Quién ganó y quién perdió en la compleja negociación sindical en Chuquicamata

Trabajador Chuquicamata

Tras 14 días en huelga, en uno de los conflictos más largos en Chuquicamata, los trabajadores de esa división terminaron por aceptar la última oferta de la compañía que, entre otras cosas, consideraba el pago de un bono de $14,1 millones. A cambio, entregaron el beneficio de isapre cerrada, la administración de los seguros, entre otras concesiones. Un hito para la empresa.




Catorce días duró la huelga en Chuquicamata, la más larga que ha enfrentado la División. Y si bien en estos procesos la atención se la lleva el bono, esta vez hubo muchas más cosas en juego. Una de ellas, trascendental: la viabilidad futura de Chuquicamata.

Por ello, el partido se empezó a jugar mucho antes, tanto por parte de la empresa como también de los sindicatos. Y un actor que siempre está: el gobierno.

La negociación se dio en medio del más grande proceso de transformación histórica en la División: el cambio de explotación de rajo a subterránea. Esto añadirá mayor tecnología y, por lo mismo, está considerada la salida de unos 1.700 trabajadores. Eso chocó con la resistencia del antiguo poder sindical de la División.

Los trabajadores Rol B de Chuquicamata están divididos en cinco sindicatos: los históricos 1, 2 y 3, el 5 y el Sindicato Minero. Estos dos últimos han operado de manera separada y tuvieron una mirada distinta de lo que estaba en juego.

Pero son el 1, el 2 y el 3 los que han tenido el poder real, la capacidad de paralizar la división e incluso de coordinarse con otras divisiones para hacer sentir su fuerza, al alero de la antigua Federación de Trabajadores del Cobre (FTC).

Las últimas señales apuntaban a que ese poder había ido minando. Los sindicatos de otras divisiones no han estado dispuestos a apoyarlos, dado que los beneficios que se entregan en Chuquicamata son más altos. Esto quedó expuesto en la pugna por la FTC, donde el consejo se dividió en dos: Chuqui y algunos aliados versus El Teniente, Andina y El Salvador.

Además, con el tiempo Codelco ha ido incorporando trabajadores más jóvenes, con otro perfil, quienes buscan condiciones laborales distintas y, para ello, están dispuestos a aceptar cambios de jornada y otro tipo de beneficios, chocando con los históricos.

Ante estos antecedentes, la lectura que hicieron en la minera era que había una oportunidad de oro para lograr reducir los costos laborales de la división y sacarse la camisa de fuerza sindical. Pero eso requería que los intereses se alinearan: la administración divisional, casa matriz, el directorio y un actor clave: el gobierno.

Según integrantes directos del equipo negociador, el respaldo de La Moneda fue clave para la minera por tres razones: el primero, el apoyo de Fuerzas Especiales, que llegaron una semana antes y evitaron bloqueos de caminos, permitiendo que contratistas y trabajadores que no estaban en huelga pudieran subir a la mina. Así, Chuqui produjo al 50% durante la huelga, algo inédito.

En segundo lugar, la vocería del gobierno recayó en el ministro de Minería, Baldo Prokurica, cuyo discurso desde el comienzo fue que la División no podía seguir operando con los costos altos.

Finalmente, La Moneda no se "ablandó" como otras veces y apoyó hasta el final a la administración.

¿El resultado? Tras 14 días, no solo frenó el ingreso de nuevos afiliados a la isapre cerrada -un hito para la empresa por la sangría finacniera que implica-, sino, además, le arrebató la administración de los seguros de vida a los sindicatos. A esto se sumó un tema que parece menor, pero que no lo es: Codelco descontó los días no trabajados. Finalmente, la oferta que se aprobó fue la misma que antes habían rechazado, lo que los hizo seguir en huelga seis días más a cambio de nada.

Tras la huelga, las relaciones entre las dirigencias sindicales se quebraron. Una opción es que ahora las cúpulas se renueven y asuman dirigentes más jóvenes. En esa línea, una señal fue lo ocurrido en el sindicato de Supervisores de Chuquicamata, justo en medio de la negociación: el histórico líder de la Federación de Supervisores de Codelco, Ricardo Calderón, perdió la elección en su sindicato de base, lo que lo obligaría a abandonar la Fesuc.

Así, en su última negociación y a solo semanas de su retiro final, Nelson Pizarro se impuso.

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