¿Nos confundimos en desarrollar poder en vez de autoridad?

Santiago de Noche

Foto Andrés Pérez




En estos días turbulentos, es importante diferenciar poder de autoridad. Normalmente estas dos palabras se confunden, pero si vamos a sus raíces, podemos reconocer sus diferencias y saber cómo se influyen mutuamente.

Poder viene de "potestas", que es el poder formal que nos da un cargo. Se obtiene en un momento del tiempo y su influencia está limitada a ese cargo. Por otra parte, autoridad viene de "auctoritas". La autoridad se va ganando con nuestras acciones y son los demás las que nos la entregan, no viene dada por un cargo, sino por la confianza que vamos construyendo con las personas que nos rodean (empleados, ciudadanos, hijos, etc.).

Algo interesante de poder y autoridad es que están mutuamente relacionadas. Un poder mal usado disminuye o destruye nuestra autoridad. Así, hay tres formas en que el poder atenta directamente contra la autoridad: usar inútilmente el poder, abusar del poder y no usar el poder cuando es necesario.

El gran desafío para un líder es generar autoridad, ya que así necesitará menos poder. Por otro lado, si necesita más poder, caerá fácilmente en uno de los errores. ¿Dónde está entonces la línea entre no usar el poder cuando es necesario y abusar del poder? Depende de nuestros valores, ideologías y de nuestro contexto. Un ejemplo claro de esto lo encontramos cada día en Twitter, con algunos alabando y otros repudiando la misma imagen y opiniones.

Hoy se requieren líderes que promuevan la confianza en todos los ámbitos: políticos, sociales, empresariales y familiares. Para esto, deben desarrollar su autoridad, pero esto requiere tiempo, y ya estamos tarde. Tenemos que partir con el ejemplo y con hechos concretos. Para fomentar la confianza hay cinco comportamientos estudiados que la facilitan. El primero es empatía, que es ante todo reconocer al otro como a un igual y tratar de comprender sus sentimientos y emociones. El segundo comunicar, es necesario que podamos hablar entre los diferentes actores sociales. El tercero es delegar, dar responsabilidades otros sin abandonarlos. El cuarto es la consistencia, si alguien se enfrenta al sistema judicial ¿las penas son consistentes?, por otra parte ¿qué sueño de país queremos? y consistentemente avanzar hacia él. El quinto, y para mi gusto muy importante, es la integridad, en un mundo cada vez más transparente, esta es crucial.

Chile necesita confianza y necesita líderes de forma urgente. Los invito a comenzar hoy mismo a construir cada uno su autoridad.

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