A 40 años de la casi guerra con Argentina

Recreación del conflicto por el canal de Beagle. Crédito: Ejército de Chile.

Hace cuatro décadas la posibilidad de la guerra fue real. Pero la población chilena desconoció en gran parte esa certeza. Un conflicto que planteaba tres frentes con Argentina, Bolivia y Perú. Asimetría que posicionaba a Chile como el posible derrotado.

En diciembre de 1978 se vivió la posibilidad real de una guerra durante el siglo XX para Chile. El 22 de diciembre Argentina se tomaría por la fuerza las islas Picton, Nueva y Lennox. Pero pese a la amenaza, la guerra no se concretó. Actor importante en ese proceso fue la Iglesia Católica. En medio del denominado Conflicto del Beagle, desacuerdo entre Argentina y Chile sobre la soberanía de la traza de la boca oriental del canal Beagle, y cuando ya se conocía que la nación vecina atacaría, el Papa Juan Pablo II anunció que un delegado personal visitaría ambos países. El objetivo era un acuerdo diplomático y evitar así que estallara la guerra.

Fue un día como hoy hace 40 años que llega a Buenos Aires, Argentina, el cardenal Antonio Samoré. Era el enviado personal del Papa Juan Pablo II. La acción militar del vecino país estaba preparada para entrar en acción, pero dos días después la orden fue otra. A la Fuerza de Submarinos se le indicó replegarse. Lo mismo al resto de los cuerpos militares, a los que se les informó aguardar por nuevas instrucciones.

Riesgo inminente

En año de crisis entre Argentina y Chile, fue además el tiempo en que se estaba construyendo el Túnel Cristo Redentor, el paso fronterizo en la Cordillera de los Andes que uniría ambas naciones. Sin embargo, la tónica entre los países era compleja. Cuando en marzo de ese año Chile anunció que ya había finalizado lo que correspondía a su parte, en Argentina habían avanzado solo 600 metros.

De algún modo, lo anterior graficaba la disposición de Argentina en relación a Chile: no existía el ánimo de “unir” ambas naciones. Por lo mismo la posibilidad de un conflicto armado por el Canal de Beagle fue muy conocido en la población trasandina. Lo que en Chile se trató de evitar.

En 1978 se aprecia un desconocimiento general de la población sobre la noticia del Beagle. En el gobierno chileno la preocupación era el rechazo de Argentina al laudo arbitral que realizó la reina Isabel II, por la zona en conflicto. Mediación que ambos países habían solicitado en 1971 para resolver la disputa limítrofe.

En enero de ese año, el gobierno argentino rechazó el laudo de la reina de Inglaterra. La decisión creó un clima bélico hacia Chile. De ese modo, se quebraba una larga tradición de respeto a los arbitrajes internacionales.

Pero todo aquel escenario pre bélico era desconocido por la población en Chile. Octavio Avendaño, sociólogo de la Universidad Alberto Hurtado, explica que no existía conciencia de ese riesgo inminente por las razones políticas y sociales que se vivían en ese momento. “La mayor preocupación se vive a nivel de Cancillería y Estado propiamente tal, pero no concitó mayor interés en la opinión publica”.

Chile era muy distinto al se conociera en los años 80 y 90. Estaba tratando de ajustarse a la modernización neoliberal de 1975, dice Avendaño. Realizando grandes reformas e impulsaba la apertura comercial. “Es una sociedad que está tratando de adaptarse a toda esta transformación”.

Recreación del conflicto por el canal de Beagle. Foto: Ejército de Chile.

Entre mayo y junio Argentina tuvo la Copa Mundial de Fútbol, de la cual el país resulta ganador. Junto con el la euforia del triunfo, las pretensiones territoriales de Argentina en la prensa nacional ya comenzaron a ser cotidianas.

El historiador Joaquín Fermandois académico de Historia de la Universidad Católica, indica que a finales de diciembre de ese año estaba prácticamente comprobado que el ataque se realizaría, situación se impidió finalmente con la intervención directa del Papa. “Ese peligro existió y para Chile que no ocurriera fue bueno. Hubiera sido un conflicto muy peligroso en términos de perder o ganar. La posibilidad de ganar el conflicto, de defenderse exitosamente, era difícil”.

El relativo aislamiento de país, dice Fermandois, jugaban en contra. Pero además, aunque Chile vivía un régimen militar, “estaba en una gran desventaja en cuanto armamento“, aclara.

La posibilidad del riesgo bélico era más conocida en las zonas fronterizas, en el extremo sur y en el extremo norte, “pero en el resto del país se trató de mantener como una calma, como algo más o menos secreto, no se informó a la población”, señala Fermandois.

Es difícil tratar de dimensionar si hubo una mayor incertidumbre, tomando en cuenta las condiciones que se vivían en Chile en ese momento, un periodo de dictadura en que todavía no se decretaba la Ley de Amnistía, en que había una persecución intensa y un clima interno bastante convulsionado para que el eventual conflicto fuera relevante”, agrega Avendaño.

Aquello ocurría, dice Avendaño, porque el gobierno evitó que los medios dieran a conocer esa realidad. Había información, pero no era algo que concitara o movilizara a la población. “A nivel de Estado, de las élite de la época vinculadas a las Fuerzas Armadas, y sobretodo al régimen, sí había una preocupación y habían iniciativas al respecto como establecer canales de comunicación con la Iglesia y vías diplomáticas”.

Lo que se conocía era a través de cables informativos. Más alarma existía, indica Fermandois, en Argentina, donde el gobierno alarmó a su población como un medio de presión interna.

La relativa distancia frente al conflicto de la población chilena terminó en diciembre. Fue en ese mes, el día 18, cuando se conoce la confirmación oficial de que Argentina atacaría. “Apareció acá en Chile una noticia, un cable de EE.UU., que indicaba que un vocero sin nombre del Departamento de Estado de ese país había dicho que el fin de semana siguiente Argentina ocuparía las islas del sur de Chile. Eso fue grave porque si lo anuncian es porque quieren evitarlo, que se sepa, y saben que si es así es más difícil que se realice, indica Fermandois.

La Escuadra Nacional en el canal del Beagle en diciembre.

Ahí la sensación en la población chilena fue que el conflicto era real y algo serio. Aquí no era lo mismo que en Argentina, no existía una alarma pública en la población, en parte, dice Fermandois, para no ser prisionero de esa alarma porque el país que podía verse perjudicado por una guerra. “Una guerra que podría haber tenido además tres frentes, con Argentina, Bolivia y Perú, eso habría sido probable, pero no lo sabemos porque no pasó”.

Hasta ese momento mucha gente no le dio importancia. “Se decía que era cosa de los militares, que este es un cuento. Hubo gente que 10 años después todavía seguía sin creer en la gravedad. Y ahora sí se tiene más conciencia naturalmente de lo que pasó. Yo creo que Pinochet tenía claro que en caso de perder había un derrumbe del régimen militar profundo, porque un régimen militar y derrotado además militarmente, se debilita”, indica Fermandois.



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