Michael Greenstone: “Al gobernar existe la tentación de ignorar que la mayoría de las decisiones incluyen concesiones”

El investigador y académico estadounidense ha impactado el mundo de la economía medioambiental con conceptos como el costo social del carbono e iniciativas como Climate Vault. El director del Becker Friedman Institute de la Universidad de Chicago llega a Chile este lunes.




Habiendo crecido en la zona sur de Chicago, donde la pobreza era parte del paisaje, Michael Greenstone comenzó su carrera como economista investigando en torno a temas de desigualdad, pobreza y crecimiento. Quería, en sus palabras, “encontrar soluciones que pudieran mejorar la vida de las personas”. Pero dice que las respuestas nunca llegaron del todo. Hasta que dio la vuelta por otro asunto (aunque eso de “otro” es algo relativo). Se comenzó a preocupar de las consecuencias económicas de los problemas medioambientales. “Pude ver con claridad cómo el medioambiente juega un rol enorme en el bienestar de la gente”, recuerda. Años más tarde fue convocado como economista jefe para trabajar en estos problemas en la administración de Barack Obama. “Pensé, bueno, he estado estudiando estas preguntas por 15 años, tengo todas estas respuestas, voy a llegar a compartir mi conocimiento”, recuerda ahora. “Pero cuando llegué me di cuenta de que estaba hablando en otro idioma que los demás, un lenguaje muy técnico, economicista, algo que hacía difícil el intercambio de ideas”, dice hoy. “Me di cuenta de que si uno realmente quiere tener un impacto en la vida de las personas tiene que encontrar una nueva manera de comunicarse”.

Esa reflexión marcaría el trabajo de Greenstone después de dejar la Casa Blanca “con una serie de preguntas sustanciales que eran más importantes que las que tenía al llegar”, recuerda. Preguntas como ¿cómo calcular y comunicar los costos del cambio climático?

Hoy, Greenstone es director del Becker Friedman Institute (BFI) de la Universidad de Chicago, es celebrado por el desarrollo y comunicación de varias ideas e iniciativas que han impactado el escenario de lo que hoy se conoce como “economía medioambiental”. Ideas como el costo social del carbono e iniciativas como Climate Vault. Horas antes de viajar a Chile para firmar un convenio de colaboración con la Universidad Andrés Bello para establecer en Santiago una plataforma de investigación para toda Latinoamérica (como antes lo han hecho en China e India), Greenstone habla con Pulso Domingo sobre estos conceptos y la importancia de comunicar el conocimiento económico en torno a problemas como el cambio climático tanto con las autoridades a cargo de las políticas públicas. Y ese trabajo no es sencillo. “Al gobernar existe la tentación de ignorar que la mayoría de las decisiones incluyen concesiones”, advierte.

El mundo enfrenta el problema del cambio climático y de una crisis económica derivada de la pandemia. En Chile, además, estamos en un proceso constitucional y con variadas demandas sociales. ¿Cómo cree que las autoridades deben conciliar esto con la necesidad de transitar hacia una economía más sostenible, incluyendo, por ejemplo, una matriz energética más verde, y comunicar esas decisiones?

-Creo que a todos los países les cuesta y mucho más en la situación actual, con las actuales condiciones. Yo lo pienso como un desafío energético global. Es la necesidad de toda sociedad, sea Chile, los Estados Unidos, China, India o la Unión Europea, equilibrar tres metas. Estas son: primero, el acceso a energía que no sea cara y que sea confiable, eso es crítico para mejorar los niveles de vida, hacerse cargo de las desigualdades y una variedad de metas sociales importantes. La segunda meta es lograr eso sin causar problemas medioambientales locales que lleven a la gente a tener una vida más enferma. Y la tercera es cómo evitar contribuir al cambio climático. Y no hay una respuesta única. Lo que es lo correcto en Houston, Texas, no necesariamente es la respuesta en Minneapolis o en Santiago. Cada sociedad debe encontrar su manera de equilibrar esas metas y eso va a implicar hacer concesiones. Y lo que hacemos en el BFI sobre eso es que en vez de hacer que los encargados de las políticas públicas tomen decisiones en la oscuridad, podemos dejar claro cuáles son esas concesiones y luego la sociedad puede elegir mejor con un completo entendimiento de lo que está en juego.

