con bajo gasto público en educación, pocas camas de hospital y largos tiempos de traslados.


La crisis social que atraviesa el país ha puesto el acento en los problemas económicos y de desigualdad del país. Esto, en un país que se ha destacado a nivel internacional por sus avances en materia macroeconómica y que ha conseguido el PIB per cápita más alto de América del Sur. Pero hay otros números que muestran problemas en salud, educación y transporte, entre otros.

Entre los elementos positivos de los últimos 30 años del país está, sin duda, la baja en el índice de pobreza por ingresos, el cual llegó a 8,6% en 2017, muy lejos del casi 40% de 1989. Asimismo, ese porcentaje es el segundo menor de América Latina, superado solamente por Uruguay (8,1%). Al medir la pobreza en forma multidimensional (que incluye temas como Educación, Salud, Redes y Cohesión Social, Vivienda y Entorno, y Trabajo), el porcentaje de hogares que tiene carencias en algunos de esos ítems llega al 20,7%, según la última Encuesta Casen.

El PIB per cápita del país, medido a poder de paridad de compra está en camino a los US$30 mil (para 2023), en un país que tiene 26 millones de teléfonos celulares, es decir, más de uno por persona y que ha ido aumentando el parque automotriz fuertemente.

Respecto de los ingresos, de acuerdo con la última Encuesta Suplementaria de Ingresos de 2018 muestra que la mediana es de $400.000 por trabajador, es decir, la mitad de los trabajadores gana ese monto al menos. Esa cifra es $95.000 más que lo que se reportaba en 2014, es decir, aumentó 31% en cuatro años. Asimismo, la brecha de género se ha reducido desde 23,3% en 2014 a 16,5% el año pasado.

De todas formas, el monto de los ingresos se explica porque el 28,1% de los trabajadores ganan hasta 1,25 sueldos mínimos al mes. Esto también es un avance, ya en 2010 el 39,64% de los asalariados estaba en ese rango.

Si bien Chile es el segundo país de América Latina con el sueldo mínimo más alto (detrás de Uruguay), uno de los problemas que ha relevado la Ocde respecto del mercado laboral chileno, es que el promedio de los trabajadores no ganan mucho más. La misma encuesta del INE muestra que el ingreso promedio es de $573.964, menos de dos sueldos mínimos.

Sobre la desigualdad, los deciles 9 y 10, es decir, los más ricos, concentran más del 50% de los ingresos mensuales. Según el índice 10/10, que mide la cantidad de veces que es el ingreso del décimo decil en relación al primero, la cifra llega a 39,1 veces en 2017, la mayor cifra desde 2009. Esto mostraría que el decil más rico se va alejando del más pobre. Asimismo, el índice Gini, que mide la desigualdad, anotó 0,50 en 2017, más que el 0,49 de 2015. Ese indicador había venido mostrando leves bajas desde 2011, cuando estaba en 0,51.

La investigadora de Libertad y Desarrollo, María Paz Arzola, dice que "según los indicadores disponibles, la desigualdad ha venido cayendo en las últimas tres décadas. Sin embargo, en los últimos años, lo que coincide con un empeoramiento del crecimiento del país, esa disminución se ha estancado".

Ayer, el Centro de Microdatos de la Universidad de Chile, informó su encuesta de Empleo en el Gran Santiago, que el primer percentil tiene ingresos laborales de $1.467 la hora, mientras en el percentil 90 llega a $9.674.

Con el índice Gini actual de Chile, el país no es "el más desigual del mundo", pero sí está cerca. Según datos recopilados por el gobierno de EEUU, nuestro país está en la posición 15 de los más desiguales, de una muestra de 157 naciones. Un problema clave que la Ocde ha detectado es el efecto del sistema tributario en Chile, el cual prácticamente no hace que la desigualdad cambie antes de impuestos y después de estos, como sí pasa en otros países. Por ejemplo, muestra la Ocde, Francia, Estados Unidos y Austria, tienen índices Gini similares a Chile antes de impuestos, pero luego de estos, la desigualdad baja a niveles de 0,29, 0,39 y 0,28, respectivamente.

El director del Centro de Encuestas de la UC, David Bravo, indica que "la desigualdad se gesta al interior de los hogares en los primeros meses y años de vida. Es allí cuando niños y niñas van diferenciándose. El accidente o evento aleatorio de haber nacido en un hogar de un determinado nivel socioeconómico va, asimismo, influyendo fuertemente en las oportunidades en los meses después del nacimiento".

Aunque hay otras mediciones que tienen noticias más positivas. Según un estudio del economista de la UC, Claudio Sapelli, muestra una mejora de la distribución del ingreso, sobre todo en las generaciones que van de los 50 años hacia abajo, lo que se relaciona principalmente con el mayor acceso a la educación en las nuevas generaciones y la mejora de ésta.

Educación y salud

Sin embargo, según cifras del Banco Mundial muestran que para países con similar nivel de ingresos que Chile, el gasto público en educación es de los más bajos.

En el sector salud, un indicador relevante de la calidad de atención es la cantidad de camas por cada 10 mil habitantes. Comparando a Chile con el mismo grupo de países, el Banco Mundial indica que hay 2,2 camas, lo que se compara con las 5 de Argentina o las 6,3 de Rumania.

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