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Qué explica el actual menor vínculo entre crecimiento económico y creación de empleo

De acuerdo a un informe del coordinador macroeconómico de Clapes-UC, Hermann González, después de la pandemia la relación entre empleo y actividad económica “bajó aproximadamente 7% respecto del promedio” previo. “Actualmente existe un menor número de ocupados por unidad de actividad económica que antes de la pandemia”, explica el estudio. Ante ello, María José Abud, directora ejecutiva de Horizontal, alerta que un mayor crecimiento “no bastará para salir de la profunda crisis que enfrentamos hoy en empleo”.

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La expectativa del gobierno es que la megarreforma que acaba de aprobar en el Congreso, que incluye una serie de estímulos para impulsar la economía, como la reducción de impuestos a las empresas del 27% al 23%, la integración del sistema tributario y la invariabilidad tributaria, permita efectivamente generar mayor crecimiento y por ende generar mayores puestos de trabajo en el país.

En la definición clásica o la más común se explica así: “El crecimiento económico es necesario para la creación de puestos de trabajo. Cuando el país crece, las empresas necesitan más trabajadores para enfrentar una demanda más dinámica, para invertir o para emprender en nuevos negocios”.

En cambio, cuando “una economía está estancada, tiende a crear menos empleos, lo que aumenta el riesgo de una mayor desocupación, especialmente si la fuerza de trabajo continúa creciendo”.

Hoy el panorama por el que atraviesa la economía chilena es negativo. El Producto Interno Brtuto (PIB) se contrajo 0,3% en el primer semestre, y la expectativa es que el país crezca apenas en torno a 1% este año. Asimismo, la tasa de desempleo alcanzó un máximo en cinco años de 9,4% en abril-junio y en total se crearon 81.778 puestos de trabajo. Sin embargo, al desagregar esta cifra, se evidencia una destrucción de 32.800 empleos formales, encadenando cuatro meses consecutivos a la baja. Así, la totalidad de las nuevas plazas laborales fueron informales, llegando a 114 mil, lo que equivale a un aumento de 4,7% en 12 meses, su mayor alza desde abril-junio de 2022 y en total hay 2.537.804 de personas trabajando en la informalidad.

Por ello, la apuesta de la administración Kast y del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, es que la ley de reconstrucción empuje la actividad económica y recupere el empleo.

Sin embargo, algunos expertos han levantado alertas respecto de que actualmente este vínculo sería menos estrecho y que habría un cierto desacople entre ambos factores.

Al respecto, un informe de Clapes-UC, elaborado por el coordinador macroecómico de ese centro de estudios, Hermann González, analiza la relación que existe hoy entre crecimiento y empleo.

El documento señala que una primera reflexión lógica es que para que la economía vuelva a crear empleos, es necesario que el país vuelva a crecer. Considerando las mejores perspectivas para el segundo semestre de este año y para 2027, es razonable esperar un mayor ritmo de creación de empleos que lo observado el año pasado y en lo que va de este, ¿pero será suficiente para lograr una baja sostenida de la desocupación como proyecta el gobierno? Y todo indica que no.

“La evidencia sugiere que el crecimiento continúa siendo indispensable para crear empleo, pero actualmente la economía opera con menos ocupados por unidad de actividad que antes de la pandemia. No estamos ante una ruptura total del vínculo entre actividad y ocupación, sino ante una reducción de la intensidad laboral del crecimiento que se gatilló a partir de la pandemia y que se profundizó con los cambios que han ocurrido en el mercado laboral a partir de entonces”, sostiene González.

Cambio de tendencia

Según este análisis, después de la pandemia, la relación entre empleo y actividad económica muestra un quiebre persistente. “La relación bajó aproximadamente 7% respecto del promedio prepandemia. Esto indica que la recuperación de la actividad económica posterior a este shock fue más intensa que la del número de ocupados y que actualmente existe un menor número de ocupados por unidad de actividad económica que antes de la pandemia”.

En términos simples, González sostiene que esta caída de 7% significa que, si antes de la pandemia se necesitaban 100 trabajadores para producir una determinada cantidad, hoy se requieren aproximadamente 93. “Es importante destacar que la baja de 7% en el indicador no debe interpretarse como empleos perdidos por la automatización, ni como una estimación de los puestos que deberían existir, sino que es una equivalencia. La cifra muestra cuántos ocupados adicionales habría si la economía mantuviera exactamente la misma cantidad de trabajadores por unidad de actividad que antes de la pandemia”, puntualiza el experto.