¿Por ejemplo?

-Creo que hay una gran presión en muchas partes del mundo de reducir las emisiones de CO2, para combatir los efectos del cambio global. Pero al mismo tiempo la gente necesita acceder a energía de bajo costo. Hay diferentes maneras de reducir las emisiones de CO2, algunas más costosas que otras. Y creo que al transparentar cuáles son esos costos puedes optar por las maneras más baratas de reducir el CO2. Un muy buen ejemplo es usar al mercado. Lo que hacen los mercados es desatar la creatividad de las personas y de las empresas para encontrar la manera menos cara de lograr algo.

Usted ha planteado la idea del costo social del carbono. ¿Cuál es el punto central?

-La idea del costo social del carbono es que hay todo un mundo, un espectro de acciones medioambientales en que las personas pueden involucrarse. Y la pregunta es ¿dónde debe uno fijar el límite? ¿qué políticas son buenas y cuáles tienen costos que exceden sus beneficios? Y el costo social del carbono es el valor monetario de los daños provocados por la liberación de una tonelada adicional de CO2, eso te indica, te da una guía. Si implementas una política que reduce el CO2 que es más costosa que el costo social del carbono por tonelada, entonces deberías preguntarte si es realmente tan buena idea. Y si es menos costosa, entonces parece un gran negocio, porque los beneficios son mayores que los costos. Debería agregar que esto pretende capturar todos los daños causados por la liberación de una tonelada adicional de CO2, y eso incluye los efectos en la salud de las temperaturas más altas, los impactos en los cultivos, las consecuencias del aumento del nivel del mar y todos los daños asociados.

Luego desarrolló la idea y creó la non profit Climate Vault. ¿En qué consiste?

-Sí. Hoy hay una demanda masiva para que las organizaciones reduzcan su huella de carbono. Y lo que tienes entonces es un mercado en formación: existe toda esta demanda acumulándose, pero en el lado de la oferta tienes una serie de cosas muy ineficientes a disposición. Muchos de ellos son estos proyectos de plantar árboles, donde lo que haces es como enviar dinero a algún lugar y dices: “Hey, ¿puedes plantar más árboles?” Y hemos tenido ese tipo de proyectos por 25 años y han fallado una y otra vez en cumplir con la promesa de reducir el carbono. Entonces la idea del Climate Vault es causar una disrupción en el lado de la oferta y permitir que emerja un mercado creíble y transparente de reducciones voluntarias de carbono. Y creemos que hemos creado una oportunidad para negocios y universidades e individuos para reducir su huella de carbono y para apoyar innovaciones en tecnología de remoción de dióxido de carbono.

Habla de acercar la evidencia de las investigaciones a quienes toman las decisiones. ¿Tiene una opinión sobre qué tan informados o interesados en informarse están quienes gobiernan hoy?

-Mira, pienso en la plegaria de la serenidad: Señor, concédeme serenidad para aceptar todo aquello que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que soy capaz de cambiar ... Lo que podemos controlar es cómo comunicamos nuestras investigaciones. Y creo que por buenas razones lo que ha pasado en la economía se ha vuelto más y más especializado. Y cuando pasa eso desarrollamos este idioma muy preciso para comunicarte con otros. Pero el problema es que ese idioma preciso deja a todo el mundo afuera. Y lo que queremos hacer en BFI, de hecho, es causar una disrupción en la profesión económica y decir: no es suficientemente bueno, también tenemos que ser capaces de comunicarnos con el resto del mundo. Y creo que el desafío para nosotros es hacer un mejor trabajo en eso, y creo que en BFI hemos hecho mucha innovación en eso, en términos del tipo de gráficas que producimos, tenemos podcasts conducidos por periodistas del New York Times, de NPR. Todo está hecho para traducir los hallazgos técnicos con su real relevancia para el mundo real y convertirlos en algo que es digerible para el público general. Y ese es solo el primer paso. El segundo es hacer la relación, las conexiones para que quienes se encargan de las políticas públicas tengan confianza en tomar esa información y usarla. Y nuestro lanzamiento en Latinoamérica es el inicio de nuestros esfuerzos para tratar de llevar las ideas que se han desarrollado en la Universidad de Chicago de modo que quienes diseñan políticas públicas en Latinoamérica, partiendo por Chile, puedan usarlas.

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