Asimismo, González complementa el análisis señalando que “este resultado no es necesariamente algo negativo, pues podría ser compatible con un aumento de la productividad por ocupado. Es decir, podría ser el resultado de la implementación de nuevas tecnologías o de nuevas formas de trabajar. Una posible explicación es que la pandemia haya provocado una reasignación que redujo persistentemente algunos puestos de menor productividad, aunque esta hipótesis requiere evidencia adicional”.

¿Mayor automatización?

Aunque la automatización puede formar parte de la explicación, el economista dice que no es posible atribuirle todo el desacople a ese único factor. “También influyen factores como la composición sectorial del crecimiento: minería, energía y algunos servicios modernos pueden aumentar fuertemente su producción sin contratar proporcionalmente más trabajadores. Y otros factores como el aumento de los costos de contratación, las dificultades para reasignar y capacitar trabajadores”.

No obstante, para González, la automatización probablemente profundizará esta tendencia o desacople en algunas ocupaciones, sobre todo en tareas rutinarias o de poca calificación. Sin embargo, asevera que la tecnología también puede elevar la productividad, reducir costos, expandir empresas y crear nuevas ocupaciones. “Su efecto final dependerá de la velocidad con que los trabajadores puedan capacitarse y trasladarse hacia las actividades que se expanden”.

La fuerza del crecimiento

Dentro de su diagnóstico, la relación entre crecimiento y empleo sigue siendo estrecha, pero la economía chilena opera desde la pandemia con una menor intensidad laboral.

“Actualmente se observa menos empleo por unidad de actividad que en el período previo, resultado que es compatible con una mayor productividad por ocupado, pero también puede responder a cambios tecnológicos, sectoriales y en los costos laborales. Distinguir entre estas explicaciones requiere un análisis adicional”, dice González.

En cualquier caso, añade que “este análisis preliminar muestra que recuperar el mercado laboral exige no solo aumentar el crecimiento, sino procurar que este alcance actividades intensivas en mano de obra, facilitar la reasignación y capacitación de los trabajadores, y evaluar cuidadosamente el efecto conjunto de las políticas que elevan el costo de contratación”.

Para el economista, en ningún caso estamos frente al fin de la relación entre crecimiento y empleo. “La correlación entre crecimiento económico y empleo continúa siendo estrecha y una economía estancada difícilmente puede producir una recuperación sostenida del mercado laboral”. No obstante, apunta que “lo que sí parece haber cambiado es que el crecimiento por sí solo ya no garantiza una creación de empleo suficiente ni de buena calidad. En este nuevo contexto, una expansión económica de magnitud similar podría traducirse en una creación de empleo menor que en el pasado, especialmente si se concentra en sectores intensivos en capital o tecnología”.

María José Abud, directora ejecutiva de Horizontal, avala esta mirada y afirma que “el crecimiento económico siempre será la principal medida para generar puestos de trabajo, sin embargo, hay que ser realistas que en el caso de Chile no bastará para salir de la profunda crisis que enfrentamos hoy”.

Es decir, para la economista, el desafío “es de carácter estructural, por tanto, se requieren de reformas estructurales”.

15/06/2026 - MARIA JOSE ABUD. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

En ese contexto, Abud menciona que “las medidas aprobadas como 40 horas, aumento salario mínimo y reforma de pensiones, que son todas deseables por si solas, fueron aplicadas en un contexto de bajo crecimiento económico y un débil mercado laboral, encareciendo la contratación. Adicionalmente, hoy tenemos un mercado laboral que funciona con reglas del siglo XX, las cuales son anacrónicas para abordar la irrupción de las nuevas tecnologías”.

En este caso menciona, por ejemplo, que es clave avanzar “en mayor adaptabilidad laboral o la polifuncionalidad, para que los trabajadores se puedan reconvertirse en sus lugares de trabajo ante el abordaje de la IA. Como también, reformar la lógica del Sence, para que las habilidades que se enseñen a los trabajadores conversen con las nuevas necesidades de los sectores productivos dada la irrupción de la inteligencia artificial”. P

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